
En el Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora cada 10 de octubre, una revisión difundida por The Lancet volvió a poner el foco sobre un fenómeno cotidiano: el uso problemático de medios digitales se asocia con mayor riesgo de problemas de salud mental, trastornos del sueño y menor actividad física. El análisis reunió 121 estudios y datos de 9 millones de personas menores de 25 años. El trabajo no plantea que el celular, las redes sociales o los videojuegos sean perjudiciales por definición. La conclusión apunta a los patrones de uso que afectan el bienestar y desplazan actividades necesarias para la salud, como descansar, estudiar, hacer ejercicio o sostener vínculos presenciales. Especialistas consultados por Infobae coincidieron en que la cantidad de horas no alcanza para definir un problema y explicaron cuáles son las 10 señales de una conducta de riesgo. Cuándo el uso de pantallas se vuelve problemático“El uso problemático no se define por la cantidad de horas que una persona pasa frente a una pantalla, sino por la relación que establece con la tecnología y las consecuencias que genera en su vida cotidiana”, explicó el doctor en Psicología, Pablo Christian González Caino. Para el docente e investigador de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral, hay un patrón de riesgo cuando aparecen “dificultades para controlar el uso, intentos fallidos de reducirlo, preocupación excesiva por estar conectado o malestar cuando no se puede acceder al dispositivo”. El director de Laboratorio Argentino de Psicopatía y Conductas Aversivas (LAPCA) Argentina agregó que el indicador decisivo es el impacto funcional: “Cuando empieza a afectar el descanso, las responsabilidades académicas o laborales y las relaciones personales”. El licenciado en Psicología, Matías Sánchez Sanda, lo definió como una “pérdida de control sobre una conducta específica”.El miembro del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO dijo que en el caso del teléfono puede advertirse por “el tiempo excesivo de uso total, o la necesidad continua de utilizarlo” y el efecto negativo sobre la salud, los vínculos, la vida académica o laboral. El licenciado en Psicología, Damián Supply, propuso el concepto de bienestar digital. “Un buen uso tiene que ver con que sea una herramienta, con que tenga un sentido, una adecuación a la vida de la persona”, afirmó el coordinador en el área de prevención y promoción de salud en niñez y adolescencia del Hospital Italiano de Buenos Aires. El problema aparece cuando la vida virtual adquiere una preferencia que limita otros intereses, relaciones y actividades. “Aquella persona que quizás no puede establecer vínculos o actividades más allá del teléfono” puede desarrollar dependencia y una cadena de hábitos negativos, advirtió. Ansiedad, mal descanso y consumo digital: las tres patas de un círculo viciosoLa revisión de The Lancet encontró asociaciones entre el uso problemático y un mayor riesgo de malestar psicológico, dificultades para dormir y menor movimiento. Sin embargo, sus resultados no permiten establecer una secuencia única de causa y consecuencia. “Es importante distinguir asociación de causalidad: los resultados no permiten establecer qué fenómeno aparece primero”, sostuvo González Caino. “Es posible que se genere un círculo de retroalimentación entre estas variables”. En una dirección, permanecer conectado hasta la madrugada puede perjudicar el descanso y elevar la vulnerabilidad emocional del día siguiente. Sánchez Sanda explicó que la exposición a pantallas de corto alcance puede afectar las señales que el cerebro necesita para dormir. “Habiendo dormido mal, al día siguiente hay más probabilidad de aumentar la vulnerabilidad emocional. Dormir mal es un factor de vulnerabilidad frente a la regulación de nuestras emociones e irritabilidad”, señaló. En la otra dirección, una persona con ansiedad, estrés o tristeza puede recurrir al teléfono para distraerse o aliviarse de forma inmediata. “Puede servirle para aliviarla a corto plazo, pero mantenerla instalada a largo plazo dado que sostiene patrones de evitación”, dijo Sánchez Sanda. Supply describió este proceso como un “efecto dominó”: el deterioro del descanso puede afectar el rendimiento y el estado de ánimo, mientras que el malestar previo puede llevar a buscar refugio en los entornos digitales. Por qué niños y adolescentes son más vulnerables al diseño de las plataformasLa revisión se concentró en población menor de 25 años, una etapa en la que niños, niñas y adolescentes enfrentan desafíos particulares. Según Sánchez Sanda, el cerebro adolescente tiene “mayor sensibilidad a las recompensas” y mayores dificultades para el control de impulsos, la regulación emocional y la percepción de riesgo, por el desarrollo todavía incompleto de la corteza prefrontal. “Si a eso le sumamos que actualmente contamos, a un clic de distancia, con innumerables fuentes de placer, con recompensas inmediatas, se genera la tormenta perfecta”, afirmó. González Caino remarcó que en esta etapa adquieren relevancia la aceptación social y las recompensas inmediatas. “Muchas plataformas aprovechan estas características mediante notificaciones constantes, recompensas variables y mecanismos diseñados para prolongar la interacción”, indicó. Supply aludió a los llamados “patrones oscuros”, mecanismos de diseño que buscan prolongar la permanencia en aplicaciones, redes sociales y videojuegos. “Las aplicaciones premian estar”, resumió. 