
Panamá acumuló 9,055 casos de dengue hasta la semana epidemiológica 37, correspondiente al período del 13 al 19 de septiembre, frente a los 7,086 contabilizados hasta la semana 33.
En cuatro semanas se sumaron 1,969 contagios, un incremento de 27.8%, aunque el acumulado permanece 27.3% por debajo del registrado en 2025 para igual período.
El movimiento también se refleja en la tasa de incidencia semanal, que pasó de 7.9 a 9.2 casos por cada 100,000 habitantes entre las semanas 33 y 37.
El indicador aumentó 16.5% y muestra que, pese a la reducción interanual, la circulación del virus continúa activa y puede acelerarse durante determinados períodos.

Los casos que requieren mayor vigilancia también crecieron. El dengue con signos de alarma pasó de 874 a 1,141 casos, mientras los cuadros graves aumentaron de 40 a 53.
Las hospitalizaciones acumuladas subieron de 815 a 1,031 y las defunciones de 17 a 19, según los reportes epidemiológicos del Ministerio de Salud (Minsa).
La mayoría de las personas infectadas, sin embargo, no desarrolla las formas más peligrosas de la enfermedad. Hasta la semana 37, 7,861 casos fueron clasificados sin signos de alarma, mientras 1,141 presentaron señales de advertencia y 53 evolucionaron a dengue grave, equivalente a menos del 1% del total confirmado.
El dengue puede provocar fiebre alta, dolor intenso de cabeza, molestias detrás de los ojos, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos y erupciones en la piel. Los síntomas suelen comenzar entre cuatro y diez días después de la infección y, en muchos pacientes, desaparecen después de una o dos semanas.

Una particularidad importante es que el período de mayor riesgo puede comenzar precisamente cuando desaparece la fiebre. Dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado de nariz o encías, sangre en vómitos o heces, respiración acelerada, debilidad extrema, inquietud o piel pálida y fría son señales que requieren atención médica inmediata.
El dengue puede convertirse en mortal cuando evoluciona hacia una forma grave y provoca hemorragias importantes, fuga de plasma o choque circulatorio. También puede ocasionar acumulación de líquidos, dificultad respiratoria y afectación de órganos. La detección temprana de los signos de alarma y el tratamiento oportuno reducen considerablemente el riesgo de muerte.
La enfermedad es transmitida principalmente por la picadura de hembras Aedes aegypti. Solo las hembras pican porque necesitan las proteínas presentes en la sangre para desarrollar sus huevos.
Su mayor actividad ocurre durante el día, particularmente en las primeras horas de la mañana y antes del anochecer, aunque también pueden picar en otros momentos.

Otro elemento relevante es que haber padecido dengue no significa quedar protegido contra la enfermedad. Existen cuatro serotipos —DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4— y Panamá ha identificado circulación de los cuatro durante 2026. Una persona puede, por tanto, infectarse más de una vez a lo largo de su vida.
La situación tampoco afecta por igual a toda la población. Los niños de 10 a 14 años presentan actualmente la mayor tasa de incidencia, con 1,028 casos y 277.4 contagios por cada 100,000 habitantes. Territorialmente, Colón encabeza el acumulado con 2,221 casos, seguido por la Región Metropolitana con 2,202 y Chiriquí con 989.
Aunque suele asociarse con países tropicales, el dengue no está limitado exclusivamente a los trópicos. El mosquito transmisor prospera especialmente en ambientes cálidos y húmedos, pero su presencia se ha extendido hacia regiones subtropicales e incluso zonas templadas.
Las temperaturas elevadas y la disponibilidad de agua acumulada favorecen su reproducción y amplían las áreas de riesgo.

En América, el dengue mantiene una amplia circulación, aunque 2026 presenta una reducción frente a los niveles extraordinarios de años recientes. La enfermedad continúa siendo uno de los principales desafíos transmitidos por mosquitos en la región, con brotes condicionados por las lluvias, temperaturas, presencia del vector y acumulación de recipientes con agua en entornos urbanos.
El comportamiento panameño obliga así a mirar más allá de la caída interanual. Tener 27.3% menos casos que en 2025 no significa que la transmisión esté controlada, especialmente cuando entre las semanas 33 y 37 se incorporaron casi 2,000 nuevos diagnósticos. Eliminar criaderos y reconocer tempranamente los signos de alarma siguen siendo las principales barreras para evitar complicaciones y muertes.
