Arriazu volvió a criticar la forma en que acumula reservas el BCRA: “No debería comprar tanto a costa del crédito interno”

Ricardo Arriazu volvió a cuestionar el mecanismo de compra de dólares del Banco Central y advirtió sobre sus efectos en el crédito interno

La acumulación de reservas del Banco Central volvió a quedar bajo la mirada crítica del economista Ricardo Arriazu, quien advirtió sobre el impacto que tiene el mecanismo de compra de dólares en el crédito y la actividad económica. Aunque respaldó la decisión de adquirir divisas, cuestionó que esas operaciones se realicen sin un aumento de la demanda de pesos y señaló que el costo de esa política es una contracción del financiamiento disponible para el sector privado.

El director de Estudio Arriazu Macroanalistas planteó esta preocupación durante su exposición en la 3ª Cumbre Aseguradora Argentina, que se realizó este jueves en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, bajo el lema “Más seguros, más futuro”. Allí analizó las perspectivas de la economía argentina, las condiciones necesarias para sostener el crecimiento y las oportunidades que ofrecen distintos sectores productivos.

“Yo creo que tiene que comprar. La compra de divisa es un fenómeno monetario”, afirmó al referirse a la política del Banco Central. Sin embargo, explicó que el problema aparece cuando la autoridad monetaria adquiere dólares sin que exista un incremento equivalente en la demanda de moneda local.

“El problema es que están comprando divisa y no subió la demanda de peso. ¿Qué están haciendo? Destruyendo crédito interno”, sostuvo.

Arriazu explicó que la compra de divisas debe analizarse a partir de la relación entre la demanda de pesos y la emisión de origen interno. Según su planteo, cuando aumenta la necesidad de moneda local y no existe una expansión equivalente por otras vías, la adquisición de dólares permite responder a esa mayor demanda.

Para ilustrarlo, recurrió a un ejemplo: si la demanda de pesos aumenta en diez unidades y el Gobierno no emite por otras vías, esos pesos pueden incorporarse mediante la compra de divisas. Pero advirtió que esa no es la situación que observa actualmente en la economía argentina.

El economista recordó que el año pasado el Banco Central no compró divisas y que este año modificó su política. Consideró positivo ese cambio, aunque cuestionó el mecanismo utilizado para concretarlo y sus consecuencias sobre el financiamiento.

“Yo compro divisa, estoy feliz, el Fondo está feliz, está todo el mundo feliz, yo estoy feliz, pero la estoy comprando a costa de una disminución del crédito”, expresó.

En ese contexto, mencionó una contracción de 18 billones de pesos al mostrar los datos de vencimientos y colocaciones de deuda, y vinculó esa dinámica con la reducción del crédito interno.

Según su análisis, el problema no se limita al sistema financiero. La menor disponibilidad de financiamiento también afecta el consumo y la inversión, por lo que termina trasladándose a la demanda interna. “La estoy comprando a costa de una disminución del crédito”, insistió al explicar el costo que identifica detrás de la acumulación de reservas.

La confianza y la salida de dólares

Otro de los ejes de su presentación fue el comportamiento de los argentinos frente al peso y la importancia de recuperar la confianza en la economía.

Arriazu señaló que, desde 2003, los argentinos compraron oficialmente USD 261.000 millones, una cifra que, según explicó, no refleja la totalidad de las adquisiciones de divisas porque deja afuera las operaciones realizadas en mercados paralelos durante los períodos de restricciones cambiarias. A partir de un estudio propio, que calificó como imperfecto, estimó que esas operaciones adicionales representaron alrededor de USD 170.000 millones.

La energía, la minería y el agro forman parte de las oportunidades de crecimiento que identificó Arriazu para la economía argentina

De esa manera, calculó que los argentinos adquirieron aproximadamente USD 430.000 millones a lo largo de ese período, impulsados por la desconfianza y el temor a perder sus ahorros. “Los argentinos compraron cuatrocientos treinta mil millones de dólares por desconfianza y miedo a ser estafados. Con eso no hay economía que pueda funcionar”, afirmó.

El especialista explicó que cada dólar destinado a la compra de divisas representa recursos que dejan de utilizarse para realizar gastos dentro del país. También señaló que, durante los períodos de controles cambiarios, parte de esa demanda se canaliza a través de mercados paralelos. Según su análisis, este año las compras de dólares por parte de los argentinos resultan inferiores a las del año pasado, aunque todavía se mantienen en niveles elevados.

En paralelo, mencionó el deterioro de los indicadores de confianza. Señaló que, si bien los niveles actuales permanecen por encima de los registrados durante otras administraciones, la tendencia descendente constituye una señal de preocupación para las perspectivas económicas.

Las siete oportunidades para la economía argentina

Más allá de las advertencias sobre la política monetaria, Arriazu sostuvo que la Argentina enfrenta una combinación excepcional de condiciones para acelerar su crecimiento.

“Las oportunidades, las más grandes que yo vi en mi vida”, afirmó al describir el escenario internacional y el potencial de distintos sectores productivos.

