
El dolor abdominal transitorio asociado al ejercicio puede aparecer en cualquier momento: durante una carrera, un partido de pádel o incluso al correr para tomar un colectivo. Aunque interrumpe la actividad de forma brusca, se trata de una molestia generalmente inofensiva que tiene causas claras y soluciones concretas. El cirujano ortopédico estadounidense William B. Workman y la fisioterapeuta Milica McDowell explicaron a la revista Prevention qué hay detrás de este fenómeno y cómo manejarlo. Del mismo modo, una revisión científica que analizó 19 investigaciones publicadas entre 2000 y 2025 encontró que el cuadro afecta a hasta el 70% de los corredores al menos una vez al año. Pese a su alta prevalencia, los mecanismos exactos todavía no están del todo establecidos, y los autores advirtieron que se necesitan más trabajos para desarrollar terapias específicas. Lo que sí quedó claro es que el fenómeno no tiene relación con la deshidratación ni con una baja condición física, dos creencias muy extendidas entre los deportistas. La revisión identificó como desencadenantes el entrenamiento de alta intensidad, el calentamiento insuficiente, el estrés y el consumo de bebidas azucaradas o comidas abundantes justo antes de salir a entrenar.
La fricción del peritoneo y el espasmo diafragmático explican el origen del dolor

La causa más probable es la irritación del peritoneo parietal, la membrana que recubre la pared abdominal. Workman explicó que, en actividades con movimiento repetitivo del torso —como correr—, los órganos abdominales traccionan esa membrana, y la fricción resultante produce el característico pinchazo agudo y localizado bajo las costillas.
La segunda hipótesis apunta a un espasmo en el diafragma provocado por una postura inadecuada al moverse. Aunque ambas explicaciones tienen respaldo científico, las investigaciones coinciden en que ninguna descarta a la otra: en muchos casos, los dos mecanismos pueden operar en simultáneo.
Por su parte, McDowell señaló que los episodios tienden a volverse menos frecuentes con el paso de los años. Según los datos revisados en 2025, el dolor es más común entre deportistas jóvenes, aunque los atletas entrenados tampoco son inmunes a padecerlo.
Alimentación moderada, calentamiento y postura reducen las chances de que aparezca

Comer en abundancia antes de entrenar es uno de los principales factores que elevan el riesgo: un estómago lleno aumenta la tensión sobre los ligamentos del peritoneo, según el cirujano ortopédico. Si hay hambre antes de la sesión, una bebida liviana unos 30 minutos antes suele ser suficiente sin generar inconvenientes.
Calentar la musculatura abdominal puede marcar la diferencia. La fisioterapeuta mencionó que posturas de yoga o una extensión suave de pie con las manos en las caderas son opciones útiles para reducir la rigidez antes de empezar. El objetivo es preparar el cuerpo para el movimiento repetitivo que viene.
Mantener una postura erguida, con la caja torácica alineada directamente sobre la pelvis, evita comprimir los sistemas respiratorio y digestivo. Este ajuste, combinado con una alimentación moderada y el fortalecimiento previo del core, forma el conjunto de medidas que los profesionales recomiendan de manera consistente.
Respiración profunda y presión manual son las claves para aliviar el pinchazo en el momento

Cuando el malestar ya apareció, la indicación es detenerse o bajar el ritmo, respirar hondo y presionar con suavidad los dedos sobre el costado afectado mientras se exhala. Con esta técnica, la molestia suele ceder en cuestión de minutos.
Si persiste pese a esas medidas, o si se acompaña de fiebre o malestar gastrointestinal, lo indicado es consultar a un médico para descartar otras causas.
Ante síntomas como irradiación al pecho o a la espalda, falta de aire o mareos, la indicación es llamar a emergencias de inmediato: esas señales pueden indicar un evento cardíaco.
