
Apoyar el brazo sobre el escritorio durante una medición de presión arterial puede determinar si un diagnóstico es correcto o equivocado. Un estudio de la Universidad Johns Hopkins, publicado en JAMA Internal Medicine, demostró que las posiciones incorrectas del brazo elevan artificialmente los valores registrados, lo que puede derivar en un diagnóstico erróneo de hipertensión.
El trabajo comparó tres posiciones frecuentes en los consultorios: brazo apoyado en un escritorio, apoyado en el regazo y colgando sin soporte al costado. Los resultados mostraron diferencias clínicamente relevantes entre cada posición, con consecuencias directas para quienes se someten a controles de rutina.
Dejar el brazo sin apoyo puede inflar la lectura hasta 6,5 mmHg

Cuando el brazo cuelga sin soporte al costado del cuerpo, la presión sistólica —el número superior de la lectura— se sobreestima en 6,5 milímetros de mercurio (mmHg) y la presión diastólica aumenta de forma artificial en 4,4 mmHg. Apoyar el brazo sobre el regazo también genera distorsiones: 3,9 mmHg adicionales en la sistólica y 4,0 mmHg en la diastólica, frente a los valores obtenidos con el brazo sobre una superficie fija.
Sherry Liu, coordinadora de investigación en epidemiología del Centro Welch para la Prevención, Epidemiología e Investigación Clínica de Johns Hopkins, señaló que una sobreestimación de 6,5 mmHg puede marcar la diferencia entre una presión sistólica de 123 y una de 130, o entre 133 y 140, umbral de la hipertensión en estadio 2. Una variación de esa magnitud puede cambiar por completo el tratamiento indicado a un paciente.
La posición correcta ya está definida en las guías clínicas, pero se ignora con frecuencia

La Asociación Americana del Corazón (AHA) establece que el brazalete debe ubicarse a la altura del corazón, con el brazo firmemente apoyado sobre un escritorio o mesa. Sin embargo, los investigadores advierten que esta indicación no se cumple de manera sistemática. En muchos centros de salud, los pacientes se sientan en camillas sin apoyo para los brazos o el propio clínico sostiene el miembro durante la medición.
Las guías de la AHA también fijan otros requisitos para garantizar lecturas precisas: manguito del tamaño adecuado, espalda apoyada, pies planos en el suelo y piernas sin cruzar. La brecha entre lo que indican los protocolos y lo que ocurre en los consultorios sigue siendo amplia, según concluyen los autores.
El estudio incluyó 133 adultos y controló cada variable del proceso de medición

El equipo de investigadores reclutó a 133 participantes de entre 18 y 80 años, entre agosto de 2022 y junio de 2023. Cada voluntario fue asignado de forma aleatoria a uno de seis grupos, según el orden en que se aplicaron las tres posiciones del brazo.
Antes de cada sesión, los participantes vaciaron su vejiga y caminaron dos minutos para simular las condiciones normales de llegada a un consultorio. Luego descansaron cinco minutos sentados, con espalda y pies bien apoyados.
Se tomaron tres series de tres mediciones por posición, con 30 segundos de pausa entre lecturas, usando un tensiómetro digital. Todas las sesiones se realizaron en un entorno silencioso y privado, sin que los participantes pudieran hablar ni usar el teléfono.
Tammy Brady, vicepresidenta de investigación clínica del Departamento de Pediatría de la Escuela de Medicina de JH, afirmó que la posición del brazo genera “una diferencia enorme” en la precisión de las mediciones. Brady instó a los profesionales a respetar los protocolos con mayor rigor, y exhortó a los pacientes a exigir condiciones adecuadas tanto en el consultorio como al medirse la presión en casa. Los investigadores aclararon que los resultados aplican específicamente a dispositivos de medición automatizados.
