El terremoto que sacudió Panamá el 9 de octubre provocó desplazamientos del terreno de hasta 1.20 metros en Búcaro, provincia de Los Santos, y hundimientos de entre 15 y 30 centímetros en Isla Cañas.
Los resultados preliminares también identifican rupturas superficiales y deformaciones del fondo marino, que pudieron contribuir a la generación de olas durante el movimiento sísmico.
Los hallazgos corresponden a una investigación del geofísico panameño Isaac Guerra Araúz, becario doctoral de la Senacyt, quien realiza mediciones en Búcaro, La Pitaloza y Mariato, en la costa de Veraguas y el sur de Azuero.
El especialista encontró desplazamientos horizontales de entre uno y 1.20 metros, además de movimientos verticales cercanos a un metro en Búcaro.
Las mediciones buscan establecer cómo se desplazaron los bloques de la corteza terrestre durante la ruptura de la falla responsable del terremoto. Estos movimientos pueden provocar grietas, desniveles y modificaciones del relieve, especialmente en terrenos cercanos a la zona de ruptura, donde la deformación puede permanecer visible después del sismo.
La investigación también documenta un hundimiento de entre 15 y 30 centímetros en Isla Cañas, mientras se estudian deformaciones del fondo marino que pudieron contribuir a la generación de olas.
Los especialistas buscan determinar la extensión de estos cambios y sus consecuencias sobre las comunidades costeras, particularmente en las zonas próximas a la falla.
En sectores de Tonosí, Soná y Mariato se han reportado fisuras y alteraciones visibles en la superficie terrestre, asociadas al terremoto. También circulan reportes sobre arrecifes que habrían quedado expuestos incluso durante la marea alta, aunque todavía no se dispone de mediciones científicas verificadas que permitan confirmar su extensión o establecer cuánto se elevó el litoral.

El Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá relacionó el terremoto con la falla de Azuero-Soná, cuya ruptura alcanzó aproximadamente 90 kilómetros. Esa extensión corresponde al proceso geológico que originó el sismo y no significa necesariamente que exista una grieta continua de esa longitud sobre la superficie terrestre.
Guerra Araúz desarrolla estas investigaciones como parte de su doctorado en Geofísica en la Universidad de Western Ontario, Canadá, bajo la supervisión del científico Katsuichiro Goda.
Los resultados permitirán contrastar las mediciones de campo con modelos de ruptura sísmica y comprender mejor el comportamiento de las fallas activas en Panamá.
Antes del terremoto, ambos investigadores habían desarrollado uno de los primeros modelos tridimensionales del subsuelo panameño, mediante el análisis de 2,741 movimientos sísmicos registrados entre 2013 y 2023.
Utilizaron información de 148 estaciones de Panamá, Costa Rica y Colombia para estudiar estructuras geológicas ubicadas hasta 80 kilómetros de profundidad.

El estudio, publicado en mayo de 2026 en la revista Tectonophysics, identificó nuevas evidencias de un sistema de doble subducción bajo el occidente panameño. Las placas de Cocos y Nazca se introducen desde el Pacífico, mientras la placa del Caribe presenta señales de hundimiento desde el norte, configurando una interacción tectónica particularmente compleja.
La magnitud del terremoto también llamó la atención del ingeniero estructural japonés Kit Miyamoto, director ejecutivo de Miyamoto International, quien lo situó entre los movimientos más grandes que han afectado zonas pobladas durante 2026. El especialista advirtió que un sismo de semejante intensidad provocaría problemas incluso en Los Ángeles, California.
Miyamoto destacó además la importancia de las inspecciones estructurales realizadas después del terremoto, especialmente en viviendas, carreteras y edificios públicos. Su evaluación subrayó que identificar las construcciones inseguras constituye apenas la primera etapa de una recuperación que deberá incorporar mejores condiciones de resistencia ante futuros movimientos sísmicos.
El más reciente balance del Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc), con corte al 20 de octubre, contabiliza 10,655 viviendas evaluadas y 35,065 personas registradas en las evaluaciones de daños. También reporta 619 centros educativos y 120 instalaciones de salud afectadas, además de 27 lesionados y una persona fallecida.

La emergencia mantiene 5,628 personas alojadas en 126 albergues, mientras continúan las inspecciones y la asistencia humanitaria. Las autoridades han movilizado más de 208,317 libras de suministros por vía aérea y 365 toneladas por tierra, con atención reportada en 175 comunidades afectadas.
Los resultados de las investigaciones geológicas serán fundamentales para determinar las condiciones de seguridad de los terrenos donde se reconstruirán viviendas.
Guerra Araúz sostiene que integrar las mediciones de desplazamiento con los registros de daños permitirá mejorar los modelos de amenaza sísmica y orientar la planificación territorial, especialmente en las comunidades más expuestas.
