Ultraprocesados y salud: por qué no todos tienen el mismo efecto sobre el cáncer colorrectal

Un estudio con más de 461.000 adultos en Estados Unidos determinó que el consumo total de ultraprocesados no eleva el riesgo de cáncer colorrectal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una investigación con más de 461.000 adultos en Estados Unidos halló que el consumo total de alimentos ultraprocesados no se vinculó con un mayor riesgo de cáncer colorrectal, aunque ciertos productos dentro de esa categoría, como las carnes procesadas, sí mostraron una asociación desfavorable. El estudio, publicado en PLOS Medicine, siguió hasta 2018 a participantes de entre 50 y 71 años del Estudio de Dieta y Salud NIH-AARP. Durante ese período se diagnosticaron 10.075 casos de adenocarcinoma colorrectal. Los resultados introduce precisiones en un debate marcado por mensajes amplios sobre los efectos de los ultraprocesados.Los investigadores analizaron los hábitos alimentarios de 461.682 personas que no tenían cáncer al comienzo del seguimiento. El consumo mediano de ultraprocesados fue de 293 gramos por cada 1.000 calorías diarias, equivalente al 43% de la energía consumida por los participantes. Al comparar a quienes tenían el mayor y el menor consumo de estos productos, el estudio no identificó una diferencia significativa en la incidencia de cáncer colorrectal. El cociente de riesgo fue de 0,97, una cifra que no mostró una tendencia estadística concluyente. El resultado contrasta con la idea de que todos los alimentos incluidos en esta categoría producen el mismo efecto sobre la salud. Para los autores, la explicación puede estar en la diversidad de productos que agrupa la definición de ultraprocesado. Las carnes procesadas y los cereales integrales mostraron asociaciones opuestasEl análisis por subgrupos reveló diferencias entre los alimentos. La carne procedente de productos ultraprocesados se asoció con una mayor incidencia de cáncer colorrectal. En cambio, los cereales integrales, la fibra, los lácteos y el calcio de estas fuentes se vincularon con una menor incidencia. Las asociaciones opuestas entre los distintos alimentos podrían explicar por qué el consumo total de ultraprocesados no mostró un efecto uniforme sobre el riesgo de cáncer colorrectal. El estudio respalda, de este modo, recomendaciones nutricionales ya conocidas: priorizar fibra y cereales integrales, incorporar lácteos y calcio dentro de una dieta equilibrada, y limitar las carnes procesadas. La investigación no plantea que un producto industrializado con lácteos o cereales integrales prevenga por sí mismo un tumor. Tampoco permite concluir que el procesamiento sea inocuo. Su aporte consiste en diferenciar alimentos que suelen quedar reunidos bajo una misma etiqueta. La clasificación NOVA mide el procesamiento, no el perfil nutricionalEl sistema NOVA ordena los alimentos según el grado y el objetivo del procesamiento industrial. En su categoría de ultraprocesados incluye productos elaborados con ingredientes derivados de alimentos, aditivos y formulaciones que, en muchos casos, contienen escasa proporción de alimentos enteros. Sin embargo, esa clasificación no evalúa de forma directa el contenido de fibra, calcio, grasas saturadas, sodio o azúcares añadidos. Erikka Loftfield, autora de la investigación, señaló que el término describe el nivel y la finalidad del procesamiento, pero no la calidad nutricional de un producto. Por eso, una categoría que incluye carnes listas para consumir, bebidas azucaradas, panes integrales, cereales y determinados lácteos puede contener perfiles nutricionales y asociaciones sanitarias muy diferentes. El nuevo trabajo apunta a que la calidad global de la dieta puede tener más peso que el procesamiento considerado de manera aislada. Señales silenciosas de daño cerebral en consumidores frecuentes de ultraprocesadosEl debate sobre estos productos sigue siendo relevante por otros hallazgos recientes. Una investigación canadiense publicada en JAMA Network Open, reseñada previamente por Infobae, examinó resonancias magnéticas de cerca de 9.000 adultos de entre 35 y 69 años que no tenían antecedentes cardiovasculares ni otras enfermedades conocidas.

Las personas con mayor ingesta de ultraprocesados presentaron un 40% más de probabilidades de tener lesiones silenciosas en la sustancia blanca cerebral, alteraciones que no generan síntomas inmediatos, pero que se han relacionado con un mayor riesgo futuro de accidente cerebrovascular y deterioro cognitivo.

El resultado fue más marcado entre las mujeres: aquellas situadas en el grupo de consumo más elevado tuvieron casi el doble de probabilidades de mostrar estas señales que las participantes con menor ingesta. El estudio también registró mayor acumulación de grasa corporal y visceral entre quienes consumían más productos industrializados.

El reemplazo de alimentos enteros como factor del impacto

La dieta de los consumidores habituales de ultraprocesados redujo la proporción de alimentos enteros del 68% al 41%. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El trabajo canadiense detectó un cambio paralelo en la composición de la dieta. Entre las personas con menor consumo de ultraprocesados, los alimentos enteros —como frutas, verduras y granos— representaban el 68% de la ingesta diaria. En el extremo de mayor consumo, esa proporción descendía al 41%.

Esa observación aporta contexto al estudio sobre cáncer colorrectal: el posible impacto de un alimento depende también de qué desplaza en la dieta. Una comida basada en productos con alto contenido de sodio, azúcares o grasas y baja densidad nutricional no tiene las mismas características que otra que aporta fibra, calcio o granos integrales.

En Estados Unidos, los ultraprocesados representaron en promedio el 55% de las calorías diarias consumidas por personas mayores de un año entre agosto de 2021 y agosto de 2023, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Esa presencia extendida vuelve importante distinguir entre los distintos tipos de productos y sus patrones de consumo.

Los alimentos ultraprocesados aportaron el 55% de las calorías diarias en la población estadounidense entre 2021 y 2023. (Freepik)

Ambas investigaciones tienen límites que obligan a interpretar sus resultados con cautela. El estudio sobre cáncer colorrectal es observacional y se basó en cuestionarios sobre alimentación informados por los propios participantes. Ese diseño permite detectar asociaciones, pero no demostrar que un alimento haya causado o evitado una enfermedad.

También pueden intervenir factores que no hayan sido medidos por completo, como otros hábitos de vida, el acceso a alimentos frescos o diferencias socioeconómicas. En el caso del estudio canadiense, las evaluaciones se realizaron en un único momento, sin seguimiento posterior, por lo que tampoco puede establecer una relación causal entre el consumo de ultraprocesados y las lesiones cerebrales.

Los resultados no modifican la recomendación de priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados, como frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales. Pero sí cuestionan la utilidad de tratar a todos los ultraprocesados como un grupo idéntico: la carne procesada y las bebidas azucaradas no tienen el mismo perfil que un alimento con fibra, granos integrales o calcio.