Pablo Molina y Marisa Ardisana viven en Las Toninas, adonde llegaron hace ocho años desde Quilmes en busca de tranquilidad. Pero tenían otro sueño pendiente: transformar un colectivo en una casa rodante amplia y cómoda para viajar en familia. En diciembre de 2025 compraron un Mercedes-Benz 2007 y, en pocas semanas, Pablo puso manos a la obra con la ayuda de su mujer. “Hicimos todo a pulmón”, admitieron en diálogo con Infobae.
“Yo siempre quise algo más grande”, contó Pablo, de 51 años, que trabaja como mecánico y electricista, y tiene experiencia al volante de vehículos pesados. La idea era dejar atrás los espacios reducidos de la camioneta Traffic que habían equipado años antes. “Queríamos que fuese como una casa y que tuviera espacios más amplios para movernos”, explicó.
Así nació El Rutero, un motorhome con cocina, comedor, living, baño con ducha y una habitación con cama de dos plazas. Y aunque el proyecto todavía tiene detalles por terminar, la pareja ya disfruta de su nueva casa sobre ruedas. Por ahora, el colegio de su hijo Luciano y el trabajo condicionan los viajes largos, pero la idea de vivir recorriendo distintos lugares sigue firme.

Una inversión de dos vehículos y muchas horas de trabajo
Convertir un micro escolar en una vivienda implica una inversión importante. En el caso de Pablo y Marisa, parte del proyecto se financió con la venta de otros vehículos. Entregó un Fiat modelo 2016 a cambio del micro y luego vendió una camioneta 4×4 del año 2000 para comprar los materiales y el equipamiento interior.
“Con la plata de la camioneta lo equipé todo adentro y no me alcanzó”, reconoció. Aun así, siguió adelante con el proyecto y aprovechó sus conocimientos profesionales para realizar por su cuenta la mayor parte de las tareas. Su oficio de mecánico y electricista fue fundamental para resolver la instalación eléctrica, los sistemas de agua y las distintas adaptaciones que necesitaba el vehículo.
Marisa lo acompañó el proceso desde el comienzo. Participó en tareas como retirar los elementos originales, preparar superficies, aplicar antióxido y colaborar con el revestimiento. Aunque no tiene la misma experiencia que Pablo con las herramientas y las instalaciones, ella encontró su propia manera de aportar.

Se ocupó de detalles y de acompañarlo durante las largas jornadas de trabajo. “Aunque sea para cebar mate, siempre estoy ahí”, admitió Marisa, que fue la encargada de que el interior del motorhome tuviera una apariencia más hogareña.
Un micro de 40 asientos que se convirtió en una casa
El salto de la Traffic al colectivo llegó el 11 de diciembre de 2025. Ese día, Pablo fue a buscar a Ezeiza el micro escolar que había elegido para convertirlo en una vivienda rodante. El vehículo todavía tenía sus 40 asientos y conservaba la distribución original para el transporte de alumnos.
La transformación avanzó a un ritmo acelerado. Pablo desmontó por completo el interior y empezó a planificar la distribución de los ambientes. A mediados de enero, poco más de un mes después de haberlo comprado, ya había conseguido homologarlo como casa rodante y dejarlo habilitado para circular, aunque todavía faltaba incorporar parte del equipamiento que tiene en la actualidad.

“El vehículo mide 10,60 metros de largo por 2,40 de ancho. De los asientos originales solo quedó el del conductor. La distribución la pensamos para tres personas, aunque cuenta con más plazas habilitadas para pasajeros. Hay un sillón en el living, que también puede transformarse en cama”, detalló.
En el interior, el espacio se organiza como una pequeña vivienda. La cocina tiene cuatro hornallas y horno convencional, mientras que la heladera con freezer funciona con distintos voltajes, una característica que permite adaptarla al sistema eléctrico del motorhome. También hay agua fría y caliente, un calefón a gas y una ducha.
Para almacenar el agua, Pablo instaló un tanque de agua limpia y otro destinado a las aguas grises, que reciben los líquidos provenientes de la pileta de la cocina, el baño y la ducha. El inodoro es seco. Para beber y preparar mate, la familia utiliza agua potable en bidones.

