El Instituto Nacional de Estadística reporta que el 13.4% de los hogares de Guatemala incluye a una persona con discapacidad

Un funcionario de Gobierno se dirige al público desde un atril oficial junto a un intérprete de lengua de señas en Guatemala. (INE Guatemala)

El Instituto Nacional de Estadística (INE) presentó el 30 de septiembre los resultados de la Encuesta Nacional de Propósitos Múltiples, ENAPROM 2025, que determinó que el 13.4% de los hogares de Guatemala tiene al menos una persona con discapacidad.

La medición busca aportar información para formular, seguir y evaluar políticas públicas sobre las barreras que enfrentan estas personas en el cuidado, el acceso a dispositivos, la salud, el transporte y el empleo.

El relevamiento se concentró en la población de cinco años o más y estableció que el 3,9% presenta mucha dificultad o imposibilidad para realizar al menos una actividad funcional.

La encuesta se realizó mediante entrevistas directas en 5,760 viviendas de las ocho regiones del país e incluyó a residentes habituales de viviendas particulares.

La metodología vinculó las dificultades funcionales con las condiciones del entorno. Para identificar a la población con discapacidad, el INE aplicó el Conjunto Corto de Preguntas sobre Funcionamiento del Grupo de Washington, basado en la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud de la Organización Mundial de la Salud.

Las áreas evaluadas fueron visión, audición, movilidad, cognición, cuidado personal y comunicación. Una misma persona puede presentar dificultades en más de uno de esos dominios, por lo que los porcentajes específicos no deben sumarse.

Un funcionario de Gobierno se dirige al público desde un atril oficial junto a un intérprete de lengua de señas en Guatemala. (INE Guatemala)

La discapacidad aumenta a partir de los 60 años

La prevalencia crece de forma sostenida con la edad: alcanza al 1,2% de las personas de cinco a 14 años, al 1.7% del grupo de 15 a 29 años y al 3,5% entre quienes tienen de 30 a 59 años. En la población de 60 años o más, la proporción asciende al 19%.

Las mujeres registran una proporción de discapacidad de 4,1%, frente al 3,6% de los hombres. La diferencia también se observa por área de residencia: el indicador llega al 4,2% en zonas urbanas y al 3,4% en áreas rurales.

La limitación más frecuente es la movilidad: el 1,7% de la población de cinco años o más reportó mucha dificultad o imposibilidad para caminar o subir escaleras. Le siguen las dificultades para ver, incluso con lentes o anteojos, con 1,6%; para oír y para recordar o concentrarse, con 0,8% cada una; para comunicarse, con 0,7%; y para el cuidado personal o vestirse, con 0,5%.

El 71.2% de las personas con discapacidad necesita ayuda para realizar alguna actividad cotidiana y requiere asistencia en un promedio de 2,3 tareas. Caminar o subir escaleras concentra la mayor demanda de apoyo, ya que el 50,5% necesita la ayuda de otra persona para hacerlo.

La asistencia para bañarse o ducharse alcanza al 34,3%; para comunicarse, al 32.9%; para vestirse, al 29,7%; y para acostarse o levantarse de la cama, al 27%. Comer o beber es la actividad con menor proporción de personas que requieren apoyo, con 17.7%.

La necesidad de ayuda cotidiana es mayor fuera de las ciudades: afecta al 76.4% de las personas con discapacidad del área rural, frente al 67.7% de quienes viven en zonas urbanas. La diferencia se repite en cada una de las tareas consideradas por la encuesta.

Un funcionario de Gobierno se dirige al público desde un atril oficial junto a un intérprete de lengua de señas en Guatemala. (INE Guatemala)

La falta de dispositivos alcanza a siete de cada 10 personas que los necesitan

El 63,5% de las personas con discapacidad requiere una tecnología de apoyo, como silla de ruedas, bastón, aparato auditivo o prótesis. Entre quienes necesitan esos recursos, el 69,9% no accede a ellos, mientras que el 30,1% cuenta con el dispositivo que requiere.

La demanda de estas tecnologías alcanza al 65% de la población con discapacidad del área rural y al 62,5% de la urbana. Sin embargo, solo el 23,9% de las personas rurales que necesita un dispositivo dispone de él, una proporción inferior al 34,3% registrado en las ciudades.

El acceso también varía según pertenencia étnica. Entre los pueblos indígenas y afrodescendientes, el 22,9% de quienes necesitan un dispositivo de apoyo logra obtenerlo, frente al 33,7% de las personas pertenecientes a otros pueblos.

Las barreras se extienden al entorno doméstico y comunitario. El 51,2% de las personas con discapacidad enfrenta obstáculos en su vivienda, el 50,3% en espacios públicos destinados a la socialización y la vida comunitaria, y el 48,4% en servicios de salud.

Los lugares habituales de culto religioso presentan barreras para el 44,3% de esta población; el transporte público colectivo, para el 43,9%; y las tiendas o comercios cercanos, para el 43,8%. En las instituciones públicas donde se realizan trámites, el indicador es de 37%, mientras que las instalaciones educativas registran el menor porcentaje, con 28,4%.

Las dificultades son más frecuentes en las áreas rurales en la vivienda, los espacios públicos, el transporte y los lugares de culto. En los hogares, por ejemplo, el 56,7% de las personas rurales con discapacidad reporta obstáculos, frente al 47,5% de quienes residen en zonas urbanas.

La creación en 2026 de la Oficina Coordinadora Sectorial de Estadísticas de Discapacidad, solicitada por el Consejo Nacional para la Atención de las Personas con Discapacidad, acompaña la producción de estos datos. La oficina busca articular la generación de estadísticas sobre discapacidad después de la incorporación de módulos específicos en el Censo de 2018 y en distintas encuestas de hogares realizadas desde 2022.