El economista identificó siete grandes factores que podrían impulsar la actividad: las mejoras macroeconómicas, la energía, la minería, la agricultura, la industria del conocimiento, los efectos indirectos sobre otras actividades y la evolución del tipo de cambio real.

En materia macroeconómica, destacó la importancia del superávit fiscal, la reducción de la inflación y la disminución del riesgo país. Según explicó, la combinación de estos elementos permitiría ampliar el crédito, mejorar las condiciones de inversión y más que duplicar la tasa de crecimiento económico, siempre que no se produzca un regreso a los desequilibrios fiscales.

En energía, puso el foco en Vaca Muerta y las nuevas estimaciones sobre su potencial productivo. Mencionó que los estudios recientes indican que los recursos petroleros podrían duplicar los cálculos anteriores y destacó las proyecciones de producción presentadas por el presidente de YPF, Horacio Marín.

Según explicó, la posibilidad de alcanzar una producción de dos millones de barriles, frente a una estimación previa de 1,5 millones, representaría una diferencia equivalente a USD 11.000 millones.

En minería, resaltó la magnitud de las inversiones previstas, especialmente en San Juan. Señaló que la provincia tiene un producto bruto de aproximadamente USD 6.000 millones, mientras que los proyectos vinculados con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) alcanzan los USD 30.000 millones. También mencionó una proyección de exportaciones mineras de USD 35.000 millones para esa provincia hacia 2035.

Para el agro, consideró determinantes los precios relativos, las retenciones y el costo de los insumos. En tanto, destacó que las exportaciones de la industria del conocimiento rondan los USD 10.000 millones y subrayó el potencial del procesamiento de datos, una actividad que demanda grandes cantidades de energía.

Arriazu también mencionó los efectos que la expansión de estos sectores podría generar sobre otras actividades. Como ejemplo, calculó que el desarrollo de Vaca Muerta y la minería requeriría 17 millones de toneladas de cemento, frente a una capacidad instalada de 13 millones. Para la producción agrícola, estimó una necesidad adicional de 13.000 camiones.

El dólar y los riesgos de la apertura

El economista también se refirió al tipo de cambio real y sostuvo que el problema central de la Argentina está relacionado con la competitividad y el denominado costo argentino. Según su análisis, una normalización de la economía y una recuperación sostenida de la confianza podrían llevar el tipo de cambio real a niveles considerablemente inferiores a los actuales.

“Si todo esto sale, el tipo de cambio real va a ser mucho más bajo de lo que la gente cree”, afirmó.

La acumulación de reservas y la demanda de pesos estuvieron entre los principales temas de la exposición del economista en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires

Arriazu explicó que el Gobierno maneja el tipo de cambio nominal, mientras que el real depende de distintas variables económicas. En particular, señaló que los episodios de salida de capitales y crisis de confianza suelen elevarlo, mientras que una normalización tiende a reducirlo.

También advirtió sobre los efectos de la apertura comercial en el empleo y la actividad industrial. “La apertura destruye y crea, pero la destrucción es mucho más rápida que la creación”, sostuvo.

En ese sentido, señaló que el proceso puede generar bolsones de pobreza y desempleo, especialmente en el Gran Buenos Aires, y planteó la necesidad de estudiar los efectos sobre los distintos sectores y los cuellos de botella que podrían aparecer en materia de infraestructura.

Las proyecciones para el sector asegurador

En la parte de su exposición dedicada al negocio asegurador, Arriazu presentó distintos escenarios de crecimiento hacia 2035 y analizó cómo las transformaciones económicas podrían modificar la demanda de coberturas.

En su escenario central, estimó que las primas podrían crecer 178% en términos reales, mientras que en la alternativa más optimista la expansión alcanzaría el 220%. En cambio, un escenario de inacción implicaría un crecimiento de apenas 17,4%, frente al 136% previsto para una evolución con aprovechamiento parcial de las oportunidades.

El economista identificó la estabilidad macroeconómica, la recuperación del crédito y la confianza contractual como condiciones necesarias para desarrollar productos vinculados con seguros de vida, retiro, vivienda y crédito. También destacó las oportunidades asociadas con la energía, la minería, el agro y la industria del conocimiento.

La 3ª Cumbre Aseguradora Argentina fue organizada por la Asociación Argentina de Compañías de Seguros (AACS), la Asociación de Aseguradores Argentinos (ADEAA), Aseguradores del Interior de la República Argentina (ADIRA), Aseguradores de Vida y Retiro de Argentina (AVIRA) y la Unión de Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (UART).

El encuentro incluyó la participación de Diego Guaita, presidente de ADIRA; Guillermo Plate, superintendente de Seguros de la Nación; Mara Bettiol, presidenta de UART, y Fernando Pérez, gerente general de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. También figuraron en la agenda Aldo Álvarez, presidente de ADEAA; Irene Capusselli, presidenta de AVIRA, y Gustavo Trías, presidente de AACS.

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