Ansiedad nocturna: por qué las preocupaciones y los pensamientos acelerados aumentan cuando llega el momento de dormir

El cansancio nocturno debilita el razonamiento estratégico y dificulta el control sobre las reacciones emocionales (Imagen Ilustrativa Infobae)

La cama puede convertirse en el lugar donde una discusión pendiente, una reunión importante o una preocupación cotidiana adquieren una intensidad mayor.

Cuando el entorno queda en silencio y las obligaciones del día se detienen, muchas personas enfrentan pensamientos acelerados y ansiedad nocturna que retrasan el descanso. Según especialistas consultados por The Washington Post, este patrón responde a la relación estrecha entre la ansiedad y el sueño. La activación que produce el estado de alerta dificulta conciliar el descanso, mientras que dormir poco aumenta la vulnerabilidad frente a la preocupación. El resultado puede ser un ciclo que se repite noche tras noche.Cerca del 20% de los adultos en Estados Unidos experimenta ansiedad de forma regular, de acuerdo con la información citada por el medio. Estudios sobre los síntomas ansiosos señalan picos durante el día a las 8:00 a.m., las 16:00 p.m. y la 1:00 a.m., mientras que los pensamientos intrusivos suelen intensificarse hacia el final de la jornada. El cansancio reduce la capacidad para manejar las emociones La ansiedad puede presentarse a cualquier hora, aunque la noche reúne condiciones que dificultan responder a ella. La psicóloga especializada en medicina del sueño Natalie Solomon, explicó que durante la tarde y la noche, resulta más complejo procesar las emociones y contener reacciones impulsivas. Investigaciones citadas por The Washington Post indicaron que el razonamiento estratégico disminuye durante la noche. Esa capacidad permite analizar la información y tomar decisiones con mayor criterio. El cansancio y la falta de sueño también afectan el control de los impulsos, por lo que las preocupaciones pueden ocupar más espacio que las evaluaciones racionales.“Tu ansiedad supera a las partes más lógicas del cerebro”, afirmó Solomon. Esa dinámica puede llevar a reinterpretar un problema cotidiano como una amenaza inmediata, justo cuando el organismo debería reducir su nivel de activación para dormir. Un estudio de 2022 describió este escenario como el fenómeno de la “mente después de la medianoche”. Sus autores plantearon que permanecer despierto en un horario en el que se desea dormir afecta la toma de decisiones, el pensamiento racional y la evaluación entre riesgos y recompensas. La preocupación puede alterar el reloj interno del organismo La dificultad para dormir no siempre surge por una preocupación puntual. Para algunas personas, el temor a no poder conciliar el sueño se transforma en un problema adicional. La ansiedad que llega al dormitorio puede derivar en ansiedad por dormir, según explicó la profesora de psicología Candice Alfano. Este proceso puede retrasar cada vez más el horario de descanso, alterar el ritmo circadiano, el reloj interno que regula los ciclos de sueño y vigilia, y volver irregulares las rutinas nocturnas. “El sueño se vuelve previsiblemente estresante”, resumió Alfano.El problema puede afectar a cualquiera de manera ocasional. Sin embargo, las personas con tendencia a los pensamientos repetitivos, antecedentes de trauma, trastornos de ansiedad o afecciones del sueño enfrentan una mayor probabilidad de vivirlo con frecuencia, señaló Alfano.

La rumiación consiste en volver una y otra vez sobre una misma idea, conflicto o temor sin encontrar una salida concreta. En la noche, ese proceso encuentra menos distracciones externas y puede ocupar el tiempo destinado al descanso.

Reservar un momento del día para las preocupaciones

Una de las estrategias recomendadas por los expertos consiste en establecer un período específico para pensar en los temas que generan malestar. La profesora en psiquiatría Elizabeth Hoge sugirió destinar un “tiempo de preocupación”, con el objetivo de evitar que esos pensamientos aparezcan con fuerza al apagar la luz.

Solomon propuso dedicar entre cinco y 10 minutos a escribir aquello que preocupa y distinguir qué aspectos están bajo control y cuáles no. Si las ideas vuelven por la noche, la recomendación consiste en recordar que podrán revisarse al día siguiente.

Alfano aconsejó apagar las pantallas durante ese lapso y optar por actividades tranquilas, como escuchar música, leer, meditar o tomar un baño (Imagen Ilustrativa Infobae)

La preparación previa para dormir también ocupa un lugar central. Michael Grandner, director del Programa de Investigación sobre el Sueño y la Salud de la Universidad de Arizona, indicó que conviene reservar entre 30 minutos y 1 hora para reducir el ritmo antes de acostarse.

Mantener horarios regulares ayuda a asociar la cama con el descanso

No existe una hora universal para acostarse que elimine la ansiedad nocturna. Solomon recomendó seguir las señales de sueño del propio cuerpo cuando sea posible y mantener horarios similares para dormir y despertar.

Grandner indicó que, si una persona no logra dormir, puede levantarse y realizar una actividad relajante hasta recuperar la somnolencia. El objetivo es que el cerebro mantenga la asociación entre la cama y el descanso, en lugar de vincularla con la alerta o la frustración.

Cortinas opacas, tapones para los oídos y ruido blanco pueden contribuir a crear un entorno adecuado para dormir (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los especialistas también recomendaron un ambiente fresco, oscuro y silencioso. Alfano sugirió convertir el dormitorio en un espacio similar a una cueva, con recursos como cortinas opacas, tapones para los oídos o dispositivos de ruido blanco.

Cuándo consultar con un especialista

Si la ansiedad nocturna persiste pese a estos cambios, Alfano aconsejó buscar la evaluación de un terapeuta o un especialista en sueño. Esa consulta puede determinar si existe un trastorno de ansiedad, insomnio o apnea del sueño, entre otras posibilidades.

Grandner señaló que el insomnio puede presentarse cuando una persona tiene dificultades para dormirse o mantenerse dormida al menos tres veces por semana durante tres meses, junto con somnolencia diurna.

El tratamiento principal, explicó, es la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, que busca modificar pensamientos y hábitos relacionados con el descanso.