
La anomalía térmica del Pacífico ecuatorial ya alcanzó un registro inédito: el Instituto Meteorológico Nacional de Costa Rica midió +3,4 °C el 5 de octubre, la cifra diaria más alta registrada por la institución hasta el momento. El dato se da en paralelo a los pronósticos sobre lo que podría ocurrir hacia el cierre del año.
El Niño atraviesa una fase de fortalecimiento y los pronósticos lo sitúan entre los episodios que podrían figurar entre los más intensos desde, al menos, 1950. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) proyecta que la anomalía promedio de la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 podría rondar los +3,7 °C durante el trimestre que va de octubre a diciembre.
De concretarse esa proyección, se trataría del valor estacional más alto desde el inicio de las observaciones. El antecedente más cercano se registró entre noviembre de 2015 y enero de 2016, cuando la anomalía llegó a +2,6 °C, más de un grado por debajo de lo que hoy se estima para este episodio.
Qué dicen los pronósticos sobre la intensidad del fenómeno
Trece centros nacionales e internacionales aportaron los datos que sostienen la proyección de la OMM, con escaso margen de divergencia entre ellos sobre el fortalecimiento previsto para el cierre de 2026. La secretaria general del organismo, Celeste Saulo, estimó en cerca de 100% la probabilidad de que El Niño se mantenga activo hasta febrero de 2027, según El Observador.
Según explicó Saulo, El Niño no genera calor adicional para el planeta, sino que libera el que el océano ya almacenó bajo la superficie. La funcionaria sostuvo que cuando esas reservas son particularmente altas, como ocurre en el episodio actual, el fenómeno libera una cantidad de energía mayor, lo que explicaría por qué suele coincidir con años especialmente cálidos, como sucedió en 2024.

“Las aguas de las que se nutre El Niño presentan las temperaturas más altas jamás registradas. En otras palabras, hay más calor que puede liberarse”, añadió la secretaria general de la OMM, en referencia a las condiciones actuales del océano.
El posible pico entre noviembre y enero
El comportamiento proyectado para este episodio se ajustaría al patrón histórico del fenómeno, que suele alcanzar su mayor fuerza hacia el cierre del año y el inicio del siguiente. Así lo planteó el climatólogo e investigador de la Universidad Nacional Ricardo Orozco, a El Observador.
“Cuando se tiene la mayor intensidad de El Niño, típicamente ocurre finalizando el año, más o menos entre los meses de noviembre, diciembre y enero”, indicó Orozco. El investigador señaló que ese trimestre concentra habitualmente el momento de mayor fuerza del fenómeno, aunque remarcó que se trata de un patrón típico y no de una regla fija.
Costa Rica ya mostraba señales de este fortalecimiento antes del período en que se espera el posible máximo. En agosto, la región Niño 3.4 había registrado una anomalía mensual cercana a +2,5 °C, nivel luego superado por la medición diaria de octubre.
Vale distinguir ambos registros: la cifra de +3,4 °C del Instituto Meteorológico Nacional corresponde a una medición puntual de un solo día, mientras que la estimación de +3,7 °C de la OMM representa un promedio proyectado para los tres meses que cierran el año, por lo que ambos valores no son directamente comparables.

El contexto de un planeta con una base térmica más alta
El Niño es una expresión de la variabilidad natural del clima que existía antes del calentamiento global y el aumento de la temperatura media no lo origina. Según explicó Orozco, el fenómeno se desarrollaría ahora sobre un punto de partida térmico más elevado que en décadas anteriores.
“Si nosotros ya estamos inmersos en un planeta más caliente, porque eso es una realidad, hace más calor”, explicó el investigador de la Universidad Nacional. “La línea base sobre la cual El Niño se instala, ahora es más alta”, agregó Orozco.
Esa base más alta podría intensificar algunas de las manifestaciones que suelen acompañar al fenómeno, como olas de calor, sequías y episodios extremos de lluvia, según planteó el climatólogo. En ese marco, los organismos internacionales consideran probable, aunque no confirmado, que 2027 se convierta en el año más cálido jamás registrado.
