Cecilia de Bucourt volvió a Buenos Aires para impulsar su carrera como actriz: “Si algo no me hace feliz, paro y me reinvento”

Antes de volver a Nueva York, Cecilia de Bucourt hizo una pausa en Buenos Aires para volver a conectar con su historia y poner en marcha un deseo que venía madurando: actuar en la Argentina. La modelo que partió a Tokio a los 14 años, creó una marca de moda en Estados Unidos, se dedicó a la fotografía y se formó en baile de caño, ahora busca sumar nuevos proyectos frente a cámara.

“Cada vez que me reinvento es como una certeza que me viene: lo tengo que hacer y lo quiero hacer. Es pasión”, contó en una charla cálida con Teleshow.

Cecilia y Tini de Bucourt su madre, quien vive en Buenos Aires y está cuidando su estado de salud

Hija de la modelo top de los ‘70 Tini de Boucourt, con 40 años de vida fuera del país, Cecilia conserva el vínculo con la Argentina y la ilusión de moverse sin ataduras entre ciudades, proyectos y afectos. “Quiero estar muy libre con respecto a dónde vivo. No quiero vivir en un lado y en todos lados”, explicó. Su respuesta sobre el futuro fue directa: “Quiero todo”.

La modelo, diseñadora, fotógrafa y bailarina de caño se prepara para una nueva etapa frente a cámara (@gonpepe)

—¿Cuándo te fuiste de la Argentina por primera vez?

—A los 14 años. Gané la representación argentina en el concurso Supermodel of the World de Ford Models y uno de los premios fue un contrato para trabajar en Tokio. Me fui casi a los 15 y me quedé seis meses.

—¿Cómo siguió ese camino?

—Era otra época. Volví, rendí un año del secundario libre y después me fui a España, Italia y París. En Francia viví cinco años. A los 23 regresé a Buenos Aires, conocí a mi primer esposo, el fotógrafo Gino Moro, y trabajé en Canal 13, en Tressesenta. Ahí también apareció, por un ratito, la inquietud por la actuación: estudié con Cristina Banegas.

Poco después, la pareja se instaló en Nueva York. De Bucourt volvió a trabajar como modelo hasta que, a los 29 años, decidió cambiar de rumbo y estudiar diseño en el Fashion Institute of Technology (FIT).

En charla con Teleshow, la modelo y empresaria habló de sus hijos, su vida entre ciudades y el desafío de actuar en español (@gonpepe)

—¿Sentís que allí empezó otra vida?

—Sí. La moda siguió, pero desde el lado empresario. Para mí el éxito hoy es la felicidad. Cuando estás haciendo lo que necesitás, todo encaja.

—¿Cómo nació tu marca?

—A los tres meses de empezar la carrera ya tenía mi marca registrada y diseñaba mi primera colección. Soñaba con vender en Barneys. Llamé durante meses y dejaba mensajes. Un día pedí que me llamaran aunque fuera para decirme que no insistiera más. Me dieron una entrevista: fueron mis primeros clientes y estuvieron diez años.

La artista quiere hacer teatro, cine y ficción: “Me encantaría una buena película argentina”

Con el tiempo, bajó el ritmo de esa actividad. Mantiene la venta online y trabaja con Free People, pero buscó recuperar tiempo para otras disciplinas. “Cuando veo que algo no me hace feliz, paro y me reinvento”, señaló.

Del baile de caño a una mirada propia detrás de la cámara

De Bucourt comenzó a practicar a los 41 años y llegó a tomar hasta tres clases diarias

La fotografía había estado cerca desde sus años de modelo, cuando observaba a los equipos y llevaba una cámara al backstage. Sin embargo, fue el baile de caño el que le abrió un vínculo diferente con su cuerpo y, después, con la imagen.

—¿Qué encontraste en esa disciplina?

—Hasta entonces, mi cuerpo había sido un instrumento de trabajo y estaba siempre bajo juicio. Cuando empecé a bailar, se me abrió un mundo. El baile de caño tiene prejuicios alrededor, pero es un arte con mucha dedicación, fuerza y disciplina.

“El baile de caño tiene prejuicios alrededor, pero es un arte con fuerza y disciplina” expresó Cecilia de Bocourt

De Bucourt comenzó a los 41 años y entrenó con constancia: asistía cinco veces por semana y tomaba entre dos y tres clases diarias. Compitió en dos oportunidades y obtuvo dos medallas de oro. “No voy a ser humilde: llegué a un nivel alto”, dijo entre risas.

—¿Qué estilo te representaba?

