
De acuerdo con el Informe Planeta Vivo de 2026, los conservacionistas evitaron la extinción de 32 aves y 16 mamíferos desde 1993 mediante programas de protección, reproducción y seguimiento de especies en distintos países, mientras la pérdida de biodiversidad continúa a escala global. El documento, que se publica cada 2 años para evaluar el estado de la naturaleza, introduce señales favorables después de años de balances adversos. La publicación de 2024 había calculado que las poblaciones mundiales de fauna silvestre se redujeron un 73% en 5 décadas y advertía sobre ecosistemas cercanos al colapso, según el artículo divulgado en The Guardian. La edición actual, titulada “La ciencia de la esperanza”, indica que las poblaciones de tigres, elefantes y nutrias marinas se mantienen estables o crecen. También identifica un cambio en el sistema energético: las energías renovables avanzan y el uso de carbón disminuye en varios países. Una meta y vías concretas definen la esperanzaLa autora de la nota, Helen Pilcher, sostiene que los resultados positivos no eliminan la presión sobre los ecosistemas. La pérdida de especies, las olas de calor, las inundaciones, los incendios forestales y el blanqueamiento masivo de corales siguen formando parte del panorama ambiental. El reporte retoma la definición de esperanza desarrollada por el psicólogo estadounidense Charles “Rick” Snyder en un artículo publicado en Journal of Counseling & Development. Según esa perspectiva, no basta con desear un resultado: se necesita una meta, vías concretas para alcanzarla y la convicción de que las acciones individuales o colectivas pueden producir cambios. A esos elementos, el informe añade la resiliencia, entendida como la capacidad de persistir cuando una estrategia no da resultado. “La verdadera esperanza se arremanga y está dispuesta a afrontar las dificultades”, escribió Pilcher al diferenciar este enfoque del optimismo automático o de la idea de que los problemas ambientales se resolverán por sí solos. También advierte sobre el riesgo de una esperanza sin fundamento, a la que denomina “hopium”. El término describe relatos que pueden aliviar temporalmente la preocupación, pero que reducen el impulso para actuar si presentan la crisis como menos grave de lo que es. El kākāpō de Nueva Zelanda pasó de 51 a 324 ejemplaresEl caso del kākāpō, un loro de Nueva Zelanda que no puede volar, ilustra el tipo de intervención al que se refiere el reporte. La especie estuvo al borde de desaparecer después de que depredadores introducidos en el país afectaran su supervivencia. A mediados de la década de 1990, los equipos de conservación trasladaron a las aves restantes a islas sin depredadores. Cuando la recuperación no avanzó al ritmo esperado, incorporaron otras medidas, como la cría manual, madres sustitutas y la inseminación artificial. También instalaron transmisores inteligentes para vigilar a los animales y utilizaron nuevas herramientas científicas. Los genomas de todos los ejemplares vivos fueron secuenciados con el objetivo de decidir qué individuos deben reproducirse entre sí y preservar la diversidad genética de la población. En 1995 solo quedaban 51 kākāpō y hoy existen 324 ejemplares. La especie aún enfrenta riesgos y los planes de conservación siguen en revisión, pero su aumento demuestra que el seguimiento continuo y la adaptación de las medidas pueden modificar una tendencia de declive. Confiar en la acción personalPilcher cita un metaanálisis de 2023, divulgado en Frontiers in Psychology, en el que se examinaron investigaciones previas sobre la esperanza y la crisis climática.
El trabajo concluyó que las personas que confían en su posibilidad de marcar una diferencia tienden más a buscar información, respaldar políticas climáticas y reducir su impacto ambiental cotidiano.
En cambio, quienes basan su expectativa positiva en la creencia de que la crisis climática no es un problema muestran una menor disposición a involucrarse.
“La esperanza útil debe basarse en la realidad”, plantea la autora. Asimismo, sostiene que enfrentar la crisis climática exige comprender con claridad la dimensión del problema y tener voluntad para actuar frente a sus efectos.
