
La falta de intérpretes profesionales de Lengua de Señas Salvadoreña (LESSA) es una realidad que limita el acceso de las personas sordas a la educación, la salud, el empleo y los servicios públicos en El Salvador. La historia de Rebeca Soundy, docente sorda y licenciada en Educación Especial, refleja esa brecha
Becky, como es conocida en redes sociales, durante seis años tuvo que pagar un intérprete para poder estudiar en la universidad. A partir de esa experiencia, creó proyectos para enseñar lengua de señas a personas oyentes y apoyar a niños, jóvenes y adultos sordos.
Ella recuerda que su interés por la docencia nació de una necesidad personal. Antes de crear sus plataformas educativas, trabajó como voluntaria en la Fundación Manos Mágicas, donde impartía clases presenciales de lengua de señas.
Allí encontró una forma de unir su formación profesional con su experiencia como persona sorda. “Yo quiero enseñar a las personas oyentes para romper las barreras de la comunicación”, dijo en una entrevista con Infobae.
La llegada de la pandemia en 2020 cambió el rumbo de ese trabajo. La fundación cerró sus puertas y las clases presenciales se suspendieron. Becky decidió trasladar su enseñanza a internet y creó LESSA Virtual, un proyecto que ofrece formación a distancia para personas interesadas en aprender lengua de señas.

La enseñanza virtual llevó las clases a distintos departamentos
Antes de la pandemia, Becky daba clases principalmente en San Salvador. Con la virtualidad, estudiantes de Santa Ana, Sonsonate, Chalatenango, La Libertad y otros departamentos pudieron acceder a las lecciones sin trasladarse a la capital.
La docente considera que las videollamadas, los videos y los materiales digitales facilitan la práctica y permiten sostener el aprendizaje fuera del aula. Para ella, esa alternativa también ayuda a ampliar el conocimiento sobre la cultura de las personas sordas.
“Ahora la enseñanza puede ser de cualquier departamento”, explicó. “Eso ayuda a romper esa barrera de la comunicación en todo el país”.
Su trabajo busca responder a una dificultad cotidiana. Becky señaló que muchas personas sordas llegan a hospitales, restaurantes, tiendas, mercados o instituciones públicas y no encuentran a alguien que conozca lengua de señas. En otros casos, la ausencia de un intérprete impide que comprendan trámites, indicaciones médicas o explicaciones académicas.

Un curso básico no forma a un intérprete profesional
Uno de los mensajes que Becky repite en sus clases apunta a cuestionar una idea frecuente entre personas oyentes: creer que un curso básico de lengua de señas basta para ejercer como intérprete.
“Es un error pensar que solo con lo básico ya es suficiente para ser intérprete”. Según explicó, la LESSA cuenta con gramática propia, expresiones faciales, movimientos corporales y estructuras diferentes a las del español.
La formación, señaló, requiere práctica continua, conocimiento de la comunidad sorda y una preparación sostenida durante años. También planteó que las evaluaciones deben incluir a docentes sordos capacitados, capaces de valorar el dominio real de la lengua.
Soundy reconoció que la apertura de cursos gratuitos en algunas universidades, instituciones y espacios públicos representa un avance. Sin embargo, advirtió que muchas personas terminan el nivel inicial y no continúan su preparación. El resultado es una necesidad que permanece sin respuesta: El Salvador necesita más intérpretes de lengua de señas.
“Son muy poquitos”, resumió. Y agregó: “Se necesitan intérpretes con urgencia”.
Seis años de universidad con un intérprete costeado por su familia
La carrera de Becky estuvo marcada por el esfuerzo familiar. Estudió una licenciatura en Educación Especial y contó con un intérprete durante seis años de formación universitaria. Sus padres cubrieron ese servicio para que pudiera seguir las clases.
“Mi mamá y papá siempre me apoyaron pagando intérprete”, relató.
La docente explicó que las universidades privadas no siempre ofrecen servicios de interpretación para alumnos sordos. Por eso, muchas familias deben asumir ese gasto, una situación que puede cerrar el acceso a la educación superior para quienes no tienen recursos suficientes.
A su vez, Becky enfrentó otras barreras. Una de ellas fue la relación con compañeros oyentes. Otra fue el aprendizaje del español escrito, especialmente frente a textos con términos técnicos, expresiones metafóricas o contenidos académicos complejos.
Su madre fue una figura central en ese proceso. Desde pequeña, la ayudó a fortalecer la lectura y la escritura. Becky aseguró que todavía aprende palabras nuevas y que esa tarea continúa en su vida adulta.

Educa Sordo, una respuesta ante las pocas oportunidades laborales
Tras graduarse, Becky enfrentó un nuevo desafío: encontrar empleo. Como licenciada en Educación Especial, podía trabajar como docente, pero observó que la comunicación con estudiantes oyentes sería difícil sin condiciones de accesibilidad. También señaló que existen pocas escuelas públicas para alumnos sordos en el país.
Frente a ese panorama, creó Educa Sordo, un proyecto dirigido a niños, jóvenes y adultos sordos que no pudieron acceder a la escuela. Allí brinda apoyo en matemáticas, ciencias sociales, lenguaje y otras materias básicas. Además, enseña lengua de señas a personas sordas que no la conocen.
Su mensaje para los jóvenes sordos parte de esa experiencia. “Tienen que pensar: ‘Yo puedo’”, dijo. “No es cuestión de suerte. Hay que trabajar, esforzarse y lograrlo”.
