
“¿Y todo lo que no es Hollywood, dónde va a estar?”, señaló el reconocido actor mexicano Daniel Giménez Cacho sobre el cierre de una charla íntima con Infobae Cultura en la Feria Internacional del Libro de Monterrey en la que remarcó la fuerte disputa en la que se encuentra el arte latinoamericano contra lo que llama “discursos hegemónicos”. Gímenez Cacho, de extensa carrera en cine, teatro y televisión en México, también supo colaborar con directores argentinos como Lucrecia Martel (Zama) o Luis Ortega (El Jockey). Su discurso también, entiende, se aplica en el enfrentamiento que vive actualmente la industria del cine en Argentina con el Gobierno de Javier Milei por los recortes en el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA).El actor participó por primera vez en esta edición de la feria regiomontana que alberga a cientos de estudiantes universitarios y apasionados por la cultura, en una de las ciudades más importantes de México. Aquí llega después de presentar su primera película como director, “Juana”, en donde marca la lucha que una mujer entabla “para sobrevivir, crecer y salvarse”.
Sobre esta nueva faceta detrás de cámara, se identifica como un “director de orquesta”, donde debe “crear un clima de confianza que se construye” a partir de horas y horas de ensayo.
“Si un director te dice: ‘Haz así, levanta la cara y pon tal hilo en este momento’, lo puedes hacer, pero estás repitiendo una forma, no estás reflejando un proceso interno. Por lo tanto, no va a comunicar con la fuerza que comunica cuando estás hablando de un proceso interno que sale de tus entrañas y se proyecta”, afirmó.

En un apartado de la sala de prensa que presentó el evento organizado en Cintermex, el actor se prestó a la charla con Infobae con un café en la mano:
—¿Cómo te trata esta primera experiencia en la Feria del Libro de Monterrey?
—Es la primera vez que vengo, pero a mí siempre me han gustado mucho las ferias porque, pues, siempre veo que cuando están vivas, me anima y me da muchísima esperanza de que tanta gente se interese. Ahorita en la mañana vi filas de niños y niñas. Lo importante que es hoy la formación de públicos, ¿no? Todas las ventanas que se abren ahí para la diversidad, que es un tema que se me hace tan importante para tener herramientas contra las narrativas hegemónicas.
—¿Cómo ves que ese interés de los niños por la literatura, se puede mezclar con el arte en un mundo donde todo es efimero?
—Nos da mucho miedo la cosa hegemónica y dominante de la inmediatez de las redes, de todo eso, como si eso estuviera desplazando a lo otro. Y sí, efectivamente, es un cambio, pero creo que es algo tan único y tan distinto que también es atractivo, porque justamente no hay eso en las redes. Entonces también es verdad que cuando hay algo que es muy dominante, algo que es diferente, tiene muchas oportunidades, porque así es el ser humano. O sea, pues esto ya lo vi, esto ya lo vi, esto ya lo vi. Y esto tiende a ser el teléfono y las redes; es extremadamente repetitivo e insatisfactorio. Genera unas promesas de que se van a agotar y se tiene que llenar con otra. Y empiezas una especie de espiral que te va dejando un poco hueco, ¿sabes? Entonces, la literatura, el teatro, el hecho de detener el carro y pararte y ver una obra de teatro, una hora y media, es una experiencia tan diferente que se vuelve muy atractiva, porque no se parece en nada a lo dominante.
Yo ahí creo que no hay que ser tan pesimistas y hay que confiar en el poder que tiene eso y en el poder que tiene sentarse y leer un libro. Claro, si tú no lo conoces, si no tienes acceso a libros, si no sabes cómo leer, es difícil que accedas, ¿no? En ese sentido, pues sí pienso que las políticas públicas tienen que buscar maneras inteligentes de no arruinar el proceso y el goce se va. Las redes y todo esto pienso que te alejan de ti mismo, del contacto contigo, porque estás afuera, con tu energía afuera, en cuántos likes, cuántas cosas, qué dijeron, cómo están, qué hago para tener seguidores.

