
Una carilla dental puede modificar la apariencia de una sonrisa, pero también requiere controles periódicos para identificar fallas en la unión entre la pieza natural y el material restaurador. Las infecciones ocultas bajo las carillas dentales fueron uno de los temas abordados por el odontólogo Jigar Gandhi en una entrevista con el pódcast Ultimate Human, conducido por Gary Brecka.
El especialista planteó que la revisión debe centrarse en los márgenes de la restauración, las zonas donde el cemento puede deteriorarse con el paso del tiempo.

Según explicó, esas áreas pueden retener humedad y acumular bacterias si existe filtración, un fenómeno que requiere evaluación clínica.
La luz de alta potencia permite observar filtraciones y cambios de color
Para detectar posibles alteraciones bajo una carilla, Gandhi mencionó el uso de iluminación clínica de alta potencia. “Se ilumina con una luz de alta potencia y se revisan los márgenes donde está asentada la carilla”, indicó en el podcast.
El examen busca identificar bolsas alrededor de la restauración, cambios en el color de los bordes o signos de deterioro del material de adhesión. “Si hay decoloración, el cemento se lavó. Entonces eso necesita reparación”, sostuvo el odontólogo.

Las carillas se colocan sobre una superficie dental que, en muchos casos, conserva vitalidad. Gandhi señaló que el tratamiento exige retirar una capa de esmalte o modificar la forma de la pieza, aunque el diente no necesariamente recibe una endodoncia. “La dentina y el esmalte todavía están ahí”, afirmó.
Gandhi vinculó el margen de una carilla con un posible ambiente para hongos
El odontólogo comparó el deterioro de la unión entre la carilla y el diente con el desgaste del sellador en una bañera. “El cemento se va a lavar con el tiempo, igual que el sellador de una bañera”, expresó.
Bajo esa comparación, afirmó que el margen o sellado de la carilla puede convertirse en una zona de interés clínico cuando pierde continuidad. Según describió, allí pueden acumularse humedad, restos de alimentos y microorganismos.

También sostuvo que el área puede tener condiciones de poca oxigenación, aunque esas afirmaciones deben evaluarse mediante un diagnóstico odontológico individual.
“Si hay una carilla, se crea una unión entre un compuesto sintético y la parte viva del diente”, expresó Gandhi. En su planteo, una filtración en esa superficie puede abrir un espacio para bacterias y posibles hongos, en especial si existen cambios visibles en el color o el contorno de la restauración.
El especialista señaló que las carillas requieren revisiones y que el cemento no conserva sus propiedades de forma indefinida. “Van a tener que reemplazarse”, comentó al referirse al desgaste que puede sufrir el material de unión.

Para quienes todavía no recibieron restauraciones estéticas, propuso considerar opciones menos invasivas cuando resulten posibles.
“Si se puede remodelar el diente o moverlo de otra manera, es más fácil, pero lleva más tiempo”, indicó. También advirtió sobre las intervenciones en esmalte sano: “Cada vez que se usa una herramienta rotatoria sobre un diente, se producen microgrietas”.
Cavitaciones, moho y carga tóxica antes de un tratamiento dental
Durante la entrevista, también se refirió a las cavitaciones dentales, áreas óseas que pueden permanecer tras una extracción o asociarse con dientes comprometidos. El odontólogo las vinculó con bacterias, hongos, parásitos y otros elementos que, a su criterio, pueden aumentar la carga tóxica de una persona.
El profesional afirmó que ese contexto debe contemplarse antes de practicar una cirugía o retirar una pieza dental. “Cuando está limpio, ¿adónde va a ir? Va a ir hacia abajo o hacia arriba”, detalló al explicar su preocupación por la movilización de sustancias presentes en la zona intervenida.
El experto agregó que “si el cuerpo no es resiliente y no está protegido, en realidad lo empeoramos”. Sus declaraciones forman parte de su enfoque de odontología biológica y no sustituyen la evaluación médica, odontológica o de especialistas en enfermedades infecciosas.

Según sostuvo, los pacientes con antecedentes de infecciones, metales dentales, exposición al moho o síntomas crónicos no siempre deben someterse de inmediato a una intervención en la mandíbula.
Gandhi también relató que, en algunos procedimientos, observó dientes de color oscuro y los vinculó con la necesidad de evaluar la presencia de infecciones fúngicas. “Si la prueba de micotoxinas detecta moho, confirma su presencia”, sostuvo durante el podcast.
Cuándo una carilla requiere reparación o reemplazo
Gandhi advirtió que, si el diente ya fue reducido para colocar una carilla, las opciones pueden ser más limitadas ante una filtración. “Si el diente ya está tallado, no hay mucho más que avanzar”, señaló.

Entre las alternativas mencionó reemplazar la carilla o colocar una corona de cobertura total. La elección depende de la estructura dental que permanezca, el estado del margen, la presencia de caries, fracturas, inflamación de las encías y los resultados de los estudios clínicos.
La limpieza profesional y los controles periódicos permiten detectar cambios antes de que una filtración avance. También recomendó consultar antes de iniciar un blanqueamiento: “Primero hay que hacerse una limpieza y después hablar con el dentista sobre qué camino tomar”.
