A los 17 años, el estudiante canadiense Moroti Adegboyega diseñó Ecoferroquatics, un robot que usa inteligencia artificial, imanes y un líquido magnético para identificar residuos plásticos en la superficie del agua y retirarlos sin arrastrar seres vivos.
Según informó la organización del Stockholm Junior Water Prize, el invento le permitió ganar la edición 2026 del certamen internacional para jóvenes con proyectos vinculados al agua.
Adegboyega, alumno de último año de St. Bonaventure’s College, en St. John’s, Terranova y Labrador, representó a Canadá en la ceremonia, que se realizó el 25 de agosto en Estocolmo, durante la Semana Mundial del Agua. La princesa heredera Victoria de Suecia le entregó el reconocimiento.
La idea surgió de un problema habitual en la limpieza de ríos, lagos y mares. Las redes, los filtros y otros sistemas de arrastre recogen desechos, aunque también pueden afectar plantas y animales. Adegboyega buscó un mecanismo que distinguiera el plástico antes de acercarse a él.
Para lograrlo, el robot usa un programa entrenado para reconocer residuos en el agua. Cuando detecta uno, calcula dónde se encuentra y envía la información a los pequeños circuitos que controlan el movimiento de la máquina. De ese modo, el aparato avanza hacia el objeto señalado.
“Localiza el centro de masa del plástico y envía esa información a los microcontroladores a bordo, que siguen la guía de la inteligencia artificial para moverse hacia el residuo”, explicó Moroti Adegboyega a CBC News.
El líquido magnético permite recoger plástico sin usar redes
Al llegar al residuo, entra en acción la parte central del invento. Ecoferroquatics utiliza un ferrofluido, una sustancia con partículas que responden a los campos magnéticos. Una zona del robot está cubierta con ese compuesto, capaz de adherirse a los desechos plásticos para facilitar su retiro posterior.
El estudiante preparó la mezcla con aceite vegetal, magnetita, un mineral magnético, y ácido oleico. El aceite actúa como base y favorece el contacto con el material contaminante. La magnetita permite que la sustancia reaccione ante los imanes, mientras que el ácido oleico evita que sus partículas se agrupen.
Adegboyega se interesó por esta posibilidad tras conocer un proyecto que mezclaba ferrofluido, agua y residuos para separarlos. Sin embargo, consideró que esa técnica sería difícil de aplicar en un curso de agua real.
“Pensé que era un método poco práctico y que no podía escalarse”, señaló a CBC News. A partir de esa observación, diseñó una máquina capaz de desplazarse por la superficie.
El prototipo busca reducir la captura accidental de animales y vegetación. Primero identifica los desechos y, después, el compuesto magnético se fija a ellos para que los imanes los retiren. De ese modo, procura limpiar el agua con menor interferencia sobre la vida acuática, un problema frecuente en varios métodos tradicionales.
El prototipo retiró el 51,85 % de los residuos en nueve pruebas
Antes de viajar a Estocolmo, Adegboyega puso a prueba la plataforma en una piscina con distintos tipos y tamaños de plástico. Según el informe técnico que presentó para el Stockholm Junior Water Prize, el robot completó nueve ensayos, retiró el 51,85 % de los residuos y recogió un promedio de 1,73 piezas por minuto.
El trabajo también comparó el aparato con un tamiz común. En las pruebas con microplásticos, partículas muy pequeñas, el robot tuvo mejores resultados que ese sistema básico. Los fragmentos diminutos suelen atravesar las mallas de los filtros, mientras que el mecanismo magnético puede adherirse a ellos.

Este aspecto resulta relevante porque el plástico que permanece en el agua se rompe en partes cada vez más pequeñas. Los animales pueden ingerirlas y, con ellas, incorporar sustancias químicas que pasan a la cadena alimentaria.
El jurado del Stockholm Junior Water Prize destacó que Ecoferroquatics ofrece una alternativa selectiva, aunque las pruebas también mostraron aspectos que deberán mejorarse antes de aplicarlo fuera de un entorno controlado.
La competencia reúne a ganadores nacionales de más de 40 países y está destinada a estudiantes de entre 15 y 20 años. Según informó la organización, distingue proyectos relacionados con el agua que aportan soluciones con posibilidades de uso concreto.
El proyecto de Adegboyega le dio a Canadá su primer triunfo en el certamen
Adegboyega llegó a la instancia internacional después de quedar entre los tres mejores trabajos sobre agua en una feria científica canadiense. Más tarde, tuvo 10 días para redactar un informe de investigación de 20 páginas, requisito que le permitió representar al país en Suecia.
Antes del viaje, el joven explicó por qué eligió la contaminación plástica como tema de estudio. “La contaminación por plástico está fuera de control. Es importante retirarla en cada paso que podamos”, afirmó.
Además del premio para su proyecto, St. Bonaventure’s College recibió 5.000 dólares canadienses para actividades de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, según CBC News.
Ecoferroquatics todavía es un prototipo y requiere nuevas mejoras antes de utilizarse en ríos, lagos u otras vías de agua de gran escala. Las pruebas realizadas, sin embargo, plantean la posibilidad de combinar cámaras que reconozcan residuos, un sistema de desplazamiento autónomo y recolección magnética para reducir la presencia de plástico en el agua.
