
En un mundo donde las personas viven cada vez más años, la menopausia y la posmenopausia pueden ocupar más de un tercio de la vida de muchas mujeres. Frente a esa realidad, el Congreso Mundial de Menopausia realizado en Río de Janeiro puso el foco en la necesidad de detectar y tratar los síntomas de forma temprana, con planes ajustados a la historia clínica y las necesidades de cada paciente. Cada año, 47 millones de mujeres ingresan en la menopausia y se estima que 450 millones presentan trastornos asociados con esta transición. El encuentro, que reunió a 4.000 médicos y recibió 900 trabajos científicos, reflejó un cambio de enfoque: el climaterio dejó de pensarse solo en relación con los sofocos y empezó a abordarse también desde la salud cardiovascular, metabólica, cerebral, emocional y laboral. La menopausia no es una enfermedad. Se confirma luego de 12 meses sin menstruación, mientras que la perimenopausia abarca los años previos, cuando comienzan las irregularidades menstruales y pueden aparecer síntomas. El climaterio, en tanto, comprende todo el proceso de transición hacia el fin de la función reproductiva. Síntomas que afectan el sueño, el ánimo y la vida cotidianaLos sofocos y los sudores nocturnos son las manifestaciones más frecuentes. Se estima que 80% de las mujeres los atraviesa en algún momento, en especial durante la perimenopausia. Cuando persisten, pueden afectar el descanso, provocar fatiga diurna y repercutir sobre el ánimo y la concentración. La agenda científica del congreso mostró que esos síntomas forman parte de un cuadro más amplio. Durante esta etapa pueden aparecer cambios en la distribución de la grasa corporal, aumento de la presión arterial, alteraciones del colesterol y una mayor resistencia a la insulina. Por eso, el seguimiento clínico contempla también los factores de riesgo cardiovascular y metabólico. La disminución de estrógenos puede tener efectos en tejidos y órganos de todo el cuerpo. A los sofocos se suman, en algunos casos, sequedad vaginal, molestias durante las relaciones sexuales, dolores articulares, cambios en la piel, alteraciones digestivas, insomnio y dificultades cognitivas leves. La intensidad y la duración varían entre pacientes. Algunas atraviesan esta transición con pocas molestias; otras presentan síntomas capaces de interferir con el trabajo, los vínculos o las actividades diarias. La terapia hormonal y la ventana de los primeros 10 añosUna de las ideas centrales que surgió en Río fue la importancia de consultar de manera oportuna. La terapia hormonal para la menopausia suele evaluarse en mujeres menores de 60 años o dentro de los primeros 10 años desde el inicio de la menopausia. Ese período se conoce como “ventana de oportunidad”. Sin embargo, los especialistas coinciden en que la indicación no es automática. Requiere valorar los síntomas, la edad, los antecedentes personales y familiares, los riesgos cardiovasculares y oncológicos, además de las preferencias de cada paciente. La dosis, la vía de administración y el tipo de tratamiento también deben adaptarse de forma individual. Lorena Pacienza es médica ginecóloga especialista en climaterio (MN 111074) e integrante del equipo de No Pausa, una organización de salud integral dedicada a acompañar a las mujeres durante el climaterio. Consultada por Infobae, explicó que la terapia hormonal debe considerarse dentro de esa ventana y tras una evaluación completa. Puede mejorar la calidad de vida al reducir sofocos y trastornos del sueño, dos factores que muchas veces repercuten en el bienestar emocional y cognitivo.La ventana se refiere a las terapias hormonales y no define el acceso a todas las alternativas disponibles. “Aplica para lo que son terapias hormonales de reemplazo”, explicó Milagros Kirpach, fundadora y CEO de No Pausa, en diálogo con Infobae. Kirpach, quien participó del congreso, ubicó en las terapias no hormonales una de las principales novedades discutidas durante el encuentro. Se trata de opciones destinadas, entre otros síntomas, a los sofocos, los sudores nocturnos y las alteraciones del sueño, y resultan relevantes para quienes no desean recibir hormonas o tienen contraindicaciones, como algunas pacientes con antecedentes de cáncer de mama o menopausia inducida. Estos tratamientos buscan actuar sobre receptores neuronales y otros mecanismos relacionados con la regulación de la temperatura corporal. Su disponibilidad y conveniencia dependen de cada caso, por lo que la elección debe hacerse con acompañamiento profesional. La niebla mental suele ser transitoria, pero amerita una mirada integralOlvidar una palabra, perder el hilo de una conversación o tener más dificultades para sostener la atención son consultas frecuentes durante la transición menopáusica. Entre 40% y 60% de las mujeres refiere alguna de estas dificultades, según especialistas consultados por Infobae. La doctora Gladys Fernández, médica ginecóloga y jefa de la Sección Endocrinología Ginecológica y Climaterio del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires, describió en una nota previa de Infobae que estas manifestaciones como “alteraciones leves de la memoria y de la atención”, que pueden incluir problemas para recordar palabras, nombres, números o mantener un hilo de pensamiento.
La médica tocoginecóloga Yasmin Mehanna, integrante de la División Ginecología del mismo hospital, explicó en la misma nota que estos cambios no responden únicamente al paso del tiempo. “Estarían relacionados con las fluctuaciones hormonales y, especialmente, con la disminución de los niveles de estrógenos” durante la transición tardía y los primeros años posteriores a la última menstruación, señaló.

