Un estudio revela que las mujeres informan más dolor que los hombres: en qué zonas reportaron más molestias

La investigación determinó que las mujeres tienen un 83% más de probabilidad de sufrir dolor facial y un 74% más de probabilidad de manifestar cefaleas (Imagen Ilustrativa Infobae)

El dolor no se distribuye de la misma manera a lo largo de la vida ni afecta por igual a toda la población. Una investigación internacional basada en millones de registros volvió a poner en el foco una diferencia persistente: las mujeres informan molestias con mayor frecuencia que los hombres en todas las zonas corporales analizadas. El hallazgo abarca desde molestias de cabeza y cara hasta dolores de espalda, abdomen, cadera y rodilla. También muestra que el aumento más acelerado de la prevalencia ocurre antes de los 55 años, una etapa que suele coincidir con la vida laboral, reproductiva y de cuidados. El trabajo reunió información de casi seis millones de personas en 118 países y territorios. La investigación fue publicada en Nature Medicine y examinó datos recogidos entre 1990 y 2025 en personas de entre cinco y más de 100 años. Sus resultados aportan una mirada de largo alcance sobre el dolor, con diferencias por sexo, edad, región y condiciones sociales que pueden incidir en la experiencia y el seguimiento de este síntoma. El dolor fue más frecuente en mujeres, según el estudio La investigación analizó dolor autoinformado en cabeza, cara, cuello u hombro, pie o tobillo, mano o muñeca, codo, pecho, espalda, estómago o abdomen, cadera y rodilla. Según recogió The Guardian, las mujeres comunicaron una mayor prevalencia que los hombres en las 11 áreas evaluadas, con distancias más marcadas en dolor de cabeza, facial y abdominal.Los datos precisaron que las mujeres tuvieron un 83% más de probabilidad de informar dolor facial, un 74% más de probabilidad de manifestar cefaleas y un 60% más de probabilidad de señalar dolor estomacal o abdominal. El estudio describe patrones poblacionales y no permite establecer por sí solo la causa de las diferencias observadas. La frecuencia de cada tipo de molestia también varió de manera amplia. Según los autores, alrededor del 40% de los participantes informó dolor de espalda, la localización más habitual de la investigación, mientras que el dolor facial fue el menos frecuente, con una prevalencia cercana al 2%. La edad modificó las trayectorias de dolor en ambos sexos. Los expertos señalaron que la prevalencia de cualquier dolor tendió a crecer con los años, aunque el incremento más marcado se concentró antes de los 55 años. La intensidad llegó a su nivel más alto alrededor de los 50 años, mientras que el generalizado alcanzó su máxima prevalencia cerca de los 70. Los patrones no fueron iguales en todos los sitios del cuerpo. De acuerdo con la investigación citada por The Guardian, las cefaleas y los dolores abdominales y faciales llegaron a su punto máximo antes y luego descendieron. En cambio, el dolor musculoesquelético tendió a aumentar con la edad. El cuello, el hombro y el codo alcanzaron su mayor nivel en la mediana edad y después bajó, mientras que el de espalda, cadera y rodilla continuó en ascenso durante toda la vida. Los investigadores asociaron este último comportamiento con la acumulación de carga mecánica y procesos degenerativos en zonas que soportan peso. También indicaron que el 18,3% de la carga global de dolor se vinculó con tabaquismo, obesidad y bajos ingresos del hogar. Esa proporción fue del 12,6% en África subsahariana y del 27,1% en Europa del Este.Los autores advirtieron límites relevantes: los estudios reunidos utilizaron métodos distintos para medir el dolor, la representación regional fue desigual y el análisis comparó grupos de edad en lugar de seguir a las mismas personas durante décadas. Aun así, sostuvieron que los patrones generales se mantuvieron al integrar la información disponible. Estudios previos describen diferencias biológicas, neurológicas y clínicas Esta nueva investigación se suma a una literatura que desde hace años estudia las diferencias de sexo y género en la percepción, prevalencia y atención del dolor. Una revisión publicada en Science señaló que las mujeres se ven afectadas de manera desproporcionada por trastornos como síndrome de intestino irritable, endometriosis, migrañas menstruales, fibromialgia, osteoartritis y dolor neuropático. Según los autores, las hormonas sexuales, la comunicación entre el sistema inmunitario y las neuronas, la microbiota intestinal y los circuitos analgésicos propios del organismo forman parte de las líneas de investigación que buscan explicar estas diferencias. La revisión remarca que los mecanismos no son únicos ni universales, sino que pueden variar según la condición dolorosa y la etapa de la vida.En el caso del dolor visceral, que afecta órganos internos, la investigación describe que la sensibilidad puede modificarse a lo largo del ciclo menstrual en algunas afecciones, como el síndrome de intestino irritable. También expone resultados experimentales sobre la interacción entre estrógenos, neuronas sensoriales, células inmunitarias y microbiota. Otro trabajo, publicado en el Journal of Pain, evaluó a 59 adultos sanos de entre 30 y 89 años mediante pruebas de calor y resonancia magnética funcional. Sus autores encontraron que las mujeres identificaron el dolor apenas perceptible a una temperatura inferior a la de los hombres. Sin embargo, ante percepciones de dolor débil y moderado, informaron menor desagrado que los participantes varones.

El análisis observó diferencias relacionadas con la edad y el género en regiones cerebrales involucradas en la modulación descendente del dolor, entre ellas la ínsula y la corteza cingulada anterior. Ese sistema reúne circuitos del cerebro capaces de influir sobre cómo se procesa la señal dolorosa en la médula espinal.

Asimismo, The Lancet Discovery Science advirtió que las diferencias no se limitan a la experiencia física del dolor. La publicación indicó que mujeres y niñas tienen mayor probabilidad de atravesar dolor crónico y que, al mismo tiempo, pueden enfrentar demoras diagnósticas, subestimación de sus síntomas y dificultades para acceder a una atención adecuada. El texto plantea que reconocer el sexo y el género como determinantes de salud resulta relevante para mejorar la evaluación clínica y la investigación.