El baño, la cocina y los espacios para dormir conviven dentro de la estructura original del colectivo. “Algunas ventanas fueron selladas para evitar filtraciones, un problema habitual en este tipo de vehículos, mientras que otras permanecen operativas para permitir la ventilación y el ingreso de luz natural”, especificó Pablo, quien todavía tiene pendientes algunos detalles estéticos.
Su intención es completar primero el equipamiento interior y, más adelante, cambiar el aspecto exterior para que deje de parecer un micro escolar. Por ahora, el color naranja original sigue siendo una marca visible de su pasado.
Energía solar, Internet y calefacción para no depender de los campings
Una de las incorporaciones más recientes fue el equipo de energía solar, que instaló personalmente y que le permite alimentar los artefactos eléctricos sin tener que conectarse a la red de un camping. “El sistema incluye baterías que abastecen los equipos del interior, con conexiones que permiten utilizar aparatos tanto a 220 voltios como a 24 voltios. La heladera, por ejemplo, la utilizo en 24 voltios porque consume menos energía”, contó.

A eso se suma Starlink, el servicio de Internet satelital que incorporó recientemente. Con la antena, que puede colocar y retirar según las necesidades del viaje, la familia puede conectarse incluso cuando está lejos de las zonas urbanizadas.
El equipamiento incluye también un televisor inteligente para ver plataformas como Netflix y una calefacción a gasoil que se controla desde el celular. “El sistema permite programar la temperatura y mantener el interior cálido durante las noches frías, sin necesidad de recurrir a una conexión eléctrica externa”, especificó.
Pablo recuerda que esa comodidad surgió después de una de las primeras escapadas con el micro. Fueron a Nueva Atlantis y, cuando bajó la temperatura y comenzó a llover, descubrieron que necesitaban resolver la calefacción. Al regresar, se puso a trabajar en la instalación.

En una salida posterior, durante un fin de semana en Punta Médanos, comprobó que el sistema respondía como esperaba: “Gasté apenas dos litros de gasoil en todo el fin de semana”.
Las primeras escapadas y el sueño de recorrer el país
Los primeros viajes sirvieron para poner a prueba la casa rodante y descubrir qué cosas funcionaban y cuáles necesitaban cambios. “Hicimos viajes cortos, de unos 50 km aproximadamente, por La Costa. Aprovechamos los fines de semana porque son los días que no trabajo”, contó Pablo.
El próximo objetivo es recorrer la costa bonaerense hacia el sur. “Conocemos hasta Necochea, así que vamos a bajar para Claromecó, Reta y descubrir playas como las de San Antonio Este”, adelantó. La intención es realizar ese viaje durante marzo, cuando termina la temporada alta y Pablo puede tomarse casi un mes de vacaciones y dedicarle más tiempo al recorrido.

Aunque todavía no pudieron concretarlo, la pareja remarcó que “la idea de vivir en el motorhome no es un plan para cuando llegue la jubilación”. Ambos quieren aprovechar el tiempo que tienen por delante para viajar y construir una vida con mayor libertad de movimiento. “A mi siempre me encantó esa idea”, se sinceró Marisa, quien encontró en Pablo su compañero ideal para concretar ese sueño.
Para ellos, viajar en el motorhome tiene una ventaja que ninguna reforma puede replicar en una casa convencional: la posibilidad de cambiar de paisaje sin resignar comodidades. La vista del océano desde el interior de la casa rodante resume el atractivo de su proyecto: tener todo lo necesario para sentirse en casa, pero con la libertad de despertarse cada día en un destino diferente cada vez que salen a la ruta.