10 señales para consultar con un profesionalLa consulta profesional resulta pertinente cuando el uso se vuelve persistente, genera malestar y perjudica áreas relevantes de la vida. Los especialistas señalaron diez señales para tener en cuenta:Mentir o minimizar el tiempo de conexión. Sánchez Sanda incluyó ocultar o falsear la cantidad de horas como un indicio de que la persona perdió registro sobre su conducta. Pensar de manera constante en el celular o en los contenidos digitales. Para Sánchez Sanda, esta preocupación persistente expresa que el consumo empieza a ocupar un lugar central en la vida cotidiana. Irritarse al no poder conectarse. La reacción de malestar ante la desconexión puede reflejar dependencia; González Caino también mencionó el sufrimiento significativo cuando no se puede acceder al dispositivo. Sacrificar horas de sueño. Privarse de descanso para seguir conectado es una señal concreta mencionada por Sánchez Sanda y puede afectar la regulación emocional al día siguiente. Dejar de estudiar o descuidar responsabilidades. González Caino ubicó el deterioro en las obligaciones académicas o laborales entre los indicadores centrales de impacto funcional. Alejarse de amistades y vínculos presenciales. Abandonar encuentros con amigos muestra que la tecnología puede desplazar relaciones personales importantes, según González Caino. Reducir o abandonar la actividad física. Ocurre cuando el tiempo frente a la pantalla reemplaza el movimiento. Dejar actividades recreativas o intereses previos. Sánchez Sanda y Supply advirtieron sobre la interrupción de intereses fuera de internet. Intentar reducir el consumo sin lograrlo. González Caino señaló los intentos fallidos de limitar el uso como una expresión de pérdida de control. Seguir conectado pese a reconocer consecuencias negativas. Mantener la conducta aunque empeoren el sueño, los vínculos, el estudio o el estado de ánimo es, para González Caino, un criterio que amerita evaluación.Supply agregó que puede haber consecuencias negativas puntuales aun sin una dependencia sostenida, por ejemplo ante la exposición a discursos de odio, violencia, pornografía o contenidos que refuerzan estándares de belleza. “Principalmente, el malestar emocional, cuando vemos que las pantallas empiezan a repercutir en nuestras emociones”, señaló. El objetivo es proteger el sueño y recuperar actividades fuera de internetLa recomendación de los tres profesionales no es eliminar por completo la tecnología, sino impedir que desplace de forma sistemática las rutinas fundamentales. “La tecnología nunca debe desplazar las actividades fundamentales para nuestra salud física y psicológica”, sostuvo González Caino. Eso incluye resguardar el sueño, la actividad física y los vínculos cara a cara. Una medida práctica es establecer un período sin pantallas recreativas antes de dormir y evitar que el celular permanezca toda la noche en el dormitorio. Para adolescentes, los adultos deben acompañar y ofrecer un modelo de uso coherente, según el especialista. Sánchez Sanda sugirió definir de antemano el propósito y los momentos de uso, además de revisar el tiempo real frente a la pantalla. “Sin registro no se puede tener conciencia de si estamos realizando un uso saludable o problemático”, afirmó. Supply comparó el bienestar digital con un plato de comida variado: así como una dieta saludable no se basa en un único alimento, una rutina equilibrada no puede concentrarse solo en las pantallas. Los contenidos digitales son “alimentos para nuestro cerebro”, señaló, y deben convivir con descanso, movimiento, intereses, tareas y vínculos presenciales. Los especialistas reclaman prevención y regulaciones para las plataformasEn el marco del Día Mundial de la Salud Mental, los entrevistados plantearon que el problema excede las decisiones individuales. “Durante mucho tiempo abordamos el problema desde una perspectiva individual, suponiendo que todo dependía de la voluntad de cada persona para desconectarse”, señaló González Caino. Sin embargo, agregó, los entornos digitales están diseñados para captar y mantener la atención. Supply consideró que hacen falta regulaciones, sobre todo para proteger a infancias y adolescencias: “Si no, es como que dejamos que sea el mercado quien impone las reglas”. El profesional forma parte junto con colegas y organizaciones relacionadas con la temática de la Campaña Nacional por la Protección Digital de Niños, Niñas y Adolescentes, que reclama al Congreso una Ley Integral de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes en Entornos Digitales.
La iniciativa propone medidas de seguridad desde el diseño, límites al perfilamiento publicitario de menores, mayor supervisión y acciones frente al uso compulsivo, los contenidos violentos o inapropiados y las apuestas online. Para los especialistas, la prevención, la alfabetización digital y la detección temprana deben formar parte de una respuesta de salud pública.
