
Una investigación realizada con 5515 adolescentes de Estados Unidos halló que un mayor número de pasos diarios entre los 11 y los 12 años se asoció con menos problemas de salud mental un año después. El trabajo, publicado en JAMA Network Open, también detectó diferencias en áreas cerebrales relacionadas con el movimiento y la regulación emocional. Los participantes formaron parte del Estudio de Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente, realizado en 21 centros de Estados Unidos. Durante tres semanas utilizaron dispositivos para registrar sus pasos diarios y, un año más tarde, los investigadores evaluaron indicadores como ansiedad, bajo estado de ánimo y problemas de conducta mediante cuestionarios respondidos por los jóvenes y sus padres. La relación se mantuvo hasta los 12.000 pasos diarios o másEl estudio encontró una relación gradual entre la actividad cotidiana y los resultados de salud mental. Los adolescentes que caminaban menos de 5.000 pasos por día concentraron la mayor cantidad de síntomas. Quienes promediaban 8.000 pasos mostraron menos dificultades, mientras que los que llegaban a 12.000 pasos diarios o más presentaron los niveles más bajos de problemas de salud mental. Los autores no detectaron un punto a partir del cual ese beneficio dejara de aumentar dentro del rango observado. Según el análisis, cada incremento en el conteo cotidiano se vinculó con mejores resultados, sin que fuera necesario practicar un deporte de alto rendimiento. La doctora Divyangana Rakesh, profesora de Neurociencia y Psicología del King’s College de Londres y autora principal, afirmó que el trabajo aporta una de las pruebas más claras hasta ahora sobre la relación entre un indicador accesible de movimiento, el desarrollo cerebral y el bienestar psicológico durante la adolescencia. Dos regiones cerebrales mostraron diferencias asociadas con el movimientoAdemás de los cuestionarios sobre salud mental, el equipo examinó imágenes cerebrales de los adolescentes. Quienes registraban más pasos diarios tenían un grosor cortical ligeramente mayor en las regiones paracentral y cingulada anterior rostral, vinculadas con el movimiento y la regulación emocional. El análisis indicó que el grosor de la región paracentral explicaba de forma parcial la asociación entre caminar más y una menor cantidad de problemas de salud mental al año siguiente. Qingyang Li, autor principal del estudio, advirtió que se trata de un hallazgo preliminar, aunque ofrece una pista sobre los mecanismos cerebrales que podrían estar involucrados. La investigación no halló una relación entre la cantidad de pasos y el rendimiento escolar. También incluyó límites relevantes: por su diseño observacional, no permite establecer que caminar más sea la causa directa de una mejor salud mental. Es posible que otros factores influyan en ambos aspectos o que los adolescentes con menos dificultades previas tengan mayor predisposición a mantenerse activos. Sumar entre 1.000 y 2.000 pasos puede marcar una diferenciaPara Amanda Paluch, profesora asociada de Kinesiología de la Universidad de Massachusetts Amherst, los resultados muestran que los beneficios no dependen de alcanzar una meta única. “Un incremento diario de entre 1.000 y 2.000 pasos, partiendo de cualquier nivel, se asoció con una mejor estructura cerebral y mejores resultados en salud mental”, sostuvo. La especialista señaló que las oportunidades cotidianas pueden ayudar a acumular movimiento: ir a pie a la escuela, jugar al aire libre o elegir actividades que resulten atractivas para cada adolescente. El estudio utilizó dispositivos de medición, en lugar de estimaciones aportadas por los propios participantes, un método que permite registrar de manera más directa la actividad habitual. Más movimiento, menos ansiedad: qué dice la evidencia previaEl nuevo trabajo se suma a antecedentes revisados en notas previas de Infobae sobre actividad física y bienestar adolescente. Una de ellas recopiló estudios publicados en BMC Public Health, Frontiers y JAMA que vincularon la participación en programas de ejercicio con una reducción de síntomas de ansiedad, depresión y estrés, además de mejoras en autoestima y habilidades sociales. Esos trabajos incluyeron intervenciones escolares y extraescolares, deportes de equipo, ejercicios aeróbicos, entrenamiento de fuerza y prácticas mente-cuerpo como yoga o tai chi. Las pruebas allí recopiladas remarcaron que la frecuencia, la duración y la adaptación de las actividades a las necesidades de cada grupo pueden influir en los resultados. Otra investigación, publicada en Frontiers in Sports and Active Living y abordada también en una nota previa de Infobae, analizó datos de 308 jóvenes de entre 10 y 16 años. El trabajo asoció la participación en más de un deporte con menos síntomas de ansiedad y depresión, mayor integración social y una percepción más favorable de la salud mental. El acompañamiento de las familias apareció como un factor relacionado con una mayor constancia y disfrute de la actividad. Recomendaciones: actividad placentera, segura y adaptada a cada etapaEn una guía previa de Infobae sobre entrenamiento adolescente, especialistas coincidieron en que la actividad física debe adecuarse a la etapa de desarrollo y realizarse en condiciones seguras. La pediatra Celeste López, integrante del Comité Nacional de Medicina del Deporte de la Sociedad Argentina de Pediatría, explicó: “La clave está en hacer del ejercicio una experiencia placentera y social”.
Los expertos consultados por Infobae aconsejaron evitar presiones relacionadas con estereotipos corporales y priorizar el juego, la diversión y la socialización. En ese sentido, el médico de planta del Servicio de Pediatría del Hospital Italiano de Buenos Aires Gonzalo Beneitez Massaro sostuvo: “El ejercicio debe ser fuente de bienestar, no de presión estética”.
También resaltaron que la variedad de disciplinas ayuda a desarrollar distintas habilidades motrices y puede reducir el riesgo de lesiones por sobrecarga. Antes de comenzar una rutina sistemática, recomendaron controles médicos, supervisión de profesionales calificados, progresión gradual, técnica adecuada, descanso, hidratación y alimentación suficiente.
El estudio publicado en JAMA Network Open no define una cifra obligatoria de pasos para todos los adolescentes. Sus resultados muestran, en cambio, que incrementar el movimiento cotidiano se asocia con mejores indicadores de salud mental y que esa relación se mantuvo a lo largo de los niveles de actividad analizados.
