Confirmaron que el anestesista Alejandro Zalazar tenía fentanilo y propofol en la sangre cuando murió

Alejandro Zalazar tenía 31 años y era residente de tercer año de anestesiología en el Hospital Rivadavia

Los resultados de los estudios toxicológicos complementarios a la autopsia de Alejandro Zalazar, el anestesista de 31 años encontrado muerto en febrero pasado en su departamento del barrio porteño de Palermo, confirmaron que tenía fentanilo y propofol en la sangre. Así lo informaron fuentes judiciales a Infobae, en el marco de la investigación que todavía busca esclarecer las circunstancias de su fallecimiento. Según pudo saber este medio, los estudios también detectaron lidocaína, un anestésico local que se utiliza para bloquear el dolor. Los resultados se suman a los hallazgos realizados en el departamento, donde se encontró una jeringa y un dispositivo utilizado para administrar medicación por vía intravenosa con restos de propofol, fentanilo y midazolam, un medicamento de efecto sedante. Pese a estos elementos, todavía no se pudo determinar si Zalazar se administró las sustancias por su cuenta o si hubo otra persona involucrada en su muerte, indicaron las mismas fuentes. La autopsia había establecido que Zalazar falleció como consecuencia de un edema pulmonar, pero los investigadores aguardaban los estudios complementarios para avanzar en la reconstrucción de lo ocurrido.El caso El anestesista fue encontrado sin vida el 20 de febrero de 2026, en su departamento de la calle Juncal al 4600, en Palermo. Su cuerpo estaba tendido en el piso, junto a la cama, y tenía una vía intravenosa colocada en el pie derecho. Cerca de él, los investigadores encontraron una jeringa, una ampolla y un frasco que, segppun se estableció en ese momento, podían corresponder a fentanilo y propofol, respectivamente. Su muerte ocurrió pocos días antes de que se iniciara formalmente una investigación por el presunto desvío de anestésicos del Hospital Italiano, que posteriormente derivó en los procesamientos de Delfina “Fini” Lanusse y Hernán Boveri. Ambos están acusados de haber sustraído propofol de la institución para consumirlo fuera del ámbito hospitalario. Los procesamientos fueron confirmados por la Cámara y, en agosto pasado, el fiscal Lucio Herrera pidió que los dos sean enviados a juicio oral por administración fraudulenta.Las últimas horas de Alejandro Zalazar Zalazar era residente de tercer año de anestesiología en el Hospital Rivadavia, realizaba una rotación de Anestesiología Pediátrica en el Hospital Gutiérrez y también trabajaba en la Fundación Favaloro. El jueves 19 de febrero, un día antes del hallazgo de su cuerpo, había cumplido con sus actividades habituales. Según pudo reconstruir la investigación, a partir del análisis de las cámaras de seguridad del edificio y los registros telefónicos incorporados al expediente, salió de su domicilio a las 8.05 y regresó a las 20.06. Menos de una hora después, a las 20.55, volvió a salir vestido con ropa deportiva para dirigirse a un gimnasio ubicado a tres cuadras de su casa. A las 22.01 ingresó nuevamente al edificio. Llevaba un sobre en la mano. Esa fue la última vez que las cámaras lo registraron con vida.Esa misma noche intercambió mensajes de WhatsApp con uno de sus mejores amigos, F.M.T., con quien tenía previsto encontrarse para salir a caminar con el perro y tomar algo en un bar. En un primer momento, Zalazar aceptó la propuesta. Sin embargo, más tarde le escribió para cancelar el encuentro: “Perdón doc, me agarró el bajón, pero mal. Perdón, posta. Podemos (hacer) algo mañana bien temprano”. Su amigo declaró posteriormente que el médico había atravesado una separación sentimental reciente, aunque no interpretó aquellas palabras como una señal de alarma. Finalmente, acordaron verse al día siguiente, pero el encuentro nunca ocurrió. El viernes 20 de febrero, Zalazar no se presentó a trabajar en la Fundación Favaloro. Sus compañeros comenzaron a llamarlo, pero no obtuvieron respuesta. La preocupación llevó a sus allegados hasta el edificio de Palermo, donde finalmente lo encontraron sin signos vitales.El vínculo con los otros investigados por el propofol Una de las personas que apareció en la investigación por la muerte de Zalazar fue Chantal “Tati” Leclercq, médica residente del Hospital Rivadavia y amiga del anestesista. Fue una de las primeras en llegar al departamento el día en que encontraron su cuerpo y, según los registros telefónicos, la última persona con la que habló la noche anterior. En su declaración testimonial, Leclercq explicó que conocía a Zalazar por su trabajo en el Rivadavia y que mantenían una relación de amistad. También contó que en una oportunidad le había pedido ayuda para asistir a “Fini” Lanusse, a quien había encontrado bajo los efectos del propofol. “Ale no tenía vínculo con Hernán (Boveri), pero conocía a Delfina por mí”, declaró al explicar la relación entre los profesionales.Leclercq, además, quedó imputada en una investigación independiente por la presunta sustracción de medicamentos del Hospital Rivadavia. En ese expediente, la Fiscalía ordenó distintas medidas para reconstruir el circuito de los anestésicos, entre ellas auditorías de stock y análisis de los registros de entrega y utilización de medicamentos. La médica también fue allanada en su domicilio del country Santa Bárbara, donde los investigadores secuestraron dispositivos electrónicos, aunque no encontraron medicamentos. Esta semana, Leclercq publicó un extenso descargo en sus redes sociales en el que cuestionó la exposición pública que tuvo a raíz de la investigación. “De la nada, la peligrosa era yo”, escribió al describir cómo atravesó los últimos meses.

*Con informacion de Omar Lavieri.