—Me especialicé más en contemporáneo. Hay muchos estilos y yo respeto todos, pero en las competencias bailé con música suave, desde un lugar más sentido que sexy.

Cecilia de Bucourt entrenó baile de caño durante 13 años y compitió en dos oportunidades

Esa experiencia la llevó a fotografiar bailarines, cuerpos desnudos y escenas en blanco y negro. Luego unió sus universos: moda, fotografía y dirección. “No saco una foto de algo que está frente a mí: yo hago la foto. Le digo a la modelo qué hacer, cómo moverse. Ahí está toda mi experiencia frente a cámara”, explicó a Teleshow.

La actuación la trae de regreso a la Argentina

De Bucourt comenzó a trabajar como modelo a los 14 años, cuando viajó a Tokio tras ganar un concurso de Ford Models (@gonpepe)

Hace dos años, mientras realizaba prácticas de meditación inspiradas en el trabajo de Joe Dispenza, una idea se le presentó con claridad: estudiar actuación. Al principio la sorprendió, porque imaginaba que su futuro estaría detrás de cámara, entre la videografía y la dirección. Pero tomó clases en Nueva York y entendió que había encontrado una nueva vocación.

—¿Cómo fue ese primer encuentro?

—En mi primera clase pensé: “Chao, esto es lo mío”. Cuando terminó el curso, el profesor me dijo que tenía que ser actriz y me pasó de principiante a avanzado. Me incentivó mucho.

La preparación se volvió intensa. Se anotó en varios cursos al mismo tiempo y trabajó cada personaje desde los detalles, incluso al cubrir sus tatuajes o quitarse el esmalte si no correspondía a una escena de época. “Duermo con el guion al lado. A veces me despierto a las cuatro de la mañana, leo y ahí me queda”, contó más que entusiasmada.

Después de una carrera internacional en las pasarelas, creó su propia marca de moda en Nueva York

También viajó a Madrid para estudiar en la Central de Cine y descubrió el placer de actuar en español. “En inglés ya soy un personaje, porque no es mi idioma. En Madrid dije: ‘Qué lindo actuar en español’”, recordó.

Su interés por trabajar en la Argentina estaba desde el inicio. “Amo mi país, la cultura, el arte y el cine argentino. Hay algo que me tira artísticamente a trabajar acá”, afirmó. Para impulsar ese objetivo, comenzó a reunirse con profesionales del medio junto a su representante Jorge Brunelli.

En charla con Teleshow, la modelo y empresaria habló de sus hijos, su vida entre ciudades y el desafío de actuar en español (@gonpepe)

—¿Qué te gustaría hacer?

—Todo. Me encantaría el teatro por el contacto con el público. Y una buena película argentina también. De esas que te hacen decir: “Qué buenos que son los argentinos”.

La actriz ya sumó su primera experiencia cinematográfica: hace un mes rodó en Madrid una película dirigida por Joaquín Gorris, pensada para el circuito de festivales. “Soy nueva como actriz, aunque estuve frente a la cámara toda mi vida. Pero tengo una certeza muy grande”, sostuvo.

La modelo, diseñadora, fotógrafa y bailarina de caño se prepara para una nueva etapa frente a cámara

La decisión también tiene una raíz familiar. Su padre, ingeniero industrial, le contó en una entrevista que siempre había querido ser actor, aunque no pudo seguir ese deseo. “Antes de una escena le agradezco la oportunidad y se la dedico a él, porque estaría muy contento de verme haciendo esto”, compartió.

Madre de Sofi, que cumplirá 21 años en octubre, y de un hijo de 18 años que acaba de empezar la universidad, De Bucourt atraviesa una etapa de mayor libertad. Vive con sus hijos en Nueva York, pero imagina una vida abierta a lo que venga: seis meses en Buenos Aires si surge un proyecto, un viaje a Madrid para estudiar con un maestro o la ciudad que marque el próximo papel.

Cecilia de Bucourt volvió a Buenos Aires para impulsar su carrera como actriz en la Argentina

Al mirar sus primeros años en las pasarelas, reconoce que hubo exigencias. Empezó muy joven, en una industria donde se buscaban cuerpos extremadamente delgados y no existían las herramientas de edición actuales. “Si tenías un grano, podían cancelarte el trabajo y mandarte a tu casa. Era tremendo”, recordó.

Por entonces se cuidaba mucho, evitaba las fiestas y priorizaba el descanso. “Tomé mi primera copa de vino a los 29 años. Era tímida, más recatada. Ese mundo me intimidaba”, dijo. Hoy, con la experiencia de cada transformación a cuestas, se permite mirar hacia adelante con la misma decisión que la llevó a Tokio siendo adolescente.