El fútbol moderno incorporó la tecnología para reducir errores y alcanzar decisiones más justas. Sin embargo, existe un principio irrenunciable: ninguna herramienta tecnológica puede utilizarse al margen de las Reglas de Juego. Lo ocurrido en el encuentro entre All Boys y Godoy Cruz, con Nicolás Lamolina como protagonista, abre un interrogante que trasciende la propia jugada.
Durante el desarrollo del encuentro, al árbitro le mostraron imágenes a través de un teléfono celular y posteriormente modificó su resolución. Si ese cambio se produjo como consecuencia de haber observado el video, Lamolina incurrió en un grave error reglamentario, porque utilizó un procedimiento no autorizado para reconsiderar una decisión arbitral.
La Regla 5 es clara: existen límites para modificar una decisión
La Regla 5 de FIFA permite al árbitro rectificar determinadas decisiones cuando advierte un error o recibe información de sus colaboradores de campo, como los árbitros asistentes y el cuarto árbitro, siempre dentro de las condiciones reglamentarias. Pero esa facultad no lo habilita a utilizar imágenes particulares para interpretar, revisar o modificar decisiones técnicas y disciplinarias.
Las Reglas de Juego 2026/27 refuerzan expresamente la prohibición de utilizar tecnología no oficial para adoptar o modificar decisiones arbitrales. Un celular no es un VAR, y una grabación particular no puede convertirse en una herramienta reglamentaria de revisión.
La cuestión central no es solamente determinar si la decisión final de Lamolina fue correcta. Lo verdaderamente trascendente es establecer cómo llegó a modificarla a su decisión primaria. Si el árbitro cambió su resolución porque alguien le mostró imágenes en un teléfono celular, cometió un error grave, independientemente de que su decisión posterior haya sido técnicamente acertada.

Aceptar ese procedimiento significaría permitir que cualquier entrenador, dirigente o tercero pudiera influir sobre las decisiones arbitrales mediante imágenes obtenidas por sus propios medios. El arbitraje perdería así dos principios fundamentales: la independencia de sus decisiones y la uniformidad de los procedimientos reglamentarios.
El arbitraje necesita tecnología, capacitación y herramientas que permitan mejorar sus decisiones. Pero ninguna innovación puede justificar el incumplimiento de las Reglas de Juego. No alcanza con acertar una decisión: también es indispensable que el procedimiento utilizado para alcanzarla sea reglamentariamente correcto.
El episodio de All Boys–Godoy Cruz deja una enseñanza contundente: el árbitro tiene autoridad para decidir y rectificar, pero esa autoridad tiene límites establecidos por el reglamento. Porque cuando se pretende corregir un posible error utilizando un procedimiento prohibido, se corre el riesgo de cometer una equivocación mucho más grave que la decisión original.
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