Por qué emigrar también implica un duelo: la explicación de una psicóloga sobre la identidad, la nostalgia y los vínculos

Quien se va deja atrás un barrio, una mesa familiar, amigos y formas de hablar que parecían permanentes. Al llegar a otro país, esas referencias se reordenan y la vida cotidiana adquiere otra escala: la migración transforma la identidad y abre un proceso de duelo que, para muchas personas, es “también un duelo y también un nacimiento”. Juliana Bereny, psicóloga especializada en duelo migratorio, explicó en Infobae A las Nueve que la llegada suele comenzar mucho antes del vuelo y continúa cuando se apagan las expectativas de los primeros días. En ese tránsito, Bereny advierte que “hay muchas complejidades”: quien emigra debe orientarse sin las referencias que durante años ordenaron su vida. El desarraigo puede irrumpir en situaciones mínimas, desde buscar un comercio hasta explicar una costumbre o decidir a quién llamar en un momento difícil. La especialista sostiene que se pierden “el barrio, los amigos, la familia, la pertenencia”, y que esa ausencia altera la percepción de uno mismo. Para la psicóloga, la identidad queda “sin coordenadas simbólicas” cuando se abandona el entorno conocido. En las consultas, esa sensación aparece condensada en una frase que escucha con frecuencia: “No sé quién soy”. No se trata, según Bereny, de recuperar intacta la persona que se era antes de partir. El proceso demanda dejar atrás una versión propia y encontrar recursos para habitar el nuevo lugar. “En la emigración hay que sacar la energía de uno mismo”, planteó.Esa tarea toma formas distintas según la historia de cada persona, su edad, el momento de vida, los conflictos previos y las condiciones de llegada. Por eso, la especialista define el recorrido como la posibilidad de “reinventarte” y de “transformar tu identidad”. La ilusión de la partida convive con las pérdidas Antes de salir, la vida en otro país suele concentrar promesas de estabilidad, bienestar o cambio. Bereny considera que cierta expectativa resulta necesaria para animarse a partir, porque “un poco de esa idealización es necesaria para subirte a un avión”. Con el paso de los meses, ese horizonte puede chocar con trámites, soledad y vínculos que ya no están al alcance de una visita espontánea. La psicóloga observa que muchas personas postergan el bienestar y se dicen que “la felicidad está en el futuro”.En algunos casos, la expectativa también funciona como una forma de justificar la distancia. Entre los relatos que recoge aparece esta idea: “Yo necesito que valga la pena la emigración para no extrañar tanto a mis viejos”. Para Bereny, una vida que funciona en el exterior no elimina el vínculo con lo que quedó del otro lado. La nostalgia puede aparecer incluso cuando hay trabajo, amigos y proyectos nuevos, porque “a tus viejos los vas a extrañar probablemente”. La posibilidad de atravesar ese contraste, explica, exige reconocer aquello a lo que se renuncia en lugar de medir la experiencia solo por lo ganado. El punto de partida es “ser consciente de todas las renuncias que va a haber”. La idea de volver puede sostener a quien vive afuera La partida tampoco tiene el mismo sentido para quienes eligieron emigrar que para quienes se fueron sin alternativas. En estos últimos casos, Bereny señala que deben armar otra vida y “duelar quizás una vida que era elegida”. Frente a esa diferencia, conservar la posibilidad de regresar puede operar como un sostén emocional, aunque el retorno no tenga fecha ni condiciones definidas. “Aquel que emigra tiene que sentir que tiene la posibilidad de volver”, sostuvo la psicóloga. La vuelta imaginada permite, a veces, tolerar la distancia y construir una rutina lejos del país de origen. En los momentos de angustia, el deseo de retorno suele aparecer en una frase simple, “me quiero volver”, que no siempre equivale a un plan concreto. También el regreso exige un trabajo propio. La persona que retorna encuentra que el país, los vínculos y ella misma cambiaron durante la ausencia; por eso, Bereny remarca que “es una remigración y hay que volver a elaborar el duelo”. Hablar otra lengua puede modificar la forma de estar con otros El idioma agrega una capa a esa sensación de extrañamiento cuando la vida transcurre en un país con otra lengua. Las palabras permiten mostrar tonos, humor y rasgos personales que no siempre encuentran un equivalente