Por qué la cercanía con un gato se relaciona con menos estrés y más energía, según un estudio sobre oxitocina

Un estudio de la Universidad de Kioto analizó la relación entre gatos, tutores y niveles de oxitocina (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un gato que se acomoda en el regazo, busca una caricia o duerme cerca de su tutor puede formar parte de una rutina cotidiana. Un estudio de la Universidad de Kioto, en Japón, encontró que esos momentos de proximidad podrían estar relacionados con algo menos visible: los niveles de oxitocina de los gatos y sus tutores mostraron una asociación.

La investigación, publicada en la revista científica iScience, analizó la convivencia de 29 gatos domésticos y 19 personas durante un mes. Los resultados indicaron que los tutores con concentraciones más altas de oxitocina tendían a convivir con gatos que también presentaban valores elevados de esa hormona.

A su vez, una mayor oxitocina en los felinos se vinculó con menos emociones negativas y niveles más bajos de cortisol en las personas.

La oxitocina interviene en los vínculos sociales y afectivos. Suele conocerse como la “hormona del amor”, aunque esa denominación simplifica sus funciones. En términos más precisos, participa en procesos de apego, cuidado y relaciones sociales. El cortisol, por su parte, interviene en la respuesta del cuerpo al estrés y varía de forma natural a lo largo del día.

Los autores aclararon que sus resultados muestran una relación entre estas variables, pero no prueban que un gato reduzca el estrés de su tutor ni que las hormonas de ambos cambien al mismo tiempo.

El estudio analizó a 29 gatos y 19 tutores durante un mes

Los gatos que buscan contacto físico con sus tutores podrían reforzar un vínculo asociado al bienestar (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo liderado por la investigadora Saho Takagi reclutó a 19 tutores y a sus 29 gatos de compañía. Para la comparación hormonal, los científicos trabajaron con muestras de orina de 24 felinos y 17 personas, ya que no pudieron obtener material de todos los participantes.

Cada individuo aportó tres muestras, cuyos resultados se promediaron. Las personas también respondieron cuestionarios sobre su estado de ánimo en las semanas previas. Entre otras variables, los investigadores evaluaron sensaciones como enojo, confusión, ansiedad, ánimo depresivo, energía y vigor.

Los gatos llevaron en sus collares dispositivos Bluetooth de bajo consumo. Esas balizas enviaban señales a los teléfonos de sus tutores y permitían estimar la distancia habitual entre ambos dentro del hogar. El recurso no identificó qué actividad realizaban cuando estaban cerca. Podía tratarse de un gato que dormía junto a una persona, de una interacción de juego o de una sesión de caricias.

La investigación también incluyó una prueba de comportamiento. Los gatos con concentraciones más altas de oxitocina tuvieron mayor tendencia a acercarse a una persona situada dentro de un círculo marcado. Esa persona podía ser su tutores o un desconocido.

La oxitocina de los gatos se asoció con menos malestar en las personas

La investigación siguió durante un mes a 29 gatos domésticos y 19 personas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados señalaron una correlación positiva entre la oxitocina de los gatos y la de sus tutores. Dicho de forma sencilla, cuando los investigadores compararon los promedios, observaron que los valores altos en una parte de la pareja gato-humano tendían a coincidir con valores altos en la otra.

También detectaron que una mayor oxitocina felina se vinculaba con concentraciones más bajas de cortisol y con menor presencia de emociones negativas en los tutores. En el análisis inicial, las personas cuyos gatos tenían más oxitocina informaron menos enojo, confusión, ansiedad y ánimo depresivo.

Parte de los participantes convivía con más de un gato. Cuando los científicos ajustaron el análisis por hogar, solo las asociaciones con la confusión y la ansiedad mantuvieron respaldo estadístico. Este punto limita el alcance de los resultados y muestra por qué serán necesarios estudios con más participantes.

Los gatos llevaron dispositivos Bluetooth en sus collares para estimar la distancia con las personas dentro del hogar (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cercanía física cotidiana también apareció vinculada con el estado de ánimo. Los tutores que pasaban más tiempo cerca de sus gatos informaron mayores niveles de energía y vigor. La cantidad de años que llevaban juntos, en cambio, no mostró relación con esa medida.

“Creo que muchos tutores de gatos conocen bien la sensación de comodidad y paz que sienten cuando su gato se sube a su regazo buscando cariño, lo acarician y el gato empieza a ronronear satisfecho”, afirmó Takagi. La autora sostuvo que los hallazgos sugieren que esa experiencia “puede reflejarse, en parte, en la conexión hormonal entre los gatos y sus tutores”.

Las caricias son una hipótesis, pero el estudio no estableció una causa

La autora principal planteó una posible explicación para la asociación: las caricias. “Creo que esto puede deberse a que la oxitocina aumenta tanto en el tutor como en el gato a través de la interacción de acariciar y ser acariciado, y que esta interacción ayuda a formar su vínculo”, explicó Takagi.

Esa posibilidad todavía requiere pruebas directas. Los dispositivos Bluetooth permitieron estimar cercanía, aunque no registraron qué pasó durante cada encuentro. Los investigadores tampoco midieron las hormonas antes y después de una caricia concreta.

Los tutores con niveles más altos de oxitocina tendían a convivir con gatos con valores elevados de la misma hormona (Imagen Ilustrativa Infobae)

Takagi remarcó que no corresponde hablar de sincronía hormonal en sentido estricto. “Para llamar a un hallazgo ‘sincronía’, creo que las hormonas deberían medirse en múltiples momentos y debería demostrarse que cambian de una manera similar a lo largo del tiempo”, señaló.

El estudio tampoco encontró una asociación clara entre el cortisol de los gatos y el de sus tutores. La diferencia en los horarios de recolección de las muestras pudo influir en ese resultado: la orina humana se tomó por la mañana, mientras que las muestras felinas se obtuvieron cuando fue posible.

El trabajo tuvo una muestra reducida y contó con una mayoría de mujeres entre los tutores: 16 de los 19 participantes. Además, su duración fue de un mes y algunos análisis fueron exploratorios, por lo que los hallazgos deben interpretarse con cautela.

La relación también puede funcionar en ambas direcciones. Una persona con menos malestar podría buscar más contacto con su gato, o un vínculo más estrecho podría influir en el bienestar de ambos. Factores del hogar, como las rutinas diarias o el entorno, también podrían afectar a las personas y a los animales al mismo tiempo.

“Para investigar la causalidad, las hormonas deberían medirse en múltiples momentos, antes y después de las caricias”, indicó Takagi. El próximo paso será observar interacciones concretas y evaluar cómo cambian los niveles hormonales de gatos y humanos tras esos contactos.