La fuerza y los ejercicios con carga ganan lugar durante la menopausia

La disminución de estrógeno durante la menopausia afecta el tejido óseo y eleva la propensión a sufrir fracturas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los cambios que atraviesa el cuerpo durante la menopausia pueden modificar la fuerza, la composición corporal y la salud de los huesos. En ese contexto, el entrenamiento de resistencia aparece como una práctica que puede colaborar con la preservación de la fuerza muscular y la densidad ósea, siempre que se ajuste a las condiciones físicas y al historial de cada persona. El movimiento no tiene que limitarse a entrenamientos de alta exigencia ni a una sola disciplina. Caminar, realizar ejercicios de fuerza, trabajar el equilibrio y sumar actividad aeróbica son alternativas que pueden integrarse de manera gradual en una rutina orientada a la movilidad y a las tareas cotidianas. Un estudio, publicado en Osteoporosis International, analizó 80 investigaciones con 5.581 participantes posmenopáusicas y encontró un efecto favorable del entrenamiento sobre la densidad mineral ósea de la columna lumbar, el cuello femoral y la cadera. Este indicador permite evaluar la cantidad de minerales presentes en los huesos.

Otra investigación, publicada en BMC Women’s Health, evaluó 20 semanas de entrenamiento con pesas libres en mujeres de mediana edad antes y después de la menopausia. El trabajo observó aumentos de fuerza en sentadilla y press de banca en todos los grupos que completaron la intervención, aunque los cambios en masa muscular no fueron iguales entre las participantes premenopáusicas y posmenopáusicas.

La fuerza se vincula con la autonomía en las actividades diarias

Un metaanálisis de ochenta estudios demostró efectos favorables del ejercicio sobre la densidad mineral ósea de la cadera y la columna (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los ejercicios de resistencia consisten en mover los músculos contra una carga, la cual puede ser el propio peso corporal, una banda elástica, mancuernas, máquinas o pesas libres. La variedad de opciones permite adaptar la propuesta a la experiencia previa, la movilidad disponible y las necesidades de cada rutina.

Un artículo publicado en el Journal of Strength and Conditioning Research examinó los efectos de 12 meses de entrenamiento progresivo de resistencia en cinco mujeres posmenopáusicas, con una edad media de 75,6 años. La investigación registró cambios en el tejido muscular y en el volumen de las mitocondrias, estructuras celulares vinculadas con la producción de energía.

Ese estudio no encontró un aumento estadísticamente concluyente de la fuerza de las piernas en su muestra. Sin embargo, sus autores señalaron que el programa mostró modificaciones musculares que respaldan la importancia de trabajar con resistencia en mujeres mayores. La cantidad reducida de participantes obliga a interpretar esos resultados dentro del alcance específico de la investigación.

La fuerza muscular interviene en acciones habituales, como levantarse de una silla, trasladar bolsas, sostener la postura o subir escaleras. Por eso, el entrenamiento puede pensarse desde la funcionalidad y no únicamente desde el rendimiento o los cambios visibles en el cuerpo.

El inicio gradual resulta relevante cuando existe inactividad previa. Las cargas, repeticiones y tiempos de trabajo pueden incrementarse a medida que el cuerpo se adapta. Empezar con una exigencia excesiva puede dificultar la continuidad de la práctica y elevar la posibilidad de molestias o lesiones.

El trabajo de resistencia puede complementarse con ejercicios de equilibrio. Este componente cobra importancia porque la fuerza de las piernas y la estabilidad corporal se relacionan con la prevención de caídas, un aspecto especialmente relevante cuando hay pérdida de densidad ósea o temor a perder el equilibrio.

Los huesos responden a los estímulos de carga y al entrenamiento sostenido

La fuerza muscular sostiene la autonomía funcional en actividades cotidianas como subir escaleras o levantarse de una silla (Imagen Ilustrativa Infobae)

La menopausia coincide con una reducción del estrógeno, una hormona que interviene en la protección del tejido óseo. Por eso, durante esta etapa puede aumentar la atención sobre la osteoporosis, una condición en la que los huesos se debilitan y se vuelven más propensos a fracturas.

La revisión publicada en Osteoporosis International incluyó ensayos de ejercicio de al menos seis meses y analizó resultados en la columna lumbar, el cuello femoral y la cadera total. Sus conclusiones respaldaron un efecto positivo del ejercicio sobre la densidad mineral ósea en mujeres posmenopáusicas, sin detectar diferencias relevantes según la presencia de osteopenia u osteoporosis, el momento de la posmenopausia o el predominio de programas supervisados.

Estos resultados no implican que toda persona deba seguir la misma rutina. La intensidad, la frecuencia y el tipo de ejercicio deben considerar antecedentes de lesiones, enfermedades, dolores persistentes y diagnósticos previos. En particular, quienes tienen osteoporosis o antecedentes de fracturas pueden requerir una indicación profesional antes de sumar movimientos de impacto o determinadas cargas.

Los ejercicios con carga abarcan actividades en las que los huesos y músculos actúan contra la gravedad, como caminar, subir escaleras o bailar. El entrenamiento de resistencia agrega un estímulo mediante bandas, peso corporal, máquinas o pesas. Ambas modalidades pueden formar parte de una programación que también contemple descanso y recuperación.

La evidencia disponible tampoco permite presentar el ejercicio como sustituto de una evaluación médica. Los estudios de densidad mineral ósea, los controles clínicos y los tratamientos indicados cuando corresponden mantienen un papel propio en el cuidado de la salud.