
Tras enfrentar una crisis financiera y entrar en concurso preventivo, la cadena de panaderías Pandanés cerró sus 25 sucursales, despidió a 150 empleados y solicitará la quiebra. Los trabajadores se enteraron durante la madrugada de que habían sido desvinculados y no pueden ingresar a los locales para retirar sus pertenencias, ya que la empresa cambió todas las cerraduras. Según pudo saber Infobae, alrededor de las 3 de la mañana de este viernes todo el personal recibió la notificación de cierre y despido a través de un mensaje de WhatsApp: “Hoy tenemos que comunicarles una noticia muy difícil. Como les contamos, Pandanés viene atravesando una situación económica muy compleja. En este último tiempo estuvimos buscando distintas alternativas para poder continuar, pero, lamentablemente, no encontramos una solución que nos permita seguir adelante”. “La situación llegó a un punto en el que la empresa se quedó sin los fondos necesarios para continuar funcionando y para afrontar las obligaciones que tiene por delante. Nuestra intención siempre fue mantener Pandanés y preservar las fuentes de trabajo. Hasta último momento seguimos buscando una salida, pero lamentablemente no encontramos una solución viable”, señalaron.“Por este motivo, Pandanés deja de operar y se solicitará la quiebra de la empresa. Esto significa que a partir de hoy, 2 de octubre, no deberán presentarse a trabajar”, comunicaron. “Sabemos que esta noticia genera angustia, incertidumbre y muchas preguntas, especialmente sobre los pagos y los próximos pasos. Entendemos que detrás de cada puesto de trabajo hay una persona, una familia y una vida que se ve afectada. Con la presentación del pedido de quiebra comienza una nueva etapa que ya no depende de nosotros directamente, sino de un proceso judicial”, afirmaron. “Este cierre significa una pérdida enorme para todos. Pandanés fue un proyecto al que muchas personas dedicamos años de trabajo, esfuerzo y compromiso, y en el que también se invirtieron enormes recursos económicos a lo largo de estos años. Hoy se pierde ese trabajo, todo lo que construimos juntos y también el capital que fue invertido en el proyecto. Nos duele profundamente que el final sea este. Queremos agradecerles profundamente por el trabajo, el compromiso y el esfuerzo que pusieron durante todo este tiempo”, concluyeron. El viernes pasado habían cerrado las sucursales de Av. San Martín, en Villa Crespo, y de la calle Sanabria, en Villa Devoto. A los empleados les manifestaron que la decisión se debía a que el alquiler era muy caro y no podían renovarlo. Pero hoy la situación afectó al resto de los locales. Uno de los trabajadores despedidos contó: “Andá a saber a qué hora de la madrugada se dedicaron a cambiar las cerraduras y tapar todo. Nuestras cosas quedaron adentro”. Relató que estaban al tanto del concurso preventivo, pero que, según les decían desde la empresa, iban a llegar fondos de rescate de Dinamarca. Asimismo, precisó que los sueldos fueron depositados el miércoles, junto con el aguinaldo que debieron haber abonado en junio. Sin embargo, aseguró que no se realizaron los aportes ni se pagó la obra social, y “mucho menos indemnizaciones o algo similar”. En su presentación judicial de noviembre del año pasado, la firma había detallado: “La incertidumbre, la recesión, la inflación y el incremento significativo en los costos ocasionaron una caída abrupta y persistente del consumo, que supera el 50% del volumen histórico de la empresa”. Pandanés, que construyó un modelo de negocio basado en la panificación artesanal con producción centralizada desde una planta de 1.700 metros cuadrados, acumuló cheques rechazados por unos 58 millones de pesos. “Los cheques emitidos para cumplir nuestras obligaciones superan nuestra capacidad de recaudación”, sostuvieron ante la Justicia. La crisis continuó pese a que “se implementaron múltiples medidas correctivas: optimización de costos, renegociación de alquileres, cambio de proveedores, ampliación del surtido de productos, acuerdos impositivos y reorganización operativa”. A nivel sectorial, según la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN), las ventas de pan tradicional cayeron entre un 50% y 60%, al tiempo que las de facturas y productos de pastelería se desplomaron un 80%. “La gente ya no compra por kilo, sino por lo que le alcanza en el bolsillo», advirtió la entidad.
