Un estudio reveló que dormir con un perro no afecta el descanso humano, pero sí el canino

La investigación utilizó acelerómetros para monitorear a 25 personas y 38 perros de las razas husky y malamute durante cuatro semanas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una investigación de la Universidad de Toronto Mississauga, publicada en la revista científica PLOS One, concluyó que dormir cerca o en la misma cama que un perro no redujo de forma objetiva la duración ni la eficiencia del sueño de los participantes analizados en el sur de Ontario, Canadá. El trabajo siguió durante 4 semanas a 25 personas y 38 perros mediante sensores de movimiento y cuestionarios. De acuerdo con NBC News, la investigación examinó únicamente huskies y malamutes de entre 2 y 12 años sin problemas de salud informados por sus cuidadores. Durante el estudio, las personas llevaron un acelerómetro —un dispositivo que registra movimientos— en la muñeca, mientras que los perros usaron el mismo tipo de sensor en el collar. Esta técnica, llamada actigrafía, permite estimar los periodos de descanso y actividad fuera de un laboratorio. Los sensores no detectaron efectos en el descansoLa antropóloga Lavania Nagendran y la estudiante de posgrado en antropología evolutiva Ming Fei Li reunieron datos de 777 noches para medir el reposo de las personas y de 1.093 noches para analizar la actividad de los animales. No hallaron que dormir con un animal en la cama modificara de manera significativa el tiempo total de sueño ni su eficiencia. Tampoco registraron efectos significativos de la presencia de otros humanos en la cama sobre la actividad nocturna de los canes. La ubicación del animal —en la cama, a veces en ella o fuera de ella— no modificó los indicadores objetivos de descanso de las personas estudiadas. “Yo diría que mi perro me interrumpe el sueño. Pero es muy interesante saber que quizás no sea así”, afirmó Nagendran. El hallazgo se aparta de la idea de que la cercanía del animal necesariamente perjudica el reposo. Tener más de un perro se asoció con una peor percepción del sueñoLos participantes completaron además el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh, un cuestionario que mide cómo cada persona evalúa su propio descanso durante el último mes. A diferencia de los datos obtenidos con sensores, quienes convivían con más de un perro informaron una peor calidad subjetiva del sueño. El estudio también mostró una distancia entre lo que las personas perciben y lo que registran los dispositivos. La mitad de los participantes consideró que sus perros interrumpían el descanso, aunque las mediciones no identificaron una disminución objetiva asociada con compartir la cama. El trabajo indicó además que cerca del 72% de los participantes dijo sentirse más seguro al dormir acompañado por su mascota. Li vinculó ese dato con la convivencia entre ambas especies y sostuvo: “Creemos que esta mayor seguridad cumple una función que refuerza nuestro vínculo con los perros”. Los movimientos humanos lideraron la mayoría de los casosLa investigación analizó los datos completos de 36 pares formados por una persona y su perro. En el 61% de esos pares, las actividades nocturnas de ambos mostraron una relación dentro de un intervalo de 5 minutos. Entre los pares que presentaron esa conexión, el 45% registró actividad humana antes de que se moviera el perro. En el 18% ocurrió el patrón inverso, mientras que en el 36% de los casos ambos se activaron dentro del mismo minuto, por lo que no fue posible establecer quién inició el movimiento. Esto contradice un estudio de 2020 divulgado en la revista científica Animals (Basel) que concluyó que, durante la noche, los movimientos de los perros tendían a preceder e influir más en los de las personas que a la inversa.

Las limitaciones que impiden generalizar los resultados

Los registros de movimiento indicaron que las personas iniciaron la actividad nocturna antes que sus perros en el 45% de los casos analizados (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Compartimos nuestro espacio y nuestras rutinas. En la mayoría de los casos, creamos las rutinas para nuestros perros y viceversa”, afirmó Nagendran. Para las autoras, esa sincronía describe un vínculo recíproco, aunque no permite determinar de forma concluyente quién altera el descanso del otro.

El artículo científico reconoce varias restricciones. La recolección de datos se realizó durante las medidas de confinamiento por la pandemia de COVID-19, cuando las rutinas de trabajo podían variar. Además, la muestra tuvo más mujeres que hombres, no incluyó personas sin canes como grupo de comparación y se limitó a 2 razas.

Las especialistas proponen que futuras investigaciones incorporen más participantes, distintas razas, grabaciones de video y monitoreo de ruidos. También plantean comparar hogares con perros y hogares sin animales para precisar de qué manera la convivencia afecta el sueño y la actividad durante la noche.