
La producción de testosterona puede verse afectada por distintos factores que van más allá del envejecimiento. En The Mel Robbins Podcast, el urólogo Michael Eisenberg explicó cómo el descanso insuficiente, el estrés y el exceso de grasa corporal pueden alterar la regulación hormonal masculina y asociarse con cansancio, disminución del deseo sexual y cambios de ánimo.
“Hay mucho que las personas pueden hacer. Tienen capacidad de acción sobre muchas de estas cosas”, afirmó al referirse al sueño, el peso corporal, el estrés y los hábitos cotidianos.
El descanso insuficiente altera la producción hormonal
La testosterona suele alcanzar sus valores más altos durante la mañana y luego disminuye de manera progresiva a lo largo del día. Ese ciclo depende de señales entre el cerebro y los testículos, un sistema que puede perder regularidad cuando el sueño es insuficiente.

“El sueño deficiente afecta la testosterona”, aseguró Eisenberg. Según detalló, la falta de descanso reduce la respuesta de los mecanismos que regulan la producción hormonal. “Sin ese ritmo normal, hay una supresión general de la testosterona”, indicó durante el podcast.
El médico recomendó entre 7 y 9 horas de descanso nocturno. Quienes duermen 4 o 5 horas de manera habitual, trabajan en turnos cambiantes o padecen alteraciones frecuentes del ritmo circadiano pueden sufrir esa reducción, de acuerdo con su explicación.
La apnea del sueño también puede incidir. Eisenberg afirmó que existe un vínculo entre esa condición y los niveles hormonales bajos. “La testosterona baja se asocia con apnea del sueño, y la apnea del sueño conduce a testosterona baja. Es un proceso circular”, señaló.

Los problemas para dormir pueden combinarse con menor energía, dificultades para sostener la atención, bajo deseo sexual y cambios del estado de ánimo. El especialista aclaró que se trata de síntomas inespecíficos, aunque consideró que una evaluación médica puede ser necesaria si persisten.
El estrés sostenido favorece una respuesta de supervivencia
Las exigencias laborales, los problemas familiares, la sobrecarga económica o el cuidado de otras personas pueden elevar el estrés de forma sostenida. Eisenberg relacionó ese escenario con el aumento del cortisol, una hormona que puede afectar el funcionamiento normal de la testosterona.
“Si hay demasiado estrés, tenemos una liberación de cortisol en el cuerpo y eso atenúa la respuesta normal de la testosterona”, destacó el urólogo en la entrevista. El especialista describió un organismo que prioriza funciones inmediatas frente a situaciones percibidas como amenazantes.

“Tu cuerpo está priorizando la supervivencia. Si aparece un tigre, nada más importa. Hay que salir de ahí”, afirmó y bajo esa lógica, la actividad hormonal y reproductiva queda en un plano secundario frente a la respuesta de alerta.
El médico señaló que muchos hombres consultan cuando los efectos del estrés ya repercuten en su vida cotidiana. Mencionó casos de pacientes con jornadas prolongadas, poco descanso y altos niveles de presión laboral que luego presentan dificultades relacionadas con la salud hormonal y sexual.
La depresión también puede guardar relación con niveles bajos de testosterona. “La depresión y la testosterona baja están muy vinculadas”, sostuvo Eisenberg. Según explicó, la disminución hormonal puede afectar el ánimo y la depresión puede alterar las señales cerebrales que estimulan a los testículos.

Además, algunos tratamientos farmacológicos para los trastornos depresivos pueden influir sobre la producción hormonal y la función sexual. “Deberían pensarse de manera independiente”, indicó Eisenberg sobre ambas condiciones, en referencia a la necesidad de que reciban una evaluación específica.
La grasa corporal aumenta la conversión hormonal
El exceso de tejido adiposo también influye en el equilibrio hormonal masculino. La testosterona se produce sobre todo en los testículos, pero una parte se transforma en estradiol en los tejidos periféricos. El tejido graso participa en ese proceso.
“Cuanto más tejido graso hay, mayor es la conversión a estradiol”, explicó. El estradiol cumple funciones en los hombres, entre ellas en la salud ósea y sexual. Sin embargo, un aumento de esa conversión puede reducir la testosterona disponible en la circulación.

El urólogo describió el efecto como una pérdida de testosterona en el organismo. “Se puede ver como una especie de fuga que extrae testosterona de la circulación”, expresó. A eso se suma el impacto del exceso de peso sobre el metabolismo y la temperatura testicular.
Los testículos se encuentran fuera del cuerpo porque necesitan mantenerse a una temperatura más baja, sobre todo para una adecuada producción de espermatozoides. Eisenberg indicó que la grasa corporal adicional puede actuar como aislante y afectar ese entorno.
La reducción de peso puede asociarse con mejoras hormonales. “La cirugía bariátrica aumenta la testosterona de manera consistente”, señaló el especialista. También mencionó cambios positivos vinculados con una alimentación adecuada, ejercicio y un peso corporal más cercano al rango saludable.
El análisis de sangre permite confirmar los niveles
La testosterona alcanza su pico entre los 20 y los 30 años y, a partir de entonces, suele disminuir de manera paulatina. Eisenberg situó el rango habitual entre 300 y 900 nanogramos por decilitro, aunque aclaró que cada caso requiere una evaluación clínica.

El estudio se realiza con una extracción de sangre, de preferencia durante la mañana. “Si obtenemos un nivel bajo, hacemos otro análisis”, indicó. Si ambos resultados lo confirman y existen síntomas, el médico puede evaluar las alternativas de tratamiento.
“Es necesario que un médico supervise esto”, advirtió Eisenberg al hablar de la testosterona administrada desde el exterior. El tratamiento puede reducir la producción de espermatozoides y generar efectos como acné, pérdida de cabello, crecimiento mamario o aumento de glóbulos rojos, según explicó.
