
Laureano Clavero caminó durante horas por los médanos de El Remanso, en Mar del Sud, un pueblo de 2.500 habitantes en el partido bonaerense de General Alvarado, 17 kilómetros al sur de Miramar. Eran cerca de las 2 de la tarde de un día de noviembre de 2010 cuando vio brillar, a unos 50 metros, algunos cristales que reflejaban el sol. Se acercó y reconoció los vidrios de ventanas rotas décadas atrás por los propios lugareños para saquear lo poco que quedaba adentro. Había encontrado el Hotel Mar del Sud, el primer hotel fundacional del pueblo, construido en 1888, sepultado bajo toneladas de arena y convertido en leyenda urbana durante más de un siglo. Ahora, un proyecto de ordenanza presentado ante el Concejo Deliberante de General Alvarado busca ahora declarar sitio de interés patrimonial, histórico y arqueológico a la manzana 137 donde yacen esos restos, antes de que las motos y las camionetas terminen de destruirlos. Clavero, documentalista argentino que reside en España, llevaba cuatro años detrás de ese hotel. Había crecido con la leyenda en sus veranos en Mar del Sud y no le conformaban las explicaciones que recibía. Un marsureño le dijo que un tsunami lo había hundido bajo el mar y que bastaba con esperar la marea baja para divisar el edificio en perfectas condiciones. Otros vecinos, los más viejos, le aseguraban que el hotel nunca había existido, que era un cuento multiplicado por el boca en boca. “El Hotel Mar del Sud fue una leyenda que venía escuchando desde que era muy chico. Obviamente alimentó mi imaginario durante mucho tiempo”, contó Clavero en una nota de Infobae. “Cuando finalmente, y después de cuatro años, logré ubicarlo fue como un sueño hecho realidad”.

Con la poca documentación disponible —fotografías en mala calidad y apariciones esporádicas en periódicos de fines del siglo XIX—, Clavero coordinó entrevistas con los lugareños más ancianos. Los testimonios eran dispares. A partir de los relatos, marcó en un mapa de Mar del Sud distintos puntos con la supuesta ubicación del hotel.
Después de días de entrevistas miró el mapa con detenimiento. Los puntos iban de norte a sur, pero la zona de mayor coincidencia estaba en la playa de El Remanso.
En su primera incursión, que se extendió durante un mes, no lo encontró. Se había llevado de España un detector de metales con la ilusión de ubicar clavos, tenedores, cucharas, algún material metálico que lo acercara al hotel. Tiempo después comprendió que había rastreado un kilómetro alejado de la ubicación real. En la segunda expedición ajustó la búsqueda, recorrió los médanos y dio con los vidrios que cerraron la discusión.

Desde entonces se unió al arquitecto Pablo Grigera. Combinaron trabajo de campo y búsqueda de documentación en archivos y museos del país. Tras siete años de investigación escribieron el libro Hotel Mar del Sud. Un misterio bajo la arena, editado por Ediciones Oblicuas en 2016.
El arqueólogo Daniel Schávelzon, del Centro de Arqueología de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), se sumó después para validar los hallazgos y publicó junto con Grigera el artículo académico El Hotel Fantasma de Mar del Sud, datos de un rescate arqueológico.
A pesar de esa validación, el sitio arqueológico no tiene hasta la fecha un marco de protección legal a nivel municipal, provincial o nacional.
Las motos le pasan por encima al hotel enterrado
Las ruinas ubicadas en la manzana 137 de El Remanso enfrentan un proceso de degradación que se aceleró en los últimos años, con la popularización del balneario tras la pandemia. El tránsito continuo de vehículos todoterreno, cuatriciclos y motocross fue destruyendo la cobertura de las dunas y expuso las estructuras a la erosión.
“Al estar bloqueadas las calles municipales, la gente, para llegar a las playas más lindas de Mar del Sud, fue haciendo caminos y huellas por donde se lo permitía el terreno, sin saber que le estaban pasando por arriba al hotel – contó Clavero-. Lo destruyeron bastante, pero lo más valioso sigue estando enterrado bajo la arena”.

La propiedad de esa manzana no tiene titular. Nadie le hizo mejoras en los últimos 138 años. A la erosión se suma la extracción ilegal de materiales antiguos y el riesgo de usurpación del terreno.
“Las calles son públicas e imprescriptibles, y siempre estuvieron trazadas en esa zona, pero algún pícaro se encargó de bloquearlas para quedarse con tierra que no le pertenece. Y con el tiempo, el viento y los alambrados ilegales, fueron borrándose”, sostuvo Facundo Di Genova, escritor y vecino del pueblo, autor del libro En el lejano Sudeste. Mar del Sud, gauchos judíos y nazis en fuga. Di Genova firmó el proyecto de ordenanza en representación de Clavero y vecinos de Mar del Sud.
“Si el municipio se hubiera hecho cargo antes de las calles existentes que fueron bloqueadas por usurpadores, esto no hubiera pasado. Todavía están a tiempo. Mejor tarde que nunca”, agregó.
Lo que piden los investigadores y los vecinos es que el municipio libere las calles al dominio público y proteja la manzana del hotel con un cerco y carteles informativos. “No se necesita dinero, sino voluntad. Son dos mangos, nadie pierde, todos ganan; se protege un sitio que vale oro y te garantizas para el futuro no solo más turismo, sino también que los chicos que estudian arqueología o paleontología puedan trabajar en un yacimiento patrimonial no renovable”, explicó Di Genova.

