
El obispo salvadoreño Evelio Menjívar Ayala solicitó a la administración estadounidense un período de transición prolongado para los salvadoreños amparados por el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) antes de que entre en vigor cualquier modificación de ese beneficio migratorio. El religioso advirtió que una cancelación abrupta afectaría a familias, empleadores y comunidades de todo Estados Unidos.
En una columna de opinión publicada el 6 de octubre en The Hill, el obispo de la diócesis de Wheeling-Charleston, en Virginia Occidental, planteó que los beneficiarios salvadoreños del TPS necesitan tiempo para analizar alternativas legales y prepararse ante un eventual regreso a su país de origen.
“Pido tiempo: un período de transición prolongado para los salvadoreños antes de que se haga efectivo cualquier cambio de estatus”, escribió Menjívar Ayala, quien nació en El Salvador y fue designado en 2023 como obispo auxiliar de Washington.
El TPS permite a ciudadanos de determinados países vivir y trabajar temporalmente en Estados Unidos debido a situaciones extraordinarias en sus lugares de origen. En el caso de los salvadoreños, el programa ha protegido durante décadas a personas que construyeron una vida en el país, con empleos, viviendas, negocios y familias.

Menjívar Ayala recordó su propia experiencia migratoria. Llegó a territorio estadounidense cuando era joven, tras huir de la guerra civil salvadoreña, y obtuvo protección a través del programa. Esa autorización, sostuvo, le permitió trabajar legalmente, pagar impuestos y sostenerse en empleos de construcción y limpieza antes de iniciar su formación religiosa.
“Me permitieron no solo ganarme la vida honradamente, sino también saber que, a través de mi trabajo, mi servicio y mis impuestos, contribuía al país que me había abierto sus puertas”, afirmó el obispo en la columna.
Advierte sobre el impacto en familias y empleadores
El religioso señaló que los salvadoreños representan una de las comunidades con mayor arraigo entre los beneficiarios del TPS. Muchos son padres de ciudadanos estadounidenses y llevan años insertos en sectores laborales que requieren mano de obra estable.
Para Menjívar Ayala, la finalización repentina del TPS no afectaría solo a quienes poseen el permiso, sino también a sus familias y a las economías locales. “Afectaría a familias estadounidenses, lugares de trabajo, parroquias, vecindarios y economías locales”, escribió.
El obispo aclaró que no cuestiona la potestad de Estados Unidos para definir sus políticas fronterizas y aplicar sus leyes migratorias. No obstante, pidió que cualquier decisión contemple una salida ordenada para quienes han vivido y trabajado legalmente en el país durante años.
“La Iglesia jamás ha enseñado lo contrario”, indicó en referencia al derecho de la nación a controlar sus fronteras.

El jefe de la diócesis de Wheeling-Charleston también sostuvo que una transición extendida permitiría a los empleadores reorganizarse y a El Salvador preparar la eventual llegada de personas que hoy residen y trabajan en Estados Unidos.
Menjívar Ayala reconoció los avances de El Salvador en materia de seguridad pública, aunque advirtió que el retorno de un número elevado de migrantes supondría desafíos económicos y sociales para el país centroamericano.
El obispo resaltó, además, el aporte de los trabajadores salvadoreños a través de impuestos y remesas enviadas a sus familias. A su juicio, una extensión del TPS también abriría una oportunidad para que el Congreso estadounidense debata una vía legal permanente.
