
Cuando viajó desde León para visitar a sus familiares palestinos, Samer Samir Alwazir González esperaba regresar a Nicaragua después de unas semanas. Cinco años más tarde, afirma que permanece atrapado en la Franja de Gaza por la guerra, lejos de la ciudad donde creció.
Samer, de madre nicaragüense y padre palestino, llegó a Gaza en 2021, después de graduarse en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-León). El viaje coincidió con la boda de uno de sus hermanos y con el reencuentro con la familia de su padre. Según su testimonio, difundido en videos de TikTok desde la cuenta “Soy Samer”, su estancia quedó alterada por el inicio de la guerra en 2023.
“Viajé antes de la guerra y quedé atrapado como 2 millones de personas”, expresó en uno de los videos que circulan en esa red social. Su relato describe una vida marcada por los bombardeos, los desplazamientos y la dificultad de abandonar un territorio con severas restricciones de movilidad.

¿Qué le impide viajar?
El joven explica que su pasaporte nicaragüense no le garantiza una salida inmediata de Gaza. “Nicaragua, mi gente. Literalmente estoy atrapado. Aquí no hay aeropuertos y hay un bloqueo fronterizo”, señaló en TikTok.
Samer sostiene que para regresar necesita una autorización de las autoridades israelíes y que ese trámite puede prolongarse. “Para yo poder regresar a Nicaragua, literalmente, necesito ser aceptado por lo que es el gobierno de Israel. Y ese proceso de aceptación lleva meses, incluso puede llevar años”, afirmó.
No hay información pública en el testimonio sobre una eventual solicitud formal ante autoridades nicaragüenses ni sobre gestiones consulares relacionadas con su caso.
Sus declaraciones se conocen a través de grabaciones personales difundidas en redes sociales en las que ha buscado apelar a la ayuda de las autoridades nicaragüenses sin obtener una respuesta satisfactoria.
En sus publicaciones, Samer muestra edificios destruidos, zonas afectadas por ataques y momentos de la vida cotidiana junto a su familia. También habla de la falta de alimentos, la imposibilidad de trabajar y los continuos traslados que ha experimentado.

“Por supuesto que no estoy bien. Llevo tres años sobreviviendo con mi familia, corriendo de un lugar para el otro, dejando nuestra ropa atrás, sin trabajar, sin comer, viendo a las personas morir”, dijo en uno de los videos.
El 10 de octubre, según relató, sobrevivió a un bombardeo que impactó a menos de 20 metros del lugar donde se encontraba. Dijo que estaba en el segundo piso de un edificio y que se lanzó al suelo al escuchar la explosión. “Por mucho que vivas este tipo de situaciones, uno no se puede acostumbrar”, afirmó.
Días después, publicó otra grabación en la que describió una noche de ataques como una de las peores que había vivido durante su permanencia en Gaza.
La situación de Gaza continúa marcada por la destrucción de infraestructura, el desplazamiento de la población y la dependencia de la ayuda humanitaria. El Programa Mundial de Alimentos informó el 19 de octubre que redujo su asistencia por falta de fondos: pasó de atender a 1,6 millones de personas a 1,1 millones.
El organismo estimó que 1,4 millones de habitantes de Gaza enfrentan inseguridad alimentaria aguda en niveles de crisis o superiores.
“Por los momentos seguiré tratando de sobrevivir, seguiré tratando de documentar lo que está pasando aquí”, manifestó. Mientras tanto, insiste en su deseo de volver a casa y reunirse otra vez con la parte nicaragüense de su familia.