—Respecto a las narrativas hegemónicas que mencionabas antes, ¿de qué forma crees que la literatura y el arte pueden contrarrestar a este tipo de discursos dominantes?
—El arte y la cultura son grandes herramientas para eso. ¿Y por qué? Pues porque están hablando primero de generar empatía, pienso yo. O sea, cuando exponemos historias y conmovemos a la gente, estás generando empatía. Y la empatía pienso que es la gran medicina contra el odio. Porque yo sí veo a Milei, veo a una persona que odia bastante, lo veo enojado como un perro ladrando. Entonces pienso que la empatía, eso es lo que fortalece nuestras comunidades y también nuestra manera de estar en el mundo, lo que favorece la tolerancia, el acercamiento con el otro, con el diferente. Eso es para mí la gran herramienta que es el arte y la cultura, generar comunidades que comulgan maneras de estar en el mundo.
Hay muchos niveles para conectar, más allá de las fronteras. Hay uno que conecta también en las luchas, en el activismo, ¿no? Pero pienso que el arte y la cultura entran todavía más adentro al corazón, al espíritu, y eso es una gran arma de lucha. Nos conecta emocionalmente si nos toca y nos transforma y nos hace crecer un poquito más allá de esta palabra tan mal usada que es el entretenimiento.

—Te ha tocado trabajar con directores argentinos como Luis Ortega, Lucrecia Martel o Santiago Mitre. ¿Qué similitudes encontrás entre el cine argentino y las producciones mexicanas?
—Como mexicano, voy allá y me conecto inmediatamente. O sea, me subo a un colectivo, parece que estoy casi en México. Pero sí hay algo culturalmente de que nosotros somos vecinos de Estados Unidos y ahí hay una tensión que en Argentina no se siente. Quizás en Argentina están más hacia Europa. Siento que nosotros tenemos que luchar más con esa hegemonía gringa, y estamos más acomplejados en algún sentido. O quieres marcar esa diferencia totalmente o ya te asimilaste y lo que quieres es que te acepten allá y triunfar en Hollywood. Estamos en esa dialéctica así tan fuerte y allá en Argentina me siento más relajado. Y por ahí aparecen cosas más originales, porque no están en esa tensión y más libres en algún sentido.
—Justamente, en Argentina hay una fuerte disputa entre la industria del cine y el Gobierno por los recortes en el INCAA. ¿Qué rol pensás que tiene que cumplir el Estado en las producciones?
– Fundamental, fundamental. Esas son políticas públicas que se tienen que mantener, porque no puede ser que los Estados no intervengan en el mercado. Y entonces, es que le llaman libre mercado, pero en realidad para mí no tiene mucha libertad, porque el que es más fuerte domina. Y eso es la libertad de aniquilar al adversario, al independiente. Eso es lo que es libre, que tú puedes aplastar a quien quieras. Entonces, ¿qué es lo que pasa? Otra vez el asunto de la diversidad. Se imponen narrativas hegemónicas y no llega la diversidad, que es tan esencial, no solo por el tema de la equidad y de la inclusión, sino por el tema de la sobrevivencia de la especie. Que nosotros sepamos qué hace un niño en la Patagonia y qué hace una señora en la frontera con Estados Unidos, de voces locales, auténticas, originales y verdaderas, de gente que está hablando desde su localidad. Eso es la fuerza que tiene la diversidad, que nos enriquece y que la necesitamos tanto. Aquí en México se llaman derechos culturales. Están garantizados por la ley, nada más que no se ejecutan. ¿Qué quiere decir? Que tú no puedes estar obligado a solo consumir un tipo de cosa. Materia de cultura. También en materia comercial, como las leyes antimonopolio. Pero culturalmente también; no puedo ser obligado a solo consumir el Hombre Araña o lo norteamericano.
