Procesaron a Bebote Álvarez, acusado de integrar una banda narco: los audios, fotos y pruebas que lo incriminan

Pablo Bebote Álvarez, en el momento de la detención

“Soy inocente. No tengo nada que ver con esta organización criminal de drogas. Pero se están cubriendo y me meten a mí en este lío porque soy Bebote, el peligroso jefe de la barra brava de Independiente, según la prensa”.

La frase es de Pablo Alejandro Álvarez, alias Bebote. Sí, el apodo que recorre desde hace tres décadas los paravalanchas y las páginas policiales de la República Argentina. Su descargo, de cualquier manera, no tuvo fuerza: el juez Gustavo Meirovich decidió procesarlo y embargarlo en 800 millones de pesos por los delitos de asociación ilícita y tráfico de estupefacientes agravado, que tienen pena de hasta 20 años de prisión y ratificó que deberá seguir detenido en el penal de Marcos Paz hasta el juicio oral.

En una resolución de 109 páginas, la Justicia le endilga al líder de la facción Los Diablos Rojos ser parte de una organización que trae éxtasis líquido desde España para producir pastillas en el país, conseguir cocaína vía Bolivia y ser el propio Bebote el que prueba qué tipo de pureza tiene la misma, además de estar en el negocio del tráfico de marihuana, ketamina y tusi (popularmente conocida como cocaína rosa); y coaccionar, amedrentar y planear represalias contra aquellos que tienen alguna deuda monetaria con la comercialización de los estupefacientes. Una actuación completita.

Como si fuera poco, en los diálogos crípticos se habla de la droga con términos futbolísticos. Por ejemplo, el tusi es Inter Miami, por el color de la camiseta del equipo de Messi, y a la cocaína de máxima pureza la llaman Real Madrid. Y el contacto en España para traer los precursores químicos estaba agendado como Yamal, sí, como la estrella del Barcelona.

La investigación que empezó en febrero de este año cuando cayó una “mula” en el aeropuerto de Ezeiza terminó con 17 personas investigadas y 11 presas, entre ellas Bebote Álvarez. Según el juez Meirovich, el centro logístico de la banda estaba en el local Paladar Rojo, que está al lado del estadio de Independiente, que es propiedad del barra (NdR: quien por entonces cumplía prisión domiciliaria en una quinta de Moreno por una causa de violencia en el fútbol) y que allí tiene una hamburguesería y un museo de camisetas originales de jugadores que pasaron por la institución. En su defensa, Bebote dijo que solo alquilaba el local y no sabía para qué se usaba. “Yo tomo conocimiento de que algo extraño estaba pasando en mi museo porque días antes del primer allanamiento que tuve en mi casa, un amigo apodado Patita Jardín me escribe contándome que un amigo de él llamado Rodrigo Espínola fue secuestrado, desnudado y atado en el primer piso de mi museo. Les dije que vinieran a casa y ahí les expliqué que yo no vendo droga ni hago negocios con ellos, más allá de la relación comercial por los locales de mi museo y que iba a hablar con los inquilinos. Recién ahí me entero de lo que estaba pasando”.

Un deudor permanece arrodillado y maniatado en ropa interior dentro de un local perteneciente al exlíder de la barra brava Pablo Bebote Álvarez.

Pero el juez no le creyó. Porque en el informe de las pericias tecnológicas de los celulares y otros aparatos incautados aparecen múltiples indicios de su relación con todos los delitos. Por ejemplo, se habla de un hombre vinculado a la dirigencia deportiva del Conurbano que le debe plata por la entrega de pastillas y que hay que ir a San Justo a cobrarlas, hay diálogos sobre cómo transportar la droga desde Bolivia, en los que se confirma que el laboratorio está en la región de Chapare, que pertenece al departamento de Cochabamba y Bebote indica que hay que traerla desde Villazón, que es el límite con La Quiaca, y hasta aparece un video que la Justicia le adjudica a él, en el que el líder barra objeta la calidad de la cocaína.

En ese registro del 5/11/25 explica a sus colegas manipulando una pieza de lo que presumiblemente sería dicha sustancia las características que hay que tener en cuenta para verificar la calidad señalando los defectos para determinar mejor la pureza: “¿Ves? Yo ahí estoy haciendo fuerza y no explota, se hace todo polvo, ¿me explico?”, afirma como si fuera un tutorial de YouTube.

A eso se le suman otras pruebas. Que se invocaba su nombre y se secuestraba gente en el local Paladar Rojo para garantizar los pagos de las deudas y que hasta había tráfico de armas. Sobre el primer tema, quedan expuestas las fotos de un deudor, Rodrigo Espínola, quien sufrió todo tipo de vejaciones hasta que se saldó el pago. De lo otro hay un diálogo estremecedor de Bebote con un contacto agendado como “Muñeco Nuevo” (identificado como Alberto Germán Montaña), a quien la Policía Federal describió como un masculino privado de su libertad vinculado a una organización narcocriminal que operaba en Río Gallegos, incluso desde el interior de una cárcel. En esas comunicaciones, el recluso le remitió a Álvarez “fotografías de lo que serían armas de fuego indicando que se trataría de un fusil y que su cotización es de 4500 dólares aunque con 4000 dólares se podría adquirir”, ante lo cual Bebote respondió: “Se lo pasaría a unos pibes a ver si les sirve”. Y también hay diálogos donde se expresa: “Pablo no se quiere perder lo de Bolivia,” en función de la droga.

Un fusil de color negro permanece sobre una superficie de tela azul en el marco de la investigación referida a Pablo Bebote Álvarez.

Ante estas acusaciones, Bebote negó toda responsabilidad. “Cuando me enteré de todo esto, que utilizaban mi nombre para meter miedo y hacer negocios y que el local era un desfile de gente que iba a buscar droga, les pedí a mis inquilinos rescindir el contrato de alquiler, porque no quería quedar involucrado en algo en lo que no tengo nada que ver. Usaron mi nombre porque les sirve, porque todo el mundo me tiene como jefe barra y que soy peligroso y yo no voy a la barra desde 2016 (NdR: Lo que queda desmentido por las causas judiciales que tuvo en 2017 y 2025 que lo llevaron a prisión justamente por temas de violencia en el fútbol). De hecho, a Diego Anzalone (NdR: la persona que alquilaba el local) no lo veo hace un año y medio (NdR: una foto en el expediente con fecha de 19/4/26 lo desmiente). Y si tengo a alguien agendado como Cristian Bolivia y el diálogo de que no me quiero perder eso, es porque les estaba haciendo un contacto con una hinchada de allá porque Anzalone tiene una ticketera y lo ayudaba a que se la contratara un club de Bolivia. Nada que ver con lo que supone el juzgado”.

El problema para Bebote es que hay múltiples intercambios telefónicos entre el resto de los acusados en los que hablan de su participación directa e importante en la organización. Por ejemplo, uno de Raúl Manzone, alias Bruja, en el que le indica que “tengo 20 villas ya arregladas para que los pibes puedan laburar”, refiriéndose directamente a puntos de venta de cocaína de distinta calidad. Y, según el juez, Bebote era informado todo el tiempo sobre las operaciones (“ahora que ya no está preso, está todo el día encima del tema”, es otro de los diálogos que aparecen en la causa) y tenía dominio funcional sobre un negocio que, según la Justicia, generaba millones de dólares que se canalizaban vía criptomonedas y que al que no pagaba en tiempo y forma, se encargaban de hacérselo saber en el local de Bebote, con los medios habituales de los barras.

Una pistola marca Bersa y su cargador figuran entre los elementos vinculados a la causa judicial contra Pablo Bebote Álvarez.