Fernández y Mehanna remarcaron que, en la mayoría de los casos, la niebla mental es leve, transitoria y tiende a mejorar cuando los niveles hormonales se estabilizan. En cambio, un deterioro progresivo que compromete la autonomía o las actividades cotidianas requiere una evaluación médica y neuropsicológica para descartar otras causas.
El sueño insuficiente, la ansiedad, la depresión, el estrés y algunos medicamentos también pueden afectar la atención y la memoria. La endocrinóloga Laura Maffei advirtió a Infobae que la caída de las hormonas sexuales vuelve más sensible la respuesta al estrés, que puede agravar el insomnio, los cambios de ánimo y la tendencia a la depresión.
La terapia hormonal no debe indicarse con el objetivo principal de mejorar la memoria o prevenir demencia. Algunas mujeres perciben una mejoría indirecta de la concentración cuando disminuyen los sofocos, descansan mejor y reducen la fatiga.
Ejercicio, hábitos y control metabólico para la salud cerebral

El cuidado durante el climaterio combina tratamiento de los síntomas con hábitos que favorecen la salud general. Pacienza destacó la actividad física como una herramienta para mejorar la función cognitiva, preservar la masa muscular y reducir la inflamación.
Dormir bien, sostener una alimentación equilibrada, mantener vínculos sociales y manejar el estrés son otros componentes de esa estrategia. También es importante controlar la presión arterial, la glucemia y el perfil lipídico, ya que los factores cardiovasculares tienen impacto sobre la salud cerebral a largo plazo.
Los suplementos pueden tener indicaciones en situaciones específicas, pero requieren evaluación individual. No sustituyen un abordaje médico ni reemplazan los hábitos que cuentan con mayor respaldo para cuidar la salud durante esta etapa.
El impacto en la concentración y el rendimiento laboral

La menopausia coincide, para muchas mujeres, con años de alta exigencia profesional. Es una etapa en la que suelen asumir puestos de liderazgo, acumulan experiencia y sostienen responsabilidades de cuidado dentro de sus familias.
Para Kirpach, los cambios cognitivos asociados con esta transición permanecen invisibilizados en el trabajo. “Empezamos a estar en lugares de verdadero liderazgo y toma de decisión en simultáneo con una etapa hormonal natural que impacta, entre otras cosas, en la concentración”, señaló a Infobae.
Kirpach advirtió que la niebla mental y las dificultades para concentrarse pueden afectar la autoestima y la seguridad al tomar decisiones. También planteó que ese impacto puede convertirse en una barrera adicional para las mujeres que buscan sostener o alcanzar puestos jerárquicos.
En una base de 21.000 mujeres de América Latina relevada por No Pausa, el 35% informó un impacto negativo de los síntomas menopáusicos en su rendimiento laboral. 6 de cada 10 mujeres afectadas mencionaron problemas de concentración y 3 de cada 10 dijeron que debieron faltar al trabajo por malestar.
Reconocer estos síntomas no implica asociar menopausia con menor capacidad laboral. La discusión apunta a que las mujeres puedan acceder a información, consulta y tratamientos antes de que el malestar comprometa su calidad de vida o sus trayectorias profesionales.
