300 mil voluntarios, 60 equipos y 3 meses de trabajo: así es Build The Earth, la iniciativa que busca recrear cada rincón del planeta

Una panorámica del Estadio Azteca, en la Ciudad de México, intervenido de forma temporal para la ceremonia inaugural de la Copa Mundial de la FIFA 2026, con banderas de México y Sudáfrica (Créditos: Build The Earth México)

Build The Earth, reconocido por Guinness World Records como el mayor proyecto de Minecraft, reúne a miles de voluntarios que reproducen el planeta a escala en un mundo digital construido bloque a bloque. La iniciativa comenzó en marzo de 2020 y busca trasladar ciudades, monumentos, caminos y paisajes reales. La propuesta aprovecha una característica del videojuego: cada pieza representa, de manera aproximada, un metro cúbico. Esa equivalencia permite levantar edificios y espacios con proporciones cercanas a las originales, aunque plantea dificultades cuando deben reproducirse pendientes, alturas, curvas o construcciones que no se ajustan a la cuadrícula.

La comunidad reunió a 300.000 personas en tres meses

La iniciativa nació a partir de una convocatoria del creador de contenidos PippenFTS, quien planteó que la combinación de herramientas adicionales del juego hacía posible recrear la Tierra.

Tras publicar su idea, llamó a otros usuarios a colaborar. La respuesta fue tan amplia que, en apenas tres meses, la comunidad llegó a 300.000 integrantes y superó la capacidad inicial de su canal de comunicación en Discord.

Ante ese crecimiento, los participantes organizaron el trabajo por regiones. Build The Earth cuenta con unos 60 equipos que se ocupan de áreas específicas. Algunos construyen países enteros y otros se concentran en una ciudad, una región o un continente. Cada grupo dispone de responsables y espacios de trabajo propios, mientras que el equipo internacional fija pautas para unir las distintas zonas del mapa.

El Palacio de Westminster, uno de los edificios más reconocidos de Londres, recreado en Minecraft (Créditos: Build The Earth UK)

Bruno Gideon Bergheim, miembro de ese equipo internacional, explicó a Guinness World Records que el proyecto tuvo que adaptarse sobre la marcha a la llegada masiva de participantes. “Tuvimos que arreglar el cohete mientras avanzaba a toda velocidad”, afirmó al recordar los primeros meses.

La coordinación entre comunidades también presentó diferencias por la administración de territorios, la delimitación de zonas y los criterios para representar cada lugar. Pese a que el juego no establece fronteras, los organizadores debieron resolver disputas entre grupos y acordar normas comunes para sostener la colaboración.

Las réplicas se basan en mapas, fotografías y datos del terreno

Los constructores no se limitan a levantar edificios reconocibles. Para acercarse a las dimensiones y formas de cada sitio, recurren a imágenes satelitales, mapas, fotografías tomadas desde la calle y registros de altura del terreno. Quienes viven cerca de una obra pueden aportar referencias que no figuran en las plataformas cartográficas.

El Cristo Redentor domina la vista sobre Río de Janeiro desde el cerro del Corcovado, en Brasil (Créditos: Build The Earth Brasil)

Bergheim señaló que integrantes de la comunidad viajaron para obtener imágenes de lugares apartados y que se contactaron con autoridades de islas del Pacífico para pedir información sobre el relieve. A su vez, la persona encargada de recrear la Ciudad del Vaticano se comunicó con la oficina de prensa del enclave para acceder a fotografías y otros datos.

El proyecto dispone de revisores que acompañan a los nuevos miembros y verifican sus aportes. Saber jugar no siempre resulta suficiente para realizar una réplica: los participantes deben calcular proporciones, elegir materiales adecuados y traducir formas irregulares a una cuadrícula formada por bloques.

El resguardo de cientos de gigabytes exige recursos permanentes

La infraestructura es otro de los retos para Build The Earth. El proyecto se sostiene con donaciones y mantiene sus servidores abiertos para que cualquier persona que tenga el videojuego pueda ingresar. Gran parte de los fondos se destina a almacenar las construcciones, que ya ocupan cientos de gigabytes de información.

El Obelisco de Buenos Aires, uno de los principales símbolos de la ciudad (Créditos: Build The Earth Argentina)

Después de perder meses de trabajo por fallas en el almacenamiento, el equipo comenzó a guardar copias de seguridad de manera periódica. Una de esas copias fue enviada a la Luna como parte de una iniciativa de VideoLAN, la organización responsable del reproductor VLC.

Los organizadores consideran que el mapa funciona como un registro de lugares reales en un momento determinado. Esa tarea requiere actualizaciones, ya que las ciudades se transforman, los edificios se demuelen y aparecen nuevas construcciones.

El proyecto busca llevar los recorridos virtuales a las aulas

Además de su dimensión recreativa, la comunidad plantea usos educativos para la plataforma. Bergheim sostuvo que el mapa puede servir para abordar contenidos de geografía, historia y arquitectura mediante recorridos por lugares de distintas partes del mundo.

En una clase, por ejemplo, los alumnos podrían observar la distancia entre las pirámides de Egipto y el río Nilo, comparar la altura de la Esfinge o recorrer sectores de El Cairo. La plataforma ya se utilizó en algunas aulas y fue exhibida en un museo, según explicó el organizador a Guinness World Records.

La catedral de Alexander Nevsky, uno de los principales emblemas de Sofía y Bulgaria (Créditos: Build The Earth Balkans)

Al comienzo del proyecto, la edad promedio de los participantes era de 15 años. Para sus responsables, la experiencia mostró que adolescentes y jóvenes podían organizar grupos numerosos, asumir tareas de coordinación y sostener una iniciativa compartida entre personas de distintos países.

La comunidad estima que aún completó menos del 1 % de la superficie terrestre. Bergheim calculó que una versión acabada del planeta podría demandar cerca de un siglo, aunque esa meta cambia a medida que se modifican los territorios que se busca representar.

“Queremos llegar a un punto en el que alguien entre al servidor, visite su casa y pueda reconocer que realmente es su casa”, afirmó Bergheim. La convocatoria permanece abierta para quienes tengan una copia de Minecraft y deseen aportar una construcción al mapa.