inmediato, y hay quienes sienten que “nunca más volví a ser yo al cien por ciento”.Aprender a comunicarse en una lengua nueva puede resolver necesidades prácticas sin borrar esa distancia íntima. Aun con dominio del idioma, la espontaneidad puede resentirse y obligar a buscar otras formas de decir lo que antes salía sin pensar. Al mismo tiempo, ciertas costumbres del lugar de origen adquieren una importancia renovada. La psicóloga lo resume en una observación que escucha y reconoce en su práctica: “No hay más argentino que el que emigró”. Tomar mate, seguir una conversación familiar por videollamada o mirar un partido pueden volverse rituales para acortar distancias. Para Bereny, esos encuentros compartidos funcionan por un rato como “un puente” entre quienes están afuera y quienes permanecieron cerca. La despedida también alcanza a quienes permanecen El duelo migratorio no pertenece solamente a quien toma el avión. Del otro lado quedan familias y amistades que deben acomodar ausencias nuevas, una experiencia que, según la especialista, obliga a nombrar “el duelo de los que se quedan”. Madres de personas emigradas le agradecieron a Bereny que pusiera palabras a ese costado de la partida. “Uno cuando se va lo decide”, señaló la psicóloga al contrastar la decisión de quien parte con la situación de sus familiares. La distancia prolongada modifica los grupos de amigos, los roles familiares y las ocasiones de encuentro. En algunos casos, explicó, “se rompe el grupo de amigos” porque las rutinas ya no consiguen reunir a las mismas personas. Los domingos suelen condensar esa falta en hogares acostumbrados a compartir comidas o visitas. “El domingo te mata”, dijo Bereny al referirse al peso que pueden tener esas fechas y hábitos después de una despedida. Quienes se quedan pueden comprender las razones de la partida y acompañar el proyecto de quien emigró, sin que eso vuelva sencilla la separación. La distancia cambia costumbres y vínculos, incluso cuando se intenta sostenerlos con mensajes y llamadas. Lejos de los roles familiares, algunas preguntas toman otra forma Salir del entorno conocido puede modificar escenas que durante años parecían fijas. Para la especialista, al cambiar de país “se modifica algo del contexto y de la escena familiar”, y esa distancia permite mirar de otro modo los papeles asumidos en casa. Muchas personas llegan al exterior con un lugar definido dentro de su familia, como hijo, hermana, pareja o cuidador. Al alejarse de esas dinámicas, pueden preguntarse con más libertad “¿quién soy yo lejos de mi historia?”. En ese movimiento aparecen aspectos de la vida personal que antes resultaban difíciles de expresar o revisar. Bereny menciona consultas vinculadas con relaciones familiares, emociones y sexualidad, temas que pueden encontrar otro espacio lejos de la mirada habitual. La posibilidad de cambiar no evita las dificultades de la adaptación ni reemplaza el trabajo subjetivo que demanda. Sin embargo, la psicóloga sostiene que la experiencia “tiene muchos beneficios a nivel psicológico” cuando cada persona logra reconocerlos y elaborarlos. La terapia reúne los efectos que deja la experiencia migratoria Durante la pandemia, Bereny abrió un espacio gratuito de acompañamiento para personas que vivían en distintos países. “Empecé a acompañar a personas que estaban paradas por distintas partes del mundo”, recordó sobre el inicio de ese trabajo. Esa experiencia terminó de orientar su práctica hacia quienes emigraron. En los relatos de esos pacientes identificó “la revolución emocional que hay atrás de emigrar”, atravesada por pérdidas, expectativas y cambios en los vínculos. – Infobae te acompaña cada día en YouTube con entrevistas, análisis y la información más destacada, en un formato cercano y dinámico. • De 7 a 9: Infobae al Amanecer: Nacho Giron, Luciana Rubinska y Belén Escobar. • De 9 a 12: Infobae a las Nueve: Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet. • De 12 a 15: Infobae al Mediodia: Maru Duffard, Andrei Serbin Pont, Fede Mayol y Facundo Kablan. • De 15 a 18: Infobae a la Tarde: Manu Jove, Maia Jastreblansky y Paula Guardia Bourdin; rotan en la semana Marcos Shaw, Lara López Calvo y Tomás Trapé. • De 18 a 21: Infobae al Regreso: Gonzalo Aziz, Diego Iglesias, Malena de los Ríos y Matías Barbería; rotan en la semana Gustavo Lazzari, Martín Tetaz y Mica Mendelevich Seguinos en nuestro canal de YouTube @infobae.