
Detrás de las cifras geopolíticas y los mapas de control territorial en la guerra del oriente de Europa, se esconde una dramática realidad que afecta directamente a América Latina.
En mayo de 2026, las fuerzas ucranianas lanzaron la Operación Vivaldi, una contraofensiva militar en el frente de Limán, al norte de la región de Donetsk, destinada a frenar el avance de las tropas rusas hacia las ciudades estratégicas de Sloviansk y Kramatorsk.
Tras consolidar sus primeras fases y recuperar 176 kilómetros cuadrados de territorio, el Tercer Cuerpo de Ejército de Ucrania, bajo el mando de Andriy Biletsky, hizo pública la operación en septiembre de 2026.
Sin embargo, junto a las imágenes de combate, salió a la luz un hallazgo revelador: entre los decenas de combatientes rusos capturados figuraban numerosos ciudadanos de origen latinoamericano.
Un video difundido por el canal oficial del Tercer Cuerpo de Ejército muestra a 94 hombres prisioneros de guerra que se rindieron para salvar sus vidas. La pieza audiovisual fue analizada por el colectivo “Camino a Casa” y compartida a Infobae para ayudar a visibilizar la situación y permitir que las familias en el continente americano puedan reconocer a sus seres queridos.
La desgarradora revelación confirma lo que diversas denuncias venían advirtiendo: decenas de jóvenes latinoamericanos están siendo capturados en las líneas de combate tras haber sido atraídos al frente ruso mediante engaños, falsas promesas laborales y redes de reclutamiento engañosas.
Los testimonios recolectados por el colectivo “Camino a Casa” y trasladados a Infobae revelan el infierno que vivieron estos hombres al ser desplegados en el frente de Limán. Al no hablar el idioma ruso ni poseer formación militar profesional, muchos quedaron abandonados en medio del fuego de artillería ucraniano.
Para evitar la muerte violenta, decenas de estos combatientes optaron por deponer sus armas y entregarse a las tropas ucranianas durante las maniobras de recuperación de localidades como Nove, Ridkodub, Katerínivka, Karpivka y Novomijailivka.
Según información proporcionada por el colectivo a Infobae, varios de los latinoamericanos rescatados, entre los que se han documentado ciudadanos de Colombia, Cuba y Perú. Entre ellos se encuentra el caso del hondureño Wilson Noel Quintero Guzmán quién también permanece recluidos en un centro de detención ucranianos bajo el estatus formal de prisionero de guerra.
Aunque estos ciudadanos latinos se encuentran a salvo de los bombardeos en el frente, estos hombres enfrentan un complejo limbo legal y diplomático. En América Latina, sus familias quienes en muchos casos desconocían que sus parientes habían sido trasladados al escenario bélico claman por la rápida intervención de sus gobiernos para gestionar la repatriación, brindar asistencia consular y velar por el respeto de sus derechos humanos en el marco de un conflicto ajeno.
Falsas promesas de empleo: la trampa de Rusia en América Latina
El modus operandi de estas redes reclutadoras suele basarse en la vulnerabilidad económica de hombres jóvenes en países de la región. A través de redes sociales, agencias de empleo de dudosa reputación y contratos redactados en ruso que los firmantes no logran comprender, se les ofrecen salarios atractivos para trabajar como personal de seguridad privada, obreros de la construcción, chóferes o personal logístico en ciudades rusas.
Sin embargo, al pisar territorio de la Federación Rusa, la realidad da un giro macabro: se les retiran los pasaportes, se les impone la firma de contratos militares y son trasladados a campamentos de entrenamiento acelerado antes de ser enviados como “carne de cañón” a las trincheras más peligrosas de Ucrania.
