
En septiembre de 1945, once militares alemanes aislados en una estación meteorológica del Ártico entregaron sus armas a una embarcación noruega. Fueron considerados los últimos hombres de las fuerzas de Adolf Hitler en rendirse después de la Segunda Guerra Mundial. Su puesto, instalado en la remota isla de Nordaustlandet, dentro del archipiélago de Svalbard, había perdido contacto con Alemania meses antes.
La rendición cerró una disputa poco conocida, librada lejos de los grandes frentes terrestres: la guerra por los datos meteorológicos. En el Ártico, anticipar los vientos, las nubes y las tormentas podía condicionar la navegación de los convoyes, las operaciones aéreas y los bombardeos sobre Europa.
Un campo de chatarra ocultaba una estación alemana
En el verano de 2024, durante una residencia artística, un grupo de visitantes recorrió Signehamna, en la costa occidental de Spitsbergen. Entre el barro y las piedras encontraron cables deshechos, fragmentos de loza, una jarra metálica deformada y trozos de hierro cubiertos de óxido. A simple vista, el conjunto podía confundirse con los restos de un accidente o de una cabaña abandonada.
Las guías identificaron los objetos como parte de Nussbaum, una estación meteorológica nazi instalada en 1942. El sitio conserva las huellas de una base desde la que se enviaba información sobre el clima desde uno de los territorios más septentrionales del planeta. La historia fue reconstruida por National Geographic.
Svalbard está bajo soberanía de Noruega desde la entrada en vigor, en 1925, del Tratado de Svalbard, firmado cinco años antes. El acuerdo otorga a los Estados firmantes igualdad de acceso a las actividades económicas del archipiélago. Antes de la guerra, ese régimen permitió la coexistencia de asentamientos mineros noruegos y soviéticos. El conflicto mundial, sin embargo, transformó el valor estratégico de las islas.

El pronóstico del tiempo pasó a ser información militar
En 1941, los Aliados descubrieron que Alemania aprovechaba los partes meteorológicos emitidos desde Svalbard sin cifrar. El 25 de agosto de ese año lanzaron la Operación Gauntlet, que evacuó a la población y destruyó minas, pistas e instalaciones de observación para impedir que las fuerzas alemanas obtuvieran esos datos.
Alemania respondió con sus propias bases. Una funcionó cerca de Adventfjorden y otra, Nussbaum, fue instalada lejos de los asentamientos. Desde allí, pequeños equipos enviaban pronósticos útiles para la Luftwaffe y la marina alemana. La disputa por el Ártico fue, en buena medida, una carrera por anticipar las condiciones meteorológicas en Europa.
Los noruegos intentaron recuperar el control en mayo de 1942. La expedición, encabezada por Einar Sverdrup, director de la compañía minera Store Norske, llegó a bordo del rompehielos Isbjørn y del buque Selis. Cuatro bombarderos alemanes Focke-Wulf Fw 200 Condor sorprendieron a los barcos en un fiordo. El Isbjørn se hundió y el Selis quedó inutilizado. El ataque dejó 13 noruegos muertos, entre ellos Sverdrup.
Un año más tarde, fuerzas noruegas tomaron Nussbaum. La actividad alemana, sin embargo, no terminó de inmediato. El 8 de septiembre de 1943, los buques de guerra Tirpitz y Scharnhorst atacaron posiciones aliadas en el archipiélago. Los enfrentamientos no alcanzaron la escala de otros frentes de la guerra, aunque las islas siguieron siendo escenario de incursiones y relevos militares.
Un mensaje de auxilio puso fin a la última misión
La última estación alemana formó parte de la Operación Haudegen. Desde septiembre de 1944, sus once integrantes realizaron observaciones meteorológicas en Nordaustlandet, una isla sin población permanente. Tras el suicidio de Adolf Hitler y el derrumbe del mando alemán, recibieron la orden de destruir documentos y esperar un rescate. La ayuda nunca llegó.

Durante meses, los integrantes del destacamento mantuvieron sus tareas científicas e intentaron establecer contacto por radio. Ante la proximidad de otro invierno, emitieron señales de socorro en frecuencias aliadas.
Noruega interceptó el pedido y envió un barco dedicado a la caza de focas. A comienzos de septiembre de 1945, los alemanes firmaron su rendición. El destacamento quedó registrado como el último contingente de las fuerzas de Hitler que capituló tras la guerra.
Al finalizar el conflicto, Nussbaum fue desmantelada. En Svalbard, la mayoría de los materiales de construcción debe transportarse desde el exterior, por lo que la madera y el metal suelen reutilizarse. La legislación noruega de patrimonio cultural, aprobada en 1992, protege los vestigios anteriores a 1946. Por esa razón, los restos oxidados de la estación permanecen en el lugar.
El fuselaje de un Ju 88 conserva otra huella de la guerra
Más al sur, en una superficie helada de Spitsbergen, subsiste el armazón de un bombardero alemán Junkers Ju 88. La aeronave, identificada como 4D+GS, participó en septiembre de 1942 en los ataques contra el convoy PQ 18, que llevaba suministros aliados hacia Arcángel, en la entonces Unión Soviética.
El convoy había partido de Escocia con 40 cargueros y sus escoltas. Perdió 13 barcos durante el trayecto, mientras los Aliados afirmaron haber derribado 44 aeronaves alemanas y hundido cuatro submarinos. El Ju 88 efectuó un aterrizaje de emergencia tras recibir fuego antiaéreo; su tripulación sobrevivió y fue rescatada. El fuselaje sigue en el lugar donde terminó aquella misión hace más de ocho décadas.