Cuatro hombres, 565 hectáreas y un ferrocarril que nunca llegó
En mayo de 1888, una sociedad anónima integrada por el ingeniero Rómulo Otamendi, Rafael Herrera Vegas, Julio Goyena y Juan Bautista Otamendi adquirió 565 hectáreas de terreno al suroeste de Miramar. El objetivo era fundar un pueblo que replicara el éxito incipiente de Mar del Plata y ofreciera a las familias aristocráticas una opción de veraneo con el mar a pocos metros.
Rómulo Otamendi ya había participado de la traza de Miramar. Convocó al agrimensor Eugenio Moy y juntos diagramaron la nueva población con los mismos criterios urbanísticos: dos avenidas trazadas en diagonal desde la plaza principal, compuesta por cuatro manzanas. El trazado de Moy utilizaba la totalidad de las tierras y conformaba un emprendimiento de 544 manzanas, según el informe de Schávelzon y Grigera.
Para que el proyecto fuera posible había que vender los lotes. Se llevaron adelante tres remates entre enero y febrero de 1889. Las dos primeras rondas resultaron exitosas y los emprendedores colocaron gran parte de los terrenos. Los beneficios cuadruplicaron la inversión inicial de la sociedad anónima.
Detrás de la urbanización estaba la promesa de que el ferrocarril, que ya llegaba hasta Mar del Plata, se prolongaría primero hasta Miramar y luego hasta Mar del Sud. El tren recién llegó a Miramar en 1911. A Mar del Sud no llegó nunca.
“La historia habría sido diferente si el ferrocarril hubiera llegado a Mar del Sud. Tanto para Mar del Sud como quizás también para Mar del Plata o Miramar – dijo Schávelzon en una nota de Infobae- . El sitio fracasó porque los que le prometieron construir el ferrocarril hasta ahí fueron los mismos que financiaron Mar del Plata y les fallaron. Para mí fue un simple engaño, los estafaron, pero no puedo probarlo”.

La construcción del hotel a partir de 1889 había surgido con la expectativa de que la nueva ciudad se convertiría en un punto turístico, pero todos los registros indican que su existencia duró, en el mejor de los casos, dos temporadas. La crisis de 1890, durante la presidencia de Miguel Juárez Celman, aceleró la caída. A eso se sumó una competencia imprevista. El Hotel Boulevard Atlántico, con casi 100 habitaciones, se montó a solo un kilómetro de distancia, del otro lado del arroyo La Carolina.
El hotel se había levantado sobre un terreno inestable, con movimientos de dunas que arrastraban toneladas de arena cada año. Los médanos no estaban fijados como ahora con árboles y plantas. Los dueños lo abandonaron y la arena, con el correr de los años, lo sepultó.
Lo que esconde el sótano
El edificio tenía dimensiones austeras. Eran habitaciones pequeñas a un lado y otro del patio principal, cubiertas de chapa y colocadas sobre tirantes de madera. Sus paredes fueron levantadas con ladrillos comunes que hoy, más de 130 años después, se pueden ver en las casas más cercanas al hotel. A mediados de la década del 30, los vecinos del pueblo aprovecharon el abandono para saquearlo, tomar los materiales y usarlos en sus viviendas.
En su expedición, Schávelzon descubrió que el edificio tiene dos “operaciones constructivas”: la segunda se hizo demoliendo sectores para colocar pisos más amplios que pasaban por encima de los cimientos y pisos anteriores.

Pedro Bovet, un marsureño, ya veía la decadencia con sus propios ojos en 1911. “Agoniza semienterrado otro edificio destinado a hotel. Las arenas ya entran por las ventanas y salen por las puertas; las habitaciones son sótanos, el edificio se encorva y sucumbe. Quise interrogar abrumado por mi soledad, el guardián no estaba. Sin duda esa desolación le pesaba también”, escribió Bovet.
Schávelzon advirtió, por fotos de principios del siglo XX, que ya entonces la gente entraba y trepaba los muros del hotel. Encontró un boquete en la pared y una excavación en la arena para ingresar. El objetivo era saquear ladrillos y restos olvidados.
Queda el sótano. Las construcciones de la época, como el Hotel Boulevard Atlántico, lo tenían. “Una de las cosas que me desvela es qué guardará ese sótano que hoy se encuentra enterrado en la arena. El yacimiento de los médanos muestra que el hotel está colapsado, que la arena se apoyó en los muros y los derrumbó. Pero al sótano nadie llegó”, dijo Clavero.
El proyecto de ordenanza presentado ante el Concejo Deliberante de General Alvarado propone declarar a la manzana 137 como Sitio de Interés Patrimonial, Histórico y Arqueológico Municipal. Incluye la prohibición de circulación de vehículos motorizados sobre la zona de dunas, acantilados y playa del perímetro protegido; la exigencia de un estudio de impacto arqueológico previo para cualquier obra o movimiento de suelo, supervisado por el municipio y el Museo de Ciencias Naturales de Miramar “Punta Hermengo”; y la instalación de cartelería informativa con trazados peatonales controlados para uso educativo y turístico, sin alterar el subsuelo. La Ley Nacional N° 25.743 establece que los restos arqueológicos son de dominio público del Estado y asigna a los municipios la responsabilidad de su custodia.
El tratamiento del proyecto en el Concejo Deliberante definirá si los restos del primer hotel fundacional de Mar del Sud obtienen protección. A 3,20 metros bajo la superficie del médano, el sótano sigue sellado.
