Juan y Constanza dejaron sus trabajos y su casa en Buenos Aires para vivir a bordo de un velero. Lo que imaginaban como un viaje temporal se transformó en un proyecto familiar que ya lleva ocho años: recorrieron Brasil y el Caribe, cruzaron el océano Pacífico con sus hijos y llegaron a la Polinesia Francesa, donde hoy combinan la navegación con estadías prolongadas en distintas islas.
En diálogo con Infobae a la Tarde, la pareja contó cómo sostiene económicamente esa forma de vida, de qué manera organiza la educación de Ulises y Renata y por qué no tiene una fecha prevista para regresar. La familia comparte sus experiencias en redes sociales bajo el nombre de El Barco Amarillo. Su rutina combina travesías, períodos de descanso y la adaptación a nuevas comunidades, en un equilibrio que contempla tanto las oportunidades que encuentran en cada destino como las necesidades de sus hijos. De Buenos Aires a la Polinesia Francesa La decisión de cambiar de vida llegó después del nacimiento de su primer hijo. Juan, psicólogo de formación, y Constanza, comunicadora social y periodista, comenzaron a replantearse sus prioridades y resolvieron dejar sus empleos, alquilar su departamento y partir con USD 10.000.“Tuvimos que dejar nuestro trabajo, nuestra casa la alquilamos y nos fuimos con diez mil dólares en el bolsillo”, recordó Constanza. La intención era viajar durante un tiempo y regresar, pero el recorrido se extendió mucho más de lo previsto. Brasil fue la primera gran escala. Aunque tenían pensado continuar hacia el Caribe, terminaron pasando cinco años en ese país. “Cuando llegamos a Brasil, teníamos el sueño de ir al Caribe y Brasil nos demoró cinco años porque es un país bellísimo”, contó Juan. Ulises comenzó a navegar cuando tenía dos años. Renata, en tanto, nació durante la pandemia en Niterói, en el estado brasileño de Río de Janeiro. Con el crecimiento de los chicos, la organización del viaje incorporó nuevas prioridades, entre ellas la educación y la posibilidad de permanecer en lugares donde pudieran hacer amigos. Uno de los mayores desafíos llegó con el cruce del Pacífico desde Panamá hasta la Polinesia Francesa. La travesía duró 28 días y la realizaron junto con tres amigos. La planificación estuvo condicionada por el clima, un factor determinante para quienes pasan semanas navegando lejos de la costa. “Para navegar hace falta paciencia para esperar el buen clima”, explicó Juan. Durante casi un mes, la rutina transcurrió en el mar, con comidas compartidas, música, lecturas y juegos para los chicos. Cuando finalmente comenzaron a acercarse a destino, Ulises sorprendió a sus padres con una reacción inesperada. “Uy, ya estamos llegando”, recordó Constanza que dijo su hijo. Había disfrutado tanto de la travesía que no quería que terminara.Cómo se educan los chicos mientras navegan La escolarización de Ulises y Renata es uno de los factores que determina cuánto tiempo permanece la familia en cada lugar. Los chicos combinan el aprendizaje a bordo con la asistencia a instituciones locales cuando encuentran propuestas educativas que consideran adecuadas. “Ellos no siempre van al colegio. Normalmente hacemos educación constantemente en el barco con un programa del Ministerio de Educación a distancia”, explicó Juan. Cuando llegan a un destino con una oferta educativa que les interesa, suelen prolongar la estadía para que los chicos puedan asistir a clases y relacionarse con otros niños. “Cada vez que llegamos a algún país, a algún lugar donde la propuesta educativa institucional es interesante, la aprovechamos”, sostuvo. La llegada a la Polinesia Francesa también implicó adaptarse a un idioma y a costumbres nuevas. La escuela de los chicos fue una vía para acercarse a la comunidad y comenzar a aprender francés. “El modo de aprender el francés fue a través de ellos”, señaló Constanza. La rutina escolar tiene particularidades que contrastan