Puerto Esperanza, el pueblo cubano donde el pescado es un lujo: sin luz, sin combustible y con una deuda imposible de saldar cada jornada

Fotografía del 29 de septiembre de 2026 de un pescador navegando en su embarcación en la zona pesquera de Puerto Esperanza, en Pinar del Río (Cuba). EFE/ Ernesto Mastrascusa

Puerto Esperanza, en el extremo occidental de Cuba, lleva su nombre como una ironía cotidiana. Sus 5,000 habitantes sobreviven sin electricidad estable, sin combustible accesible y con el pescado —su principal recurso— convertido en un lujo inalcanzable para la mayoría.

Así lo documentó EFE, agencia de noticias española, en un recorrido por este poblado de Pinar del Río. “La vida del pescador es dura, muy difícil”, dijo a la agencia Eusebio Pérez, pescador de 70 años dedicado a la pesca deportiva desde hace ocho años, mientras limpiaba su bote tras una noche de faena. El combustible cuesta más que lo que se pesca Alexis González, de 45 años, resume la ecuación imposible del oficio. Invierte en promedio 11,000 pesos cubanos (14 dólares al cambio informal) cada jornada para salir a pescar. El litro de petróleo en el mercado negro alcanza los dos dólares y su embarcación necesita entre cinco y ocho litros por salida. “Hay que salir a pescar todos los días para poder subsistir y hacer algún dinerito, pero el combustible vale mucho y es más la inversión de lo que pescas”, relató González a la agencia. Antes tenía una carpintería, pero la crisis lo obligó a abandonarla. “A veces no se pesca nada, y viras vacío, y hay veces que ni el petróleo pagas”, agregó. En Puerto Esperanza, la electricidad llega apenas dos horas al día. Sin forma de conservar la pesca, González debe venderla de inmediato o perderla.La combinación de falta de combustible para salir a faenar y la ausencia casi total de electricidad para refrigerar la captura reduce la oferta disponible. El producto local termina destinado a pocos compradores dispuestos a pagar precios elevados, mientras el resto de la población queda sin acceso a su propio recurso. Una crisis agravada por el bloqueo petrolero La situación del puerto venía deteriorándose desde la pandemia, pero se agudizó en enero, cuando Estados Unidos impuso un bloqueo petrolero de facto contra la isla. La medida forma parte de una escalada de sanciones de la administración de Donald Trump contra el gobierno cubano.El contexto nacional confirma la gravedad del cuadro energético. Según informó EFE en una nota separada sobre el estado de la red eléctrica, Cuba sufrió apagones de más de 2.000 megavatios de déficit durante al menos 23 de los 28 días registrados entre septiembre y octubre, con averías en centrales termoeléctricas y decenas de plantas de generación distribuida paralizadas por falta de combustible. La inflación interanual alcanzó el 25,19% en agosto, según la Oficina Nacional de Estadística e Información de Cuba, con los alimentos y bebidas no alcohólicas con un alza superior al 36% en el mismo período. El pescado, inalcanzable para quien no pesca La paradoja de Puerto Esperanza es que, en un pueblo cuya economía gira en torno al mar, el pescado escasea y se vende a precios que superan el salario de buena parte de sus habitantes. “Para un simple trabajador es imposible llegarle por lo alto que están los precios”, dijo a EFE José Machado, médico del pueblo, cuyo salario ronda los 8.880 pesos cubanos (11 dólares al cambio informal). El costo de cualquier pescado no baja de los cinco dólares.

FOTO DE ARCHIVO: Un hombre pesca cerca del buque cisterna Alicia, con bandera cubana, atracado en la terminal de Matanzas, en Matanzas, Cuba, el 10 de febrero de 2026. REUTERS/Norlys Perez/Archivo

Mireya Acosta, de 70 años, trabaja en el despalillo de tabaco, una de las pocas actividades económicas que sostienen a la isla. “Antes se vivía mejor, por dondequiera que salías encontrabas alimentación; pero ahora esto está que para qué”, recordó ante la agencia.

Un fenómeno que se repite en toda la isla

El panorama de Puerto Esperanza no es aislado. Según documentó Bloomberg Línea esta semana, el racionamiento eléctrico llevó al viceministro de Asuntos Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, a reconocer que en su propia casa la electricidad llegó apenas dos o tres horas diarias durante los últimos ocho meses.

Ante la escasez, la isla aceleró la instalación de parques solares, que según el presidente Miguel Díaz-Canel ya generan cerca de una quinta parte de la electricidad del país.

Sin embargo, la ausencia de sistemas de almacenamiento a gran escala limita su aporte a las horas de luz solar, lo que deja expuesto el déficit nocturno que golpea a comunidades como la de los pescadores pinareños.