con la vida urbana. “Vamos con el bote hasta la escuela. No hay tránsito, hay delfines en el camino”, describió.Las preferencias de Ulises y Renata también intervienen en las decisiones familiares. A veces quieren conocer nuevos lugares; otras, quedarse donde hicieron amigos. “La edad de los chicos nos va marcando eso también”, explicó Juan. Esa dinámica les permite alternar entre la aventura y la estabilidad. En lugar de mantener un itinerario rígido, la familia evalúa cuánto tiempo quedarse en cada sitio según las oportunidades educativas, los vínculos que construyen y las ganas de volver a navegar. Cómo financian la vida a bordo Para sostener el proyecto, Juan y Constanza combinan distintas fuentes de ingresos con una administración cuidadosa de los gastos. El alquiler de su vivienda en Buenos Aires fue parte de la estrategia inicial. Más adelante, sumaron el alojamiento de huéspedes en el velero y el alquiler de una pequeña propiedad que construyeron durante la pandemia. El contacto con los visitantes surgió a través de Instagram. “A través de Instagram nos empezaron a buscar a ver si podíamos hospedarlos”, recordó Constanza. La propuesta les permitió compartir su experiencia y generar ingresos adicionales. La convivencia también dejó recuerdos para los chicos. “Mi hijo aprendió a nadar con un huésped que le enseñó a hacerlo”, contó Juan. Mantener bajos los gastos es otro componente central de la organización familiar. La pareja aprovecha la energía solar y el viento, adapta las compras a las posibilidades de cada destino y prolonga las estadías cuando resulta conveniente.“En el barco no se gasta tanta plata. Estás viviendo en tu casa, no pagás ni alquiler”, planteó Constanza. De todos modos, la navegación implica afrontar el mantenimiento de la embarcación, el combustible y las necesidades cotidianas de una familia de cuatro integrantes. En la Polinesia Francesa también encontraron una comunidad dispuesta a compartir alimentos y ayudarlos en la vida diaria. “Llegan y te regalan bananas, te regalan cosas, los pescados”, relató Constanza. Una vida sin fecha de regreso Después de ocho años, Juan y Constanza no definen su experiencia como unas vacaciones prolongadas ni como un viaje con un destino final. Navegar se convirtió en la forma en que organizan su vida familiar, con períodos de movimiento y otros de estabilidad. “La náutica no es un deporte”, sostuvo Juan. “Algunos lo piensan de esa manera y de hecho lo es, pero es además, y principalmente, una forma de vida”. La pareja no descarta regresar a una vida en tierra firme, aunque tampoco siente la necesidad de fijar una fecha. “Yo creo que podés volver siempre”, afirmó Constanza. Para quienes sueñan con cambiar de rutina, considera que la decisión más difícil es dar el primer paso. “Me parece que lo difícil es salir y que, si alguien está pensando en hacer algo así, tiene que hacerlo”, concluyó. Mientras tanto, el velero sigue siendo el hogar de la familia: el lugar donde Ulises y Renata crecen, estudian y construyen recuerdos, mientras sus padres continúan recorriendo el mundo sin un regreso definido. – Infobae te acompaña cada día en YouTube con entrevistas, análisis y la información más destacada, en un formato cercano y dinámico. • De 7 a 9: Infobae al Amanecer: Nacho Giron, Luciana Rubinska y Belén Escobar. • De 9 a 12: Infobae a las Nueve: Gonzalo Sánchez, Tatiana Schapiro, Ramón Indart y Cecilia Boufflet. • De 12 a 15: Infobae al Mediodia: Maru Duffard, Andrei Serbin Pont, Fede Mayol y Facundo Kablan. • De 15 a 18: Infobae a la Tarde: Manu Jove, Maia Jastreblansky y Paula Guardia Bourdin; rotan en la semana Marcos Shaw, Lara López Calvo y Tomás Trapé. • De 18 a 21: Infobae al Regreso: Gonzalo Aziz, Diego Iglesias, Malena de los Ríos y Matías Barbería; rotan en la semana Gustavo Lazzari, Martín Tetaz y Mica Mendelevich Seguinos en nuestro canal de YouTube